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Prensa y canon

“El maestro Fernán Pérez de Oliva, sabio cordobés, inició en el primer tercio del siglo XVI el descubrimiento de la telegrafía electro-magnética”

Autor del texto editado
Barrera y Leirado, Cayetano Alberto de la (1815-1872)
Título de la obra
Revista de ciencias, literatura y artes, tomo quinto
Autor de la obra
Cañete, Manuel (dir.); Fernández-Espino, José (dir.)
Edición
Sevilla: Francisco Álvarez y compañía, 1859
Paginación
pp. 348-350
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de Google Libros. (texto completo)
Información técnica
Editor: Pedro Ruiz Pérez
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 3 junio 2026

El maestro Fernán Pérez de Oliva, sabio cordobés, inició en el primer tercio del siglo XVI el descubrimiento de la telegrafía electro-magnética


Al señor don Francisco de Borja Pavón.

A usted, mi estimable amigo, como tan apasionado y estudioso investigador de las glorias de Córdoba, su patria, quiero dedicar este sencillo recuerdo del dato público y conocido, cuanto al parecer olvidado, que acredita la verdad del hecho que acabo de indicar.

No se trata, en efecto, de ninguna escondida noticia, sacada de viejos códices o desenterrada de entre el polvo de los archivos; trátase de un libro impreso y reimpreso, apreciado y estudiado como una de nuestras clásicas joyas literarias, del que comprende las obras (póstumas la mayor parte) del expresado insigne escritor, célebre a un tiempo en las ciencias y las letras.

El maestro Fernán Pérez de Oliva, cuyo padre, del mismo nombre, fue docto y autor de una obra inédita titulada Imagen del Mundo, nació en Córdoba por los años de 1494. Siguió allí los primeros estudios; frecuentó después las Universidades de Salamanca, Alcalá y Paris, perfeccionando por último su educación literaria en las florecientes escuelas de Roma, agraciado y estimado por el sabio pontífice Leon X. Su pasión a las letras le movió a renunciar el destino que obtenía en el palacio de su santidad; regresó a París, donde por espacio de tres años enseñó Filosofía y otras lecciones con grande aplauso y aceptación; y. finalmente, vuelto a España y a la Universidad de Salamanca, desempeñó la Rectoría, leyó Filosofía Natural, Geometría, Cosmografía y otras asignaturas, y obtuvo en propiedad la cátedra de Filosofía Moral. Acababa de ser nombrado por el emperador para el honroso y delicado cargo de maestro del príncipe don Felipe, cuando le arrebató la muerte, a la edad de 39 años, el de 1533.

Sobrino y discípulo suyo, el doctísimo y celebrado Ambrosio de Morales (a quien dejó por único heredero), recogió diligente sus obras y, dedicándolas con fecha de 1582 al cardenal arzobispo de Toledo,don Gaspar de Quiroga, las dio a la estampa, reunidas con algunas de su propia pluma y con un discurso del licenciado Pedro de Vallés, cordobés.

Comenzose a imprimir esta colección de las Obras del maestro Fernán Pérez de Oliva, con algunas de Ambrosio de Morales sobrino suyo en la ciudad de Salamanca, tirada de quinientos ejemplares, de la cual sólo se hicieron allí los cuatro primeros pliegos. Continuó su impresión en Córdoba, terminándose los quinientos y estampándose otros mil por completo. El colofón final dice así: «Acabose de imprimir este libro... en la muy noble ciudad de Córdoba, en casa de Gabriel Ramos Bejarano... En el mes de diciembre del año de M.DLXXXV» 1 .

Al principio, y en seguida de las inscripciones latinas que hizo el maestro Oliva para las aulas salmanticenses en 1529, estampa Ambrosio de Morales la siguiente advertencia «al lector»:

«Pudiera también poner aquí lo que el maestro Oliva escribió en latín de la piedra imán, en la cual halló cierto grandes secretos. Mas todo era muy poco, y estaba todo ello imperfecto, y poco mas que apuntado para proseguirlo después de espacio; y tan borrado, que no se entendía bien lo que le agradaba o lo que reprobaba. Una cosa quiero advertir aquí cerca de esto. Creyose muy de veras de él que por la piedra imán halló cómo se pudiesen hablar dos absentes; es verdad que yo se lo oí platicar algunas veces. Porque, aunque yo era muchacho, todavía gustaba mucho de oírle todo lo que en conversación decía y enseñaba. Mas en esto del poderse hablar así dos absentes proponía la forma que en obrar se había de tener, y cierto era sutil; pero siempre afirmaba que andaba imaginándolo, mas que nunca allegaba a satisfacerse, ni ponerlo en perfección, por faltar el fundamento principal de una piedra imán de tanta virtud cual no parece se podría hallar. Pues él dos tenía estrañas en su fuerza y virtud, y había visto la famosa de la Casa de la Contratación de Sevilla. Al fin esto fue cosa con que nunca llegó a efecto, ni creo tuvo él confianza que podría llegar».

Mal podía desarrollarse esta idea, germen de un admirable invento, en el estéril terreno de los conocimientos científicos de aquella época. Justo parece, sin embargo, el que en la historia del descubrimiento se conceda un pequeño, aunque honroso lugar al nombre del malogrado Fernán Pérez de Oliva.



Madrid. marzo de 1859


CAYETANO ALBERTO DE LA BARRERA

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