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Prensa y canon

“Concluye el artículo sobre la lectura de la historia con relación a las mujeres (véase nuestro número de ayer)”

Autor del texto editado
Sin firma
Título de la obra
Miscelánea de comercio, artes y literatura, n.º 563, 13-9-1821
Autor de la obra
Burgos, Francisco Javier de (dir.)
Edición
Madrid: Imprenta de Repullés, 1821
Paginación
p. 4
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital de la BNE. (texto completo)
Información técnica
Editor: Juan Montero
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 1 marzo 2026

Concluye el artículo sobre la lectura de la historia con relación a las mujeres(véase nuestro número de ayer)


Livia, mujer de un procónsul, se hace cómplice del duelo del mundo, y sus intrigas hacen pasar el cetro a manos del execrable Tiberio.

Los nombres de Cornelia, viuda de Pompeyo que va desde su buque a asesinar a su marido en la playa de Egipto; de Porcia, digna compañera del último Bruto; de Arria, que da a Peto un ejemplo tan noble de imitar; de Eponima, que se asocia a la proscripción de Sabino y que se sepulta en vida en una gruta salvaje: todos estos nombres han sido consagrados por los homenajes de los siglos. Un oprobio eterno acompaña a los detestables nombres de Agripina, de Mesalina, de Popea y de muchas mujeres ambiciosas, corrompidas y crueles, que aumentan las escenas de horror y de crimen tan multiplicadas en la decadencia del bajo imperio. Un gran número de emperatrices influyen sucesivamente en la suerte de Roma y del universo; las primeras impresiones que recibieron en la infancia, las lecciones, los ejemplos que rodearon su cuna, que formaron su juventud, determinaron las acciones que influyeron en la suerte del mundo y que prepararon los reinados de emperadores que fueron con harta frecuencia el oprobio y el azote del género humano.

Bosquejando tan rápida e imperfectamente una parte de la historia antigua, a la que habríamos podido agregar muchos hechos del mismo género, sacados de la Edad Media y de los tiempos modernos, nos hemos propuesto únicamente dar una idea del orden que se puede seguir para ejecutar nuestro plan. Este sencillo resumen basta para dar a conocer cuán fecunda y rica es la mina que pueden beneficiar las mujeres. Las que emprendieren lecturas históricas, observando este plan, continuarán con perseverancia, encontrarán en este género de trabajo un interés progresivo; con la costumbre perfeccionarán su talento de observar y de escribir, adquirirán al mismo tiempo más sagacidad, conocerán mejor los misterios del corazón humano, sus obligaciones, derechos, poder, su interés bien entendido y el mejor uso que pueden hacer de su influjo.

El influjo de las mujeres modifica y destruye las impresiones de la primera educación, y muchas veces basta para corregir o para corromper el carácter de los hombres, reproduciéndose con toda su fuerza en todas las edades de la vida, en todas las clases de la sociedad, en las cortes y palacios de los reyes como en la choza de los pastores, en las ciudades y en los campos más lejanos, en el centro de la civilización como en el seno de la barbarie, bajo todas las formas de gobierno, y aun en los países en donde la esclavitud de las mujeres está consagrada por las costumbres y las leyes.

Sería una idea feliz que un monumento histórico, dedicado a la gloria del sexo que es el adorno y el encanto de la vida humana, pudiese ser compuesto de materiales reunidos por mujeres que quisiesen hacer investigaciones y extractos relativos al asunto que se les propone. Estos extractos podrían hacerse sin interrumpida lectura, por todos fáciles, que se pueden variar al infinito, y que, sin obligar a nada que no sea sencillo, cómodo, instructivo y agradable, pueden proporcionar, al cabo de algunos años, reunir la sustancia de muchos volúmenes de muchas obras diferentes, bajo una relación determinada, en un corto número de páginas. De esta manera se logra ayudar a la memoria y tener diversos asuntos en que meditar y reflexionar.

En el tiempo en que vivimos, en esta grande época histórica, que es como la transición de un grado de civilización a otro mayor, ningún objeto parece más digno que el influjo de las mujeres para fijar la atención de las que, a un espíritu juicioso, juntan un alma generosa, animada de un amor verdadero de su país y de la humanidad.

Por medio del influjo bien dirigido de las mujeres se puede regenerar a los hombres, reformar la educación y la legislación, mejorar las costumbres públicas y particulares, calmar las pasiones rencorosas, prevenir las discordias funestas, hacer que cese algún día el deplorable azote de la guerra, dulcificar en fin la mayor parte de los males que afligen a la mísera humanidad.

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