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Prensa y canon · Textos historiográficos

“Ensayo histórico-filosófico sobre el teatro antiguo español (continuación)”

Autor del texto editado
Morón, Fermín Gonzalo
Título de la obra
Revista de España y del estranjero, t. VII, año 2, artículo 43
Autor de la obra
Morón, Fermín Gonzalo (dir.)
Edición
Imprenta del Archivo Militar, 1843
Paginación
pp. 186-192
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Biblioteca Digital de Prensa Histórica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Pedro Ruiz Pérez
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 12 noviembre 2025

ENSAYO HISTÓRICO-FILOSÓFICO SOBRE EL ANTIGUO TEATRO ESPAÑOL

(continuación)

Yo, no pudiendo sufrir
palabras tan desiguales
al valor de un caballero,
dije: «Vuesa merced hable

como quien es, que desdice [5]
de las palabras el traje;
que es honrar a las mujeres
deuda a que obligados nacen

todos los hombres de bien,
por el primer hospedaje, [10]
que de nueve meses deben,
y es razón que se las pague;

que, puesto que son las lenguas
espadas para templarse ,
quiso Dios que las pusiesen [15]
en los pechos de sus madres».
«¿Quién le mete en eso a él?»

respondió descolorido.
Yo dije: «El ver que la infamen
sin dar ocasión y el ser [20]
hombre, que basta á obligarme,

cuando no naciera noble».
Replicó: «Pues oiga y calle,
si no sabe quién soy yo,
y que no es bien que se case [25]

mi hermano desigualmente».
Respondí yo: «Los que saben
que en Vizcaya a los más nobles
se les permite que traten

con hábitos en los pechos [30]
no dicen razones tales,
y sin conocerla digo
que el ser mujer es bastante

nobleza, y que no es honrado
quien no las honra». [35]
«Dejadme ⎼dijo entonces⎼; mataré
este necio, si es su amante».

Repliqué: «No la conozco,
pero lo que digo baste
para hablar en su defensa. [40]
Saca la espada, cobarde,

que donde palabras sobran
temo que las obras falten:
Saca la espada, ¿qué esperas,
pues no te detiene nadie?» [45]

Pero vive Dios que apenas
las dos se vieron iguales,
cuando pienso que la indiana
vino en forma de algún ángel,

y le derribó en el suelo, [50]
sin que a tenerle bastasen
cuantas espadas y amigos
pretendieron ayudarle.

No espere mejor suceso
la lengua que las infame, [55]
ni menos que vida y honra,
quien las defienda y alabe.

Con esto quise tomar
la iglesia para librarme,
y por la confusa gente [60]
tomé diferente calle:

Al revolver de la esquina
vi estas casas principales;
juzgué por ellas el dueño;
es imposible engañarme. [65]

Traigo una hermana conmigo,
a quien doy tantos pesares,
que este postrero, señora,
temo que la vida acabe.

Esto solamente siento. [70]
Hasta que la noche baje
os suplico permitáis
que en vuestra casa me ampare,

para partirme a San Lúcar,
donde a las Indias me embarque, [75]
si podrán llevar el peso
de mis desdichas sus naves;

que tan justa obligación
hará que el alma os consagre
la tabla de este milagro, [80]
que con letra de oro en jaspe,

díga que pudo en Sevilla
don Juan de Castro librarse
con doña Ángela, su hermana,
de dos peligros tan grandes. [85]

Y, por que vea el pintor,
cuando la tabla señale,
cómo ha de poner la historia,
y, pues sois la hermosa imagen,

ya me pongo de rodillas, [60]
para que así me retrate,
que quien defiende a mujeres,
bien es que piedad alcance.


Es digna de la cortesanía y sublimidad de esta súplica la respuesta de Leonarda:

La ocasión en que os halláis
no da lugar á respuesta,
Vuestro valor manifiesta,
Lo que sois y lo que habláis.
Esa mujer que obligáis, [5]
yo soy, y palabra os doy
que mintió, porque yo soy
nieta de tan buen abuelo,
que por bien nacida al ciclo
siempre agradecida estoy. [10]

Es de mi padre el solar
el más noble de Vizcaya;
que a las Indias venga o vaya
¿qué honor le puede quitar?
Si le ha enriquecido el mar, [15]
no implica el ser caballero.:
Quiso honrar ese escudero
mi padre, mas no podrá,
que esa espada es lengua ya
con que digo que no quiero. [20]

Eso de hierro y carbón
es lenguaje maldiciente,
pero yo quiero, aunque miente,
tener en esta ocasión
ese trato y opinión, [25]
para que cuando le halle,
en aquella misma calle,
me sirva el hierro en su mengua
para cortarle la lengua,
y el carbón para quemalle. [30]


Todos los personajes son nobles en esta comedia, y contribuyen a realizar el pensamiento moral y elevado de Lope de Vega sobre la deferencia que se debe a las mujeres. El hermano de Leonarda, interesado por don Diego, había corrido a acometer a don Juan de Castro, y, diciendo don Antonio, padre de aquella, que por fin lograrían matar a don Juan, contesta la misma:

Es valiente caballero,
tendrá amigos; no podrán.
La causa de la cuestión
fue decir mal de mujeres
don Diego; ¿pues cómo quieres [5]
que le ayude la razón
una sutil vanagloria?
Don Antonio.- Luego el don Juan
¿defendía las mujeres?
Leonarda.- Si, señor. [10]
Don Antonio.- Ese hombre tiene valor.
No hay cosa, Leonarda mía,
más digna de un hombre honrado;
ser quien le mató quisiera.
Así en las venas me altera [15]
el humor del tiempo helado.
Si supiera dónde estaba,
favor le diera y dinero.
Propia acción de caballero.
¿Quién lo bien hecho no alaba? [20]


Don Juan de Castro pide un libro para entretener el ocio, y Leonarda hace que se le entregue como por error su ejecutoria, para que sepa que es de tan buen solar como el suyo, siendo interesante el diálogo entre la misma y su criada Rufina.

Rufina.- Si la vista no me engaña,
a pensar que quieres vengo
ser con el más que piadosa.
Leonarda.- ¿No te parece que fuera
quien a don Juan mereciera... [5]
Rufina.- Di lo demás.
Leonarda.- Venturosa,
sin temer tormenta o calma?
Porque el bien hablar, Rufina,
es una señal divina
de la nobleza del alma. [10]


Don Juan pasó la noche en casa de Leonarda, y es un modelo de discreción, de galantería y delicadeza el diálogo de ambos en su primera entrevista:

Leonarda.- ¿Habréis pasado muy mal
de aposento y de comida?
Don Juan.- No lo he tenido en mi vida,
hermosa señora,
Leonarda.- Dar un palacio real [5]
a vuestro valor quisiera.
Don Juan.- Menos a mi intento fuera;
por ser de esclava le alabo,
que, siendo yo vuestro esclavo,
me disteis mi propia esfera. [10]

Vine a mi centro en venir
donde vuestra esclava vive;
parece que me percibe
de que os tengo de servir,
Si aquí os puedo ver y oír, [15]
toda mi ventura encierra,
todos mis males destierra,
porque, después de no estar
en el cielo, no hay buscar
mayor descanso en la tierra. [20]

¿Pero qué ha de ser de mí,
ya que en tal lugar estoy,
de aqueste día en que os ví?
Si tan presto el bien perdí,
primera fue mi ventura. [25]
No es bien el que poco dura.
¿Mas, quién, eeñora, pensara,
que mis contrarios vengara
vuestra divina hermosura?

Cuál es el muerto no acierto, [30]
bella Leonarda, a juzgar.
Si el no veros me ha de dar
la muerte, yo soy el muerto.
Pensé que llegaba al puerto
de mis desdichas, y llego
donde a la muerte navego
con tal tormenta y rigor,
que quiere anegar amor
el alma en un mar de fuego.


(Se continuará)

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