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Prensa y canon · Textos historiográficos

“Ensayo histórico-filosófico sobre el teatro antiguo español (continuación)”

Autor del texto editado
Morón, Fermín Gonzalo
Título de la obra
Revista de España y del estranjero, t. V, año 2, artículo 29
Autor de la obra
Morón, Fermín Gonzalo
Edición
Imprenta del Archivo Militar, 1843
Paginación
pp. 333-338
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Biblioteca Digital de Prensa Histórica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Pedro Ruiz Pérez
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 12 noviembre 2025

ENSAYO HISTÓRICO-FILOSÓFICO SOBRE EL ANTIGUO TEATRO ESPAÑOL

(continuación)


El anterior rasgo caballeresco muestra ya una variación en las costumbres de la sociedad y de la nobleza. La poesía vulgar nacida en el siglo XI, y destinada en Europa a celebrar los hechos religiosos y de armas, recibió el más brillante y magnífico desarrollo entre los árabes de España y los provenzales. Frecuentes fueron desde el siglo X los certámenes poéticos en las cortes de Córdoba y de Granada, y los poetas provenzales, inspirados por el bello cielo del mediodía de la Francia y por cierto orientalismo español, cantaron desde el siglo XII en ruda pero sentida versificación los combates y los amores, y aun alguna vez pintaron con viva y satírica ironía los vicios de Roma y los desórdenes de los clérigos. Fundáronse en el siglo XIV los consistorios de Tolosa y de Barcelona, y la poesía o la gaya sciencia se vio protegida por los reyes y cultivada por los más distinguidos caballeros. Las armas, los amores y la poesía entretenían la nobleza, mientras el solaz y la distración de la plebe eran todavía los cantos de los juglares, las procesiones y romerías, los misterios y moralidades representadas en el templo. Mas al paso que el mayor orden y seguridad social disminuían las guerras y enervaban las costumbres caballerescas, crecía la afición a las trovas y a la poesía. Zurita dice en sus Anales, hablando de Juan I rey de Aragón (1387 a 1395): «Don Juan favorecía la cortesanía y gentileza, y su corte era reputada la más suntuosa de los príncipes de la cristiandad. A los ejercicios de guerra sustituyó las danzas, las trovas y poesía vulgar, y al arte de ella que llamaban la gaya sciencia, de la que comenzaron a instituirse escuelas públicas; y lo que en lo antiguo era muy honesto ejercicio, en que se señalaron muchos caballeros de Rosellón y Ampurdam imitando las trovas de los provenzales, vino a envilecerse de tal suerte, que todos parecían juglares; y, según refiere don Enrique de Villena, el rey envió una solemne embajada a Francia para fundar en su reino una gran escuela de aquella gaya sciencia a semejanza de los provenzales» 1 . En la corte de Castilla comenzó la gaya sciencia a cultivarse con mayor elegancia, según la carta del marqués de Santillana publicada por Sarmiento en sus Memorias históricas de la poesía española, desde el reinado de Enrique III (1390 a 1406); y la corte de Juan II (1407 a 1454) se ostentó en medio de los desórdenes y de la guerra civil promovida por la alta nobleza contra la privanza de don Álvaro de Luna, amante de los pasatiempos y placeres, de los torneos y de la poesía. Distinguiéronse en este tiempo como poetas de primer orden el citado marqués de Santillana y Juan de Mena, y con razón ha colocado el señor Quintana en su Colección de poesías españolas la época de Juan II como la de una nueva era para nuestra literatura. No desaparecieron, sin embargo, los torneos y costumbres caballerescas, y nada hay quizá más brillante en nuestra historia sobre esta materia que el paso honroso sostenido cerca del Puente de Órbigo con licencia del rey en 1434 por Suero de Quiñones. Este manifestó a Juan II que hacia largo tiempo se hallaba en prisión de una señora, en prueba de lo cual traía al cuello todos los jueves un hierro, y que para su rescate debía él y sus caballeros romper 300 lanzas, rompiendo con cada caballero que viniese tres lanzas. Enviáronse reyes de armas a todos los países extranjeros, y concurrieron al paso honroso varios alemanes, portugueses, ingleses, italianos y muchos aragoneses. Juan de Quiñones y sus compañeros justaron con el mayor esfuerzo por espacio de 30 días, y los jueces le declararon rescatado, y mandaron que se le quitase el hierro del cuello; empero, es muy notable para comprender la fuerza y dirección de los sentimientos caballerescos de la época uno de los capítulos redactados por Suero de Quiñones para la defensa del paso: «El veintedoseno capítulo de mi deliberación es que sea notorio a todos los señores del mundo e á los caballeros e gentiles homes que los capítulos susodichos oirán que, si la señora cuya yo soy pasare por aquel lugar, que podrá ir segura su mano derecha de perder el guante; e que ningún gentilhome fará por ella armas, sinon yo, pues que en el mundo non ha quien tan verdaderamente las pueda facer como yo» 2 .

Los torneos prevalecían, pues, aún como diversión dominante de la nobleza; pero no se hallaba lejos el día en que la comedia y la tragedia debían ser la distracción de caballeros y plebeyos, y sustituirse a los misterios, a las justas y juegos de cañas. Mas ¿cómo nació, creció y se desarrolló el drama moderno? Qué causas contribuyeron a ello? Fijamos aquí la discusión de este punto, porque en los últimos años del siglo XIV y en el XV se hicieron los primeros ensayos de aquel, pasando desde las catedrales y monasterios a las plazas de las ciudades y a los palacios de los reyes. Fácil será explicar y resolver la cuestión si se vuelve la consideración a las ideas y sentimientos de la edad feudal. La religión, el amor y el honor habían animado la vida y la nacionalidad de la Europa en esta época, dado un tinte poético a las costumbres, producido el drama religioso y escitado la imaginación de los hombres para sentir las bellezas y encantos de la poesía. En las iglesias celebráronse desde el siglo XI los misterios y moralidades que encerraban ya los materiales informes y toscos de la comedia; y, desde la protección por los reyes de la gaya sciencia, representáronse en los consistorios las composiciones laureadas y dialogadas de los poetas provenzales, siendo muy digno de observarse lo que sobre este punto dice don Luis Velázquez en los Orígenes de la poesía castellana, refiriéndose al erudito Nasarre: «Los trovadores inventaron la gaya ciencia, compusieron y representaron los diálogos, que llamaron serventesios, tensiones, juegos medios, partidas, corte de amor, juegos espirituales, villanescas. Estos trovadores, que casi todos eran de la primera nobleza, componían una academia, que al principio se juntó en Tolosa, después en Barcelona y Tortosa, y fue tanto el furor con que crecieron estas diversiones, que ocasionaron escándalos, de los que no se libró el palacio ni la reina Sibila Sforcia. Es verdad que ya entonces se habían entremetido entre las diversiones cortesanas los contadores, los cantores, los juglares, los truhanes y los bufones, con lo cual se justifica de algún modo la amarga providencia de su reino fiel y circunspecto. Los reyes de Aragón don Juan el Primero, don Martin y don Fernando el Honesto reformaron los consistorios poéticos y los colegios de la gaya sciencia, y la pusieron en una alta estimación y precio, asistiendo los mismos reyes a las funciones públicas de la academia, en que se juzgaban y representaban los dictados, trovas y diálogos, y se premiaban con mucho ruido, aparato y aplauso; y, lo que es mas de nuestro intento, se daba licencia y facultad por escrito para que se representasen o cantasen aquellas obras juzgadas y laureadas y no otras, que es lo que deseó después tanto Cervantes. En el año 1328, en las fiestas de la coronación del rey don Alonso el Cuarto de Aragón, se representaron, cantaron y bailaron por el infante don Pedro, conde de Ribagorza, hermano del rey, y por los ricos hombres muchos diálogos y canciones que el mismo infante había compuesto. El juglar Ramaset cantó una villanesca de la composición del mismo infante, y otro juglar, llamado Novellet, recitó y representó en voz y sin cantar más de 600 versos que hizo el infante en el metro que llamaban rima vulgar. En la familia real de este príncipe se vinculó la gracia y estudio de la poesía hasta el famoso don Enrique de Aragón, marqués de Villena, maestre de Calatrava, su biznieto, que compuso el arte de la gaya sciencia y muchas poesías y diálogos que se representaron y celebraron» 3 . En los misterios, pues, y moralidades religiosas y en las poesías dialogadas de los provenzales se hallan ya los primeros elementos del drama moderno, a cuyo desarrollo debió contribuir el estudio de la antigüedad o el movimiento clásico que había principiado en Europa desde el siglo XI, pero a que dieron estraordinario impulso en el XIV Petrarca y Bocacio, y en el XV la toma de Constantinopla por los turcos. Mas aun antes de que fuesen bien conocidas y estudiadas las formas de las tragedias y comedias griegas y latinas se ensayó y escribió el drama moderno. Así, según los apuntes sobre el teatro de Valencia del erudito don Luis Lamarca, representose en palacio del Real y año de 1394 la tragedia escrita en dialecto valenciano por Mosen Domingo Maspons, titulada Le hom enamorat y la fembra satisfeta, que puede aspirar sin disputa al privilegio de ser la primera no solo de España, sí que tal vez de Europa, y así también el teatro francés adquirió desde 1402, según Villemain en su Curso de literatura francesa, durante la edad media cierta estabilidad, cuando Carlos VI autorizó a la cofradía de la pasión para dar representaciones teatrales, aunque nada haya más grosero e insípido que semejantes farsas. En Castilla habíanse compuesto algunas representaciones diferentes de los dramas religiosos desde la danza general del judío Santos Rabí en 1356; en Zaragoza se representó ante la corte en la coronación de don Fernando el Honesto (1414) una comedia alegórica de don Enrique de Villena, y fueron desde este tiempo muy frecuentes en las fiestas de los casamientos de familias reales o muy nobles los toros, los juegos de caña, los torneos, danzas o acciones cómicas, según observa con razón don Leandro Moratín en sus Orígenes del teatro español. Ya hemos reseñado antes la afición de Juan II y del condestable don Álvaro de Luna a la poesía, y la crónica del segundo dice al hablar de sus cualidades: «Fue muy inventivo e mucho dado a fallar invenciones e sacar entremeses en fiestas o en justas o en guerra, en las cuales invenciones muy agudamente significaba lo que quería 4 ». A fines, pues, del siglo XIV y principios del XV los misterios y moralidades y las poesías dialogadas de los provenzales ofrecían los materiales rudos e imperfectos del drama moderno, y para llegar este a su completo desarrollo no necesitaba ya sino mayor conocimiento de la antigüedad, la cesación de la guerra y de los hábitos y costumbres belicosos, el cultivo de la literatura, y la protección dada a la misma por los reyes y altos señores.

(Se continuará)



FERMÍN GONZALO MORÓN

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