“Otro”
- Autor del texto editado
- G. A.
- Título de la obra
- El Constitucional: o sea, Crónica científica, literaria y política, n. º 320, 23/03/1820
- Autor de la obra
- Mora, José Joaquín de (dir.)
- Edición
- Madrid:
Imprenta de Mateo Repullés,
1820
- Paginación
- p. 3
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional. (texto completo)
Información técnica
Editor: Tania Padilla Aguilera
Encoding: Noelia Santiago López
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 12 enero 2026
OTRO
Señor redactor de El Constitucional:
En una reunión de amigos se han leído con el mayor gusto las observaciones que sobre el nombre de algunas calles hizo el señor palentino a su entrada en Madrid y que usted inserta en su periódico. Todos tenemos la fortuna (o la desgracia quizá) de que nuestras cabezas sean un poco romancescas y apasionadas a los pensamientos sublimes, y con este motivo se insertaron algunas reflexiones sobre el mismo asunto, las que quiero comunicar a usted por si juzga oportuno publicarlas.
Hablando sobre la calle de la Inquisición, uno de los amigos propuso que, salvando el parecer del palentino sobre este punto, se la pusiese el nombre de calle de Antonio Pérez, en memoria del sabio y desgraciado ministro de Felipe II, tan injuriosamente calumniado y perseguido por un tribunal que nada tiene de oficio y mucho menos de santo. El respetable nombre del ministro nos recordaría a cada momento las intrigas e infamias de que en todos tiempos se ha valido la Inquisición (que Dios haya) para desterrar las luces y oponer una barrera casi insuperable para su propagación y aumento, y conociendo su historia acaso se desengañarían los que la defienden ya por costumbre o por ignorancia. A mí se me ocurrió la especie de que muchas calles podían igualmente tomar el nombre de nuestros antepasados que se distinguieron en letras, armas, artes y ciencias. El barrio llamado De Jesús ofrece un vasto campo, pues en él parece fijaron su mansión las musas castellanas. El fecundo Lope, el inimitable e inmortal Cervantes, el chistoso Quevedo, Moreto y otros escribieron en él sus producciones y, con mengua de sus contemporáneos, algunos vivieron en él pobremente. Nosotros, que debemos resarcir e indemnizar a tan respetables ingenios del abandono que vivieron, me parece debemos empezar por eternizar sus nombres, mientras que otros, tan amantes de su patria como nosotros (pero con más dinero), den un testimonio de su aprecio hacia sus célebres escritores con estatuas, cenotafios, inscripciones, etc. Así pues, la calle de las Huertas, donde vivió Cervantes, debía tomar su nombre llamándose calle de Miguel de Cervantes; la de Francos, el de Lope de Vega; la del León, el de Quevedo; la plazuela del Ángel, el del Gran Capitán; la de Santa Ana, el de Hernán Cortés; la calle del Burro, el de Juan de Mariana, y otros que no digo por no molestar a usted y privarle de insertar otras cosas apreciables. Si usted cree que el gobierno pueda tomar alguna parte en este proyecto, y para ello son menester suscriptores que den dinero, puede usted contar con veinte o treinta que ya se me han ofrecido, conociéndome en la casa que no lo tengo, aunque hacía un esfuerzo para conseguir el plan indicado. Bien sé que algunos cejijuntos me tacharán que porque en París hay calle de Richelieu, quai Voltaire y otras así, quiero yo que las haya en Madrid, pero nada me importa: otros imitan los fraques, las cortesías y otras cosas peores, y yo quiero imitar estas, porque lo bueno es apreciable, sea de franceses o ingleses o moros o cosacos.
Queda de usted, señor redactor, su mejor amigo,
G. A.