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Prensa y canon · Textos historiográficos

“Ensayo histórico-filosófico sobre el teatro antiguo español (continuación)”

Autor del texto editado
Morón, Fermín Gonzalo
Título de la obra
Revista de España y del estranjero, t. VI, año 2, artículo 36
Autor de la obra
Morón, Fermín Gonzalo (dir.)
Edición
Imprenta del Archivo Militar, 1843
Paginación
pp. 365-368
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Biblioteca Digital de Prensa Histórica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Pedro Ruiz Pérez
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 12 noviembre 2025

ENSAYO HISTÓRICO-FILOSÓFICO SOBRE EL ANTIGUO TEATRO ESPAÑOL

(continuación)


Aunque la musa de Naharro descolló en la pintura de la parte cómica y ridícula de la vida, en la viveza y desenvoltura del diálogo, y si bien son muy poco delicadas las ideas y costumbres que presenta en la Himenea, la Jacinta, la Calamita y la Aquilana 1 , es muy digno de observarse en la segunda comedia la deferencia y respeto hacia la mujer, rasgo distintivo de nuestra literatura y que fue casi divinizado por la musa de Calderón y de Lope de Vega. En ella dice Jacinto en favor de las mujeres;

Mueran en malas batallas
los puercos, sacos de menguas,
que en mujeres ponen lenguas,
debiendo en antes cortallas.
A las mujeres loallas, [5]
dentro y fuera de poblados,
y subillas y ensalzallas
sobre todos los estados.

Los bellacos deslenguados,
maldicientes detratores,
debrían los traidores, [10]
ser de ellas apedreados.
Nosotros con mil locuras,
¿quién las suele importunar?
Que, aunque fuesen piedras duras,
las haríamos quebrar. [15]

Nosotros, por las burlar,
mil esperanzas les damos;
nosotros, sin las dejar,
por el mundo las llevamos;
nuestras virtudes hallamos [20]
ser las que aprendemos de ellas;
sus maldades, ser aquellas
que nosotros les mostramos.

Nosotros, muy alabados
por mujeres y señoras, [25]
y ellas, por nos pecadoras,
puestas en grandes cuidados.
Nos, por ellas esforzados,
y ellas, por nos amenguadas.
Nos, por ellas muy honrados, [30]
y ellas, por nos deshonradas;

Nos, por ellas mil vegadas,
en grandes rentas y preces,
y ellas, por nos muchas veces
candeleras alquiladas. [35]
Esto te digo en favor
de las que corren fortuna;
digamos ahora de alguna,
que tiene por vos amor.

Con cuánta pena y dolor, [40]
por poco mal que sintáis
anda y torna en derredor,
demandándoos cómo estáis,
diciéndoos qué le mandáis,
consolándoos como suele, [45]
preguntándoos dónde os duele,
porfiándoos que comáis.

Hela, va muy afligida
a decir misas por vos,
y a rogar continuo a Dios [50]
os mande salud y vida.
Su comer y su bebida
suspiros, lágrimas son:
llora, gime, plañe y grida
de todo su corazón. [55]

No puede ningún varón
pagalle cumplidamente
las lágrimas solamente
que deja en cada rincón.
Pues, de esto bien informados, [60]
y otro bien no hubiese en ellas,
a todas y cualquier de ellas,
somos todos obligados.

Cuanto más que sus cuidados,
sus grandezas, sus hazañas, [65]
son servir a sus amados
con obras y lindas mañas;
y en los tiempos de sus sañas,
cuando partís, ellas lloran;
cuando tornáis, os adoran [70]
con el alma y las entrañas,.

Y al yantar y a la cena,
con unos besos zumosos
y unos abrazos preciosos
y un señor a boca llena. [75]
¡Qué gloria de nuestra pena!
¡Qué alivio de nuestro afán!
Sin duda no hay cosa buena
donde mujeres no van.

La gente sin capitán [80]
es la casa sin mujer,
y sin ella es el placer,
como la mesa sin pan.


Hay ternura, delicadeza y sublimidad en tan sencillos versos. Empero, no obstante que las comedias de Torres Naharro, sin sujetarse a las unidades clásicas, presentaban un adelanto inmenso sobre las églogas de Juan de la Encina, y ofrecían ya las bellezas y defectos de los demás del teatro español, prohibidas por la Inquisición luego que se publicaron, ni las mencionó Rojas en su Viaje entretenido, ni fueron probablemente conocidas del famoso y representante Lope de Rueda; por ello no tuvieron el influjo que debieran en los progresos de la dramática, concurriendo además en su desgracia el carácter guerrero y caballeresco de la corte de Carlos V, la inexistencia de teatros y la falta de protección por el gobierno de la amena literatura.



Fermín Gonzalo Morón

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