Volver a los resultados

Prensa y canon

“El periódico”

Autor del texto editado
"Un embozado"
Título de la obra
El nuevo paraíso. Periódico de literatura y bellas artes, n.º 1, 8 de febrero de 1839
Autor de la obra
[No se indica]
Edición
Sevilla: Imprenta de J. Morales, 1839
Paginación
pp. 1-3
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar del Internet Archive. (texto completo)
Información técnica
Editor: Mercedes Comellas
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
Este documento sigue los criterios y lenguaje cifrado de TEI http://www.tei-c.org/About/website.xml
Córdoba, 18 febrero 2026

El periódico


Nada más sencillo que decir «vamos a dar un periódico»; nada más fácil que ponerlo en planta, anunciarlo, dar los prospectos y tirar los primeros números; pero nada más difícil que acreditarlo y sostenerlo. No sería más fácil conservar en la memoria el infinito número de periódicos de todos géneros que en el corto espacio de seis años se han dado a luz. ¿Y cuántos han tenido una existencia duradera? No se fatigaría mucho la imaginación para enumerarlos. Un círculo vicioso (en términos escolásticos) los destruye a todos. Dicen los literatos: «No queremos escribir porque no hay suscriptopres bastantes para darnos una mediana utilidad» 1 ; y contesta el público: «No queremos suscribirnos porque no escriben buenos literatos». Acaso otras razones muevan al público a ser tan mirado, porque, según malas lenguas (sin sacar la mía) que nada dejan por decir de cuantos sus dueños saben, hay algunos que se duermen co la lectura de un artículo (esto no debería estrañarse si fuera con alguno mío); otros, que bostezan leyendo aun los versos de Rioja, Herrera, León y cuantos se conocen; y otros, en fin, qaue gastan con más gusto una peseta en cuatro mesas de billar que en una página impresa, aunque sea de Cervantes. De suerte, que la parte más pequeña del público (en la que con gusto os cuento, amados suscriptores) es únicamente la ilustrada y la que protege los adelantos. Tamañas dificultades deberían arredrarnos en nuestra empresa, si una fe literaria superior a toda humana creencia no nos impulsase a llevarla a cabo. No ha sido bastante a detener nuestro propósito el escarmentar en cabeza ajena, que deberíamos tener presente. Al Cisne y al Paraíso se les vio correr como el sol de un día, pero, sin negar por eso el mérito que tuviesen, nos aventuramos a decir que no se propusieron un objeto determinaron, ni siguieron el plan que, según nuestro corto entender, debían. Porque, si el objeto de un periódico de literatura es interesar a los suscritores, ¿cómo puede conseguir esto uno español que, despreciando las cosas de su país, teniendo a menos hablar de ellas, se dedica a hacer cuatro traducciones, a hablar de la literatura extranjera, cuando la nuestra apenas conocemos, a tomar los asuntos extranjeros para sus novelas y los héroes de allende para sus personajes? ¿No tenemos un Calderón, de quien podemos y debemos hablar más bien que de Víctor Hugo? ¿No hubo un Gran Capitán, que merece más justamente nuestros recuerdos que el tan celebrado Napoleón?, ¿un Murillo, de quien debemos hacer memoria con preferencia a Van Dyck? Por último, ¿no hay mil hechos gloriosos en nuestra historia cuyos asuntos nos pueden servir de texto? Pues, si esto es innegable, ¿por qué, como hijos espurios, hacemos creer que nada hay digno en nuestra nación de que se considere? Queremos hablar de jardines: dejemos los de Versalles, que aquí tenemos los del Alcázar; de ruinas, Itálica está cerca; de suntuosos edificios, el Escorial no cede a ninguno extranjero; de costumbres, las caballerescas de la Edad Media nos recuerdan días de gloria y las originales andaluzas nos llenan de júbilo; ni cómo pudieran describirse con verdad los lugares apartados que no hemos visto ni pintarse exactamente las costumbres que apenas conocemos. Walter Scott fue tan grande porque se limitó a conocer su país: lo conoció y escribió con verdad. Los españoles de ahora somos tan pequeños porque no encontramos sino de los Pirineos allá cosas dignas de fijar nuestra atención. Hablen los hijos del mediodía según la influencia de su sol, y serán escuchados con gusto por sus compatricios. Así pues, se proscribe en nuestro periódico todo lo que huele a extranjero, con la única excepción de alguna vez que, por ser demasiado interesante una cosa, merezca dársele cabida. Será sevillano primero, después andaluz y por último español; pero de nuestras costas o al lado allá de los Pirineos saldremos tan solo con nuestros héroes, si alguna vez es preciso. Creemos que este es el modo de llenar nuestro objeto, ése es nuestro propósito, y el que realizaremos si el fatal sino de nuestra nación no nos obliga a dejarlo en programa.



Un Embozado

Volver a los resultados