“La noche de invierno”
- Autor del texto editado
- Zorrilla, José (1817-1893)
- Título de la obra
- El guardia nacional, n.º 684, 1837-10-23
- Autor de la obra
- Ferrer, Luis
- Edición
- Barcelona:
Imprenta del Guardia Nacional,
1837
- Paginación
- pp. 1-2
Fuentes
Información técnica
Encoding: Noelia Santiago López
La noche de invierno
A don Jenaro Villaamil
Pintor, el viento se estrella
bramando en esa ventana;
en pos de su airada huella
la lluvia y la noche van.
Prepara lienzo y pinceles, [5]
yo escribiré tu pintura,
y conquistemos laureles
al través del huracán.
Agua las nubes abortan,
se ve la lumbre amarilla [10]
de las centellas, que cortan
nubes y lluvia al caer.
Se oyen girar las veletas
sobre la gigante torre,
y las pizarras sujetas [15]
agua y viento repeler.
Se ven oscilar tus lienzos,
del crudo viento impelidos,
que por los vidrios hendidos
penetra inquieto hasta aquí. [20]
Esos retratos colgados,
que unos con otros se chocan,
son escudos conquistados
y blasones para ti.
Y se oye el son temeroso [25]
de campanas que, rompiendo
de los hombres el reposo,
conjuran la tempestad.
Se oye en la calle azorado
de alguno que huye la lluvia [30]
el paso precipitado
cruzando en la oscuridad.
Encendamos una hoguera,
cuya roja llama alumbre
esos rostros en hilera [35]
colgados en la pared,
que mecidos por el viento
y animados por la llama,
nos darán un pensamiento
y una corona tal vez. [40]
Tú tienes dentro la mente
galerías, catedrales,
y todo el lujo de Oriente
y un mundo para pintar.
Tú tienes en tus pinceles [45]
derruidos monasterios
con aéreos botareles
y afiligranado altar.
Tienes torres con campanas
y transparentes labores, [50]
castillos con castellanas
que aguardan a su señor,
y bóvedas horadadas,
y silenciosas capillas
donde en marmóreas almohadas [55]
yace el muerto fundador.
Y antiquísimas ciudades
que, por el tiempo roídas,
cuentan al tiempo verdades
que él se desdeña escuchar. [60]
Tienes en el valle fuentes,
peñascos en la montaña,
y en los peñascos torrentes
que se arrastran a la mar.
Tienes en los mares islas [65]
con ciudades y jardines,
y en los jardines festines,
y en los festines placeres.
Prepara lienzo y pinceles
y deja que el viento brame, [70]
y la lluvia se derrame,
y estalle el rayo al caer.
A inspirarnos han venido
la noche con sus tinieblas,
el rayo con su estampido, [75]
la lluvia con su rumor.
Tú pintarás lo que sientas,
yo escribiré lo que siento
en el empuje violento
del huracán bramador. [80]
Yo escribiré cómo muge
el vendaval en tus torres,
cómo entre las jarcias cruje
del buque que va a anegar;
cómo zumba en las almenas [85]
con que ciñes tus castillos,
cómo silba en las cadenas
que el puente han de sujetar.
Escribiré cómo imita
la humana voz en las rocas, [90]
y como el milano grita,
y ruge como el león,
silba como la serpiente,
sorbe como la lechuza,
la voz de un incendio miente [95]
al cruzar un torreón.
Miente el graznido del cuervo,
brama como el ronco toro,
remeda el distante lloro
de una garganta infantil; [100]
y, azotando los cristales,
finge el fantástico vuelo
de espíritus infernales
que pasan de mil en mil.
E imita el rumor confuso [105]
de clarines y de aceros,
de carros y caballeros
que van marchando detrás,
y de un lejano combate
los alarmantes clamores, [110]
y el ruido de los tambores
que redoblan a compás.
Tú pintarás la montaña
entre la niebla sombría,
pintarás la lluvia fría [115]
derramada desde allí.
Los alcázares morunos,
los pilares bizantinos,
monumentos peregrinos
embellecidos por ti. [120]
Pintarás los gabinetes
cincelados de la Alhambra,
y el humo de los pebetes
y las bellas del harén.
Tú pintarás las memorias [125]
que nos quedan por fortuna.
Yo escribiré las historias
que vida a tus cuadros den.
Te diré el blando murmullo
de las aguas destrenzadas, [130]
y el melancólico arrullo
de la tórtola que amó.
Te diré cómo se mecen
las flores sobre los tallos,
cómo nacen, cómo crecen, [135]
cómo, el sol las agostó.
Tú nos pintarás al hombre
con su choza o su palacio,
y yo te diré su nombre,
y lo que en el mundo fue. [140]
Tú al mundo darás colores,
yo le daré lengua y vida;
tú pintarás los amores,
y yo te los cantaré.
¡Pintor! Que la noche ruede [145]
con el ronco torbellino,
que envuelta en tormentas quede
la desvelada ciudad.
Nosotros, lejos del mundo,
otro mundo gozaremos, [150]
de la hoguera que encendemos
a la roja claridad.
Calderón,
Murillo, Ercilla,
colgados
por las paredes,
con su estoque y su golilla, [155]
forman nuestro mundo aquí.
Ahí están
Lope,
Cervantes,
Vinci, Rivera, el Ticiano...
con tintas para tu mano,
e inspiración para mí. [160]
Prepara lienzo y pinceles,
despliega tu fantasía;
cuando nos sorprenda el día,
que alumbre una creación.
Pintor, ese torbellino [165]
ha venido a visitarnos,
en él nos trajo el destino
la violenta
inspiración.
J. ZORRILLA