“Observaciones sobre las ediciones primitivas del Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. (Conclusión)”
- Autor del texto editado
- Asensio, José María (1829-1905)
- Título de la obra
- La Tipografía. Periódico mensual, año IV, n.º 9, 1 de septiembre de 1869
- Autor de la obra
- Estrada, Gregorio (dir.)
- Edición
- Madrid:
Establecimiento tipográfico Estrada,
1869
- Paginación
- pp. 1-3
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la BNE. (texto completo)
Información técnica
Editor: Isabel Román Gutiérrez
Encoding: Noelia Santiago López
Encoding: Noelia Santiago López
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Córdoba, 20 abril 2026
Observaciones sobre las ediciones primitivas del Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
(Conclusión)
Otras muchas y muy notables variantes se encuentran, pero la que ahora hace a mi propósito, porque basta por sí sola para dar gran importancia a la edición primera y a las que de ella provienen, es la que ocurre en el capítulo 26 de la parte tercera. Trata de la imitación que de Beltenebros hizo don Quijote, convirtiendo en Peña Pobre las asperezas de Sierra Morena, y dice: «“Ea, pues, manos a la obra: venid a mi memoria, cosas de Amadís, y enseñadme por dónde tengo de comenzar a imitaros. Mas ya sé que lo más que él hizo fue rezar y encomendarse a Dios; pero ¿qué haré de rosario, que no le tengo?” En esto le vino al pensamiento cómo le haría, y fue que rasgó una gran tira de las faldas de la camisa, que andaban colgando, y diole once ñudos, el uno más gordo que los demás, y esto le sirvió de rosario el tiempo que allí estuvo, donde rezó un millón de avemarías».
Este notabilísimo rasgo, omitido inmediatamente en la edición segunda, que el mismo Cuesta comenzó a imprimir apenas puso en circulación la primera, había pasado enteramente desconocido hasta que lo hizo notar Hartzenbusch; y monta que las palabras allí estampadas están en perfecta consonancia con lo que luego se dice en el capítulo 35, parte cuarta. Las voces de Sancho y de don Quijote interrumpen la sabrosa lectura de El Curioso Impertinente en punto crítico; alármase el ventero sospechando la suerte que sus cueros sufrían:
«Y con esto entró en el aposento, y todos tras él, y hallaron a don Quijote en el más extraño traje del mundo. Estaba en camisa, la cual no era tan cumplida que por delante le acabase de cubrir los muslos y por detrás tenía seis dedos menos».
Esta falta era consecuencia de la tira que se arrancó para rosario.
Pero ocúrreme una pregunta, a la cual no es fácil hoy dar solución. ¿Quién hizo la variación de ese concepto?... Yo sospecho mucho que no fue cosa del autor... Las palabras que sustituyeron a las primitivas no me parecen de Cervantes:
«Ea, pues, manos a la obra: venid a mi memoria, cosas de Amadis, y enseñadme por dónde tengo de comenzar a imitaros; mas ya sé que lo más que él hizo fue rezar, y así lo haré yo. Y sirviéronle de rosario unas agallas grandes de un alcornoque, que ensartó, de que hizo un diez».
Lo subrayado fue lo que se varió, y repito que no me parecen de la pluma del autor esas frases. Los aprobantes tampoco las suprimieron, ni fueron reprobadas por la Inquisición, pues no constan en ninguno de los índices, y más bien parece ser obra la variación de algún escrúpulo del editor.
Otra observación se enlaza con la de esas notables palabras suprimidas, que también es de importancia suma, porque puede servirnos para fijar el orden de las ediciones hechas en el año 1605.
Como la primera edición no llevaba privilegio más que para Castilla, los editores de Portugal la repitieron impunemente antes de que el librero Robles pudiera impedirlo. Las ediciones de Jorge Rodríguez y de Pedro Crasbeecck (números 3 y 4 de nuestra nota) proceden de la primitiva, y puede convencerse cualquiera de esto al notar que conservan lo de la tira de la camisa, convertida en rosario por medio de once ñudos, que no lo hay en ninguna de las que proceden de la segunda de Juan de la Cuesta, y así no aparecen ya en las de Valencia de Pedro Patricio Mey, por lo que podemos suponer fundadamente que se hicieron de acuerdo con el dueño de la obra, y después que había obtenido privilegio para el reino de Aragón.
Raro es que ninguno de los anotadores de El ingenioso hidalgo ni los muchos biógrafos del inmortal autor hayan dado cuenta de esas palabras hasta que lo hizo Hartzenbusch, pues no se encuentran únicamente, como este lo creía, en la edición primitiva, cuya rareza podía disculpar la omisión, sino que están igualmente en las dichas ediciones de Lisboa.
Pero hay más todavía. Estas ediciones de Lisboa llevan sendas aprobaciones: la de Rodríguez, de la Santa Inquisición, fecha 26 de febrero de 1605; y la de Crasbeecck, de la Inquisición también, pero diferente, fechada en 27 de marzo, después de la censura del padre agustino fray Antonio Freire, que expresa que «assi como vay naon leva cousa dissoante á doutrina cathólica, etcétera, polla muita eloquencia etc., engenho que nelle mostra ó Autor, me parece digno, que pera honesto entretenimento se imprima».
Ya que no se conoce la opinión que formaron del Quijote los aprobantes de la primera parte en Madrid, y que ignoramos hasta sus nombres, curioso es dar publicidad a la censura de Lisboa, con tanto más motivo, cuanto que esta edición de Crasbeecck no ha sido conocida, según parece, por nadie hasta hoy.
Ocho ediciones, a lo menos, de una obra de entretenimiento hechas en un mismo año dicen lo bastante en favor de la aceptación general que obtuvo desde el momento de su aparición, cerrando, a mi ver, la puerta a la indiferencia que suponían los que sostuvieron la existencia del Buscapié, y siendo buen argumento para demostrar la falsedad del pastel que adobó don Adolfo de Castro, y que todavía siguen pegando, con mal acuerdo, a continuación del Ingenioso hidalgo, algunos editores de Madrid.
Y, como quiera que cuanto se relaciona con la aparición del Quijote tiene cierta importancia, y hay en nuestro tiempo ánimo decidido en algunos, y tendencia en muchos, de dar al libro un tinte autobiográfico y al autor un carácter poco compatible con las instituciones de su tiempo, vamos a hablar, para concluir, del escudo que Juan de la Cuesta puso en la portada de las primeras ediciones.
De esto me he ocupado ya 1 , pero ahora daré a usted cuantos datos he podido reunir. Supone el corifeo de esta moderna cruzada, don Nicolás Díaz de Benjumea, que al escribir recónditas elucubraciones Miguel de Cervantes, que deseaba que andando los siglos viniera un novísimo comentador a descifrar sus enigmas, formó o compuso el escudo que había de ponerse al frente de su obra con el significativo lema de post tenebras spero lucem. Sobre este tema, con variaciones, dando gran importancia a cada una de las partes del escudo, que se supone hijo de un pensamiento trascendental, y suponiendo que apareció por primera vez en el Romancero general de 1604, cuando ya Juan de la Cuesta estaba en correspondencia con Cervantes, está formado el Correo de Alquife; pero el cimiento es falso, y el edificio no puede ser sólido.
El escudo de la mano con el halcón encapirotado, el león dormido y el lema, lo usó primeramente Adriano Ghemartio en 1570; luego lo heredó Pedro de Madrigal, que empezó a usarlo en 1589, y que, no contento con el escudo grande, hizo otro en tamaño muy reducido para las ediciones en 8.º. Lo usó también Juan Godínez de Millis, y últimamente lo poseyó Juan de la Cuesta, que usó los dos de Pedro Madrigal, siendo probablemente hasta los mismos grabados los que fueron pasando de mano en mano, sin correcciones ni añadiduras, y ya en mal estado y con gran deterioro los usó por última vez, que yo sepa, el impresor Mateo Espinosa y Arteaga.
Vea V. la nota de los libros que llevaron ese escudo:
1570— Ars compendiaría gramaticae, per Petrum Barabonam. —Vallisoleti exudevat Adrianus Ghemartius.—1570.
1589— Los dezicéis libros de las epístolas, o cartas de M. Tulio Cicerón, vulgarmente llamadas familiares: traducidas de lengua latina en castellana por el Doctor Pedro Simón Abril, natural de Alcaraz. —En Madrid en casa de Pedro Madrigal—año 1589—8.º— 471 páginas, una hoja al fin y ocho al principio sin foliar.
Esta obra lleva el escudo pequeño de que antes hablábamos.
1592— Comentarios de D. Bernardino de Mendoza, de lo sucedido en las Guerras de los Payses Baxos, desde el Año de 1567 hasta el de 1577. Con privilegio.—En Madrid, por Pedro Madrigal,~Año de. 1592.-4.°, 336 folios con 8 hojas al principio y 12 al fin sin foliar,
1600— Desempeño del Patrimonio de sv Magestad , Y de los Reynos, sin daño del Rey y bassallos, y con descanso y aliuio de todos. Por medio de los Erarios públicos y Montes de Piedad —por Luys Valle de la Cerda.— En Madrid,—En casa de Pedro Madrigal, Año MDC—4.°—139 folios—al fin dice: «Imprimiose este libro a costa, y por orden del Reyno, en las Cortes que se congregaron en Madrid el año passado de 1599. (Aquí el escudo del impresor). En Madrid, En casa de Pedro Madrigal. Año MDC.
1602— Romancero General, en que se contienen todos los romances que andan impresos en las nueve partes de Romanceros. Aora nuevamente impresso y enmendado con licencia. En Medina del Campo, Por Juan Godínez de Millis. A costa de Pedro Ossete y Antonio Cuello libreros de Valladolid.—Año 1602. 4.°, 362 folios a dos columnas y 8 de portada y preliminares.—El escudo lleva trocadas las palabras por torpeza del grabador; y debajo tiene la cifra A. G. , que demuestra fue el que usó el antiguo impresor Adriano Ghemartio.
1604— Romancero General, en qve se contienen todos los Romances que andan impressos. Aora nvevamente añadido y enmendado. Año 1604—con licencia en Madrid, Por Iuán de la Cuesta. Véndese en casa de Francisco López.—4.°, 500 hojas á dos columnas.
1605— Aravco domado. Compvesto por el licenciado Pedro de Oña; natural de los Infantes de Engol en Chile, Colegial del Real Colegio Mayor de San Felipe, y San Marcos, fundado en la ciudad de Lima. — Año 1605.—Con privilegio. En Madrid, por Iuán de la Cuesta. 8.°, 342 hojas con 16 al principio y dos al fin sin foliar.—Lleva el escudo pequeño.
1605— El Ingenioso Hidalgo Don Quixote de la Mancha. (Es la edición que lleva el número 1.° de nuestra nota).
1605— El Ingenioso Hidalgo Don Quixote de la Mancha. (Es la edición número 2.° de la nota, con privilegio de Castilla, Aragón y Portugal.)
1613— Lugares comunes de conceptos dichos y sentencias en diversas materias. — Compuesto por el licenciado Iuán de Aranda, vecino de Iaén, año 1613, con privilegio en Madrid por Iuán de la Cuesta.
1613— Novelas Exemplares de Migvel de Ceruantes Saauedra. —Año 1613 con privilegio de Castilla, y de los Reynos de la Corona de Aragón.—En Madrid por Iuán de la C u e s t a . ~ 4.°, 286 hojas.
1618— Refranes hechos por Hernando Núñez Pinciano. —En Madrid por Iuán de la Cuesta.—Año 1618.—4.°—385 hojas. Al folio 121 principia la Filosofía vulgar de Ivan de Mal lara, vezino de Seuilla.
1668— Epístolas familiares de D. Antonio de Guevara, Obispo de Mondoñedo, etc. Año 1668. Con privilegio. En Madrid, por Matheo de Espinosa y Arteaga. A costa de Iuán de Calatayud y Montenegro, mercader de libros, véndese en su casa a la plazuela de Santo Domingo y en Palacio.
No ha sido breve la lista, pero tampoco me parece que podrá parecer cansada, si se atiende a su importancia, pues con este y otros datos semejantes se puede cerrar la puerta a esas falsas interpretaciones del Quijote, que, por más que demuestren ingenio, pecan en absurdas considerándolas seriamente.
A todo esto que a usted dejo dicho, y a otras muchas cosas que por sabidas se callan, da lugar el cotejo de las primeras ediciones de esa obra inmortal; libro singularísimo entre los de entretenimiento, que con ninguno sufre comparación, y que ha sido y será la desesperación del entendimiento humano por su galanura, su invención y su portentosa pintura de las grandezas y debilidades del corazón humano; por la variedad de sus episodios y la multiplicidad de sus personajes, hijos todos de la más verdadera observación, sin necesidad de que se presten ajenas galas al libro que en nada pueden contribuir a aumentar su mérito.
Supla la bondad de usted lo mucho que faltará en esta desaliñada carta, y prepárese a recibir otra con el catálogo de mi biblioteca cervantina, que le debe a usted mucho, como mucho le debe su verdadero amigo
JOSÉ MARÍA ASENSIO.
Sevilla, 16 Julio 1869.
(De la Revista de España)