Prensa y canon · Textos historiográficos
“Ensayo histórico-filosófico sobre el teatro antiguo español (continuación)”
- Autor del texto editado
- Morón, Fermín Gonzalo
- Título de la obra
- Revista de España y del estranjero, t. IV, artículo 24, 31 de diciembre de 1842
- Autor de la obra
- Morón, Fermín Gonzalo
- Edición
- Imprenta del Archivo Militar,
1842
- Paginación
- pp. 277-287
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Biblioteca Digital de Prensa Histórica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Pedro Ruiz Pérez
Encoding: Noelia Santiago López
Encoding: Noelia Santiago López
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Córdoba, 12 noviembre 2025
ENSAYO HISTÓRICO-FILOSÓFICO SOBRE EL ANTIGUO TEATRO ESPAÑOL
(continuación)
Con el objeto de dar mayor realce a esta institución, determinó el rey coronarse en el mismo año, y llamar a Burgos toda la nobleza del reino para armar caballeros y celebrar justas y torneos. «Et entretanto que ellos se ayuntaban (los nobles) para esto, el rey salió de Burgos, et fue por sus jornadas en romería a visitar el cuerpo sancto del apóstol Sanctiago, et veló y toda esa noche, teniendo sus armas encima del altar. Et en amanesciendo, el arzobispo don Juan de Limia díjole una misa et bendijo las armas. Et el rey armose de todas sus armas, et de gambax et de loriga, et de quixotes et de canilleras, et zapatos de fierro; et ciñose su espada, tomando él por sí mesmo todas las armas del altar de Sanctiago, que ge las non dio otro ninguno; et a la imagen de Sanctiago que estaba encima del altar llegose el rey a ella et fízole que le diese la pescozada en el carriello. Et de esta guisa rescibió caballería este rey don Alfonso del apóstol Sanctiago. Et porque él rescibió caballería de esta guisa, estando armado, ordenó que todos los que hobiesen a rescibir honra et caballería de allí adelante, que la rescebiesen estando armados de todas sus armas. Et el rey partió de la ciubdat de Sanctiago, et fue al Padrón otrosí en romería, porque en aquel lugar aportó el cuerpo de Sanctiago. Et dende veno su camino para Burgos, et desque llegó a la ciubdat falló que eran y venidos algunos de aquellos por quien había enviado que rescebiesen de él caballería, et atendió fasta que todos fueron llegados. Et mientra que venían aquellos por quien el rey había enviado, los que eran con él non quedaban de honrar la fiesta de su caballería et de su coronación, los unos lanzando a tablados en muchas partes de la villa, et los otros bofordaban de escudo et lanza de cada día. Otrosí tenían puestas dos tablas para jostar. Et los caballeros de la Banda que el rey había fecho et ordenado poco de tiempo había, estaban todo el día cuatro de ellos armados en cada tabla, et mantenían josta a todos los que querían jostar con ellos. Et porque venían entonce muchas gentes de fuera del regno en romería a Sanctiago, et pasaban por Burgos por el camino francés, el rey mandaba estar homes en la calle por do pasaban los romeros, que preguntasen por los quе eran caballeros et escuderos, et decíanles que veniesen jostar; et el rey mandábales dar caballos et armas con que jostasen. Et en estos venieron muchos franceses et ingleses et alemanes et gascones; et jostaban de cada día con hastas gruesas con que se daban mui grandes golpes. Et en este tiempo, estando el rey en este placer, veno y Guitardo de Lebrete, vizconde de Tartas, et dijo al rey que era su voluntat de rescibir caballería del rey, et que en ningún tiempo non la podíe haber más a su honra que en esta coronación del rey; et pediole por merced que lo toviese por bien, et de alli adelante que fincaría por su vasallo. Et al rey plogo mucho con su venida de este vizconde, et rescibiolo muy bien et fízole mucha honra, et diole cien veces 1,000 maravedís para de cada año que toviese de él por su vasallaje. Et de allí adelante fincó por su vasallo, et serviole muy bien estos dineros que del rey tomaba. Et porque en aquel tiempo quería el rey ir folgar algunas veces a las aldeas que eran cerca de Burgos, mandaba que a cada logar do había de ir le toviesen puesta la tabla para jostar, et que toviesen presto guisamiento de armas et de las otras cosas que hobiesen menester. Et el rey jostaba muchas veces, cuando quería alguno jostar con él, et facían muchas alegrías en todas las otras cosas que lo podían facer por razón de esta fiesta (184 y siguientes)». Alfonso XI promovió de tal modo los sentimientos caballerescos, que, a pesar de la guerra continuada tenida en su reinado contra los moros, fueron muy frecuentes entre árabes y cristianos los duelos, las relaciones de los caballeros de ambos bandos, y el más delicado respeto hacia las altas cualidades. La crónica citada hace mención del desafío dirigido al campo cristiano en el sitio de Gibraltar por un caballero del rey de Granada; y, concluido un tratado entre el mismo y el rey de Castilla, dice: «El rey de Granada veno alli al Real de los cristianos [a] verse con el rey de Castiella: et venieron y con él todas sus gentes. Et él comió con el rey de Castiella amos a dos a una mesa. Et, estando y muchas gentes de cristianos et de moros, amos estos reyes estidieron muy grande pieza en uno. Et, después que hobieron comido, el rey de Granada dio al rey de Castiella sus joyas las más nobles que él habíe podido haber, señaladamiente una espada guarnida la vaina, toda cubierta de chapas de oro; et había en esta vaina muchas piedras de esmeraldas et de rubíes et de zafíes et pieza de aljófar grueso; et otrosí diole un bacinete mui bien guarnido con oro, et en derredor del oro había muy muchas piedras, et señaladamiente había dos piedras rubíes, et la una en la fruente et la otra encima de éll, que eran tamañas como castañas. Et otrosí diole muchos paños de oro et de seda de los que labraban en Granada, et otras joyas muchas de las que él traía. Et otrosí el rey partió con él de sus donas, de las que allí tenía (pág. 250)». Se observa ya en esta entrevista la magnificencia y generosidad de los árabes, y el respeto y delicadeza con que se trataban las dos sociedades en medio del ardor de la guerra y del sentimiento religioso. Desde Alfonso XI hasta la toma de Granada fueron ya muy frecuentes las relaciones de los caballeros moros y cristianos, y los duelos y lances de honor, que dieron origen a uno de los géneros más bellos y nacionales de nuestra literatura, a los romances moriscos y caballerescos, donde campean en sonora y brillante poesía las aventuras, y los actos de heroísmo y de galantería ejecutados por los valerosos paladines de las dos nacionalidades árabe y cristiana. Alfonso XI, con sus altas calidades y su genio guerrero y caballeresco, contribuyó a dar al carácter nacional ese temple generoso y altivo, origen de señaladas empresas; y cuando no ocupaba a su belicosa nobleza en la lucha con los moros la entretenía con justas y torneos, siendo muy notable lo que sobre esta materia dice su crónica (año 1333): «Este rey don Alfonso de Castiella et de León, aunque en algún tiempo estidiese sin guerra, siempre cataba en cómo se trabajase en oficio de caballería, faciendo torneos et poniendo tablas redondas et justando; et, cuando de esto non facía algo, corría monte. Et otrosí, por que los caballeros non perdiesen de usar las armas et todavía estidiesen apercibidos para la guerra cuando menester les ficiese, estando en Valladolit, mandó llamar por sus cartas los caballeros de la Banda et otros caballeros et escuderos fijosdalgo del su regno, que fuesen todos con él en aquella villa, tercer día ante del día de Pascua, et que trajiesen y todos sus caballos et sus armas. Et para aquel día que el rey les envió mandar venieron y todos. Et otro día de pascua, el rey mandó bastecer un torneo de muy grand compaña de caballeros, et eran todos los caballeros de la Banda de la una parte, et otros tantos caballeros et escuderos de la ventura de la otra parte. Et en aquel día en la mañana mandó poner dos tiendas fuera de la villa, en el campo do lidian los reptados, la una al un cabo et la otra tienda a la otra parte; et todos los caballeros fueron juntados en aquel campo armados de todas sus armas et en sus caballos. Et en este torneo entró el rey desconocido de la parte de los caballeros de la Banda, et pusieron cuatro caballeros por fieles. Et, desque fueron todos en el campo, los unos de la una parte et los otros de la otra, venieron darse muchos golpes de las espadas de la una parte et de la otra. Et hobo allí algunos caballeros que cayeron los caballos con ellos, et otros caballeros que fueron derribados; et, como la priesa era muy grande, et todos andaban desconocidos, algonos hobo y que dieron al rey grandes espadadas encima de la capellina sobre las armas, non lo conosciendo. Et los caballeros que eran fieles de aquel torneo, veyendo el gran afincamiento en que estaban, et la gran priesa que se daban los unos a los otros de amas las partes, et como había muy grand pieza del día que se juntaran, entraron entremedias de ellos, et fecieronlos partir. Et después venieron dos venidas los unos contra los otros, et, dándose muy grandes feridas, era la priesa muy grande entre ellos; et venieron a entrar todos en una puente pequeña, que estaba encima de un río ante la puerta de la villa; et porfiaron mucho este torneo en aquel logar, fasta que fue pasada cerca de la hora de la nona: et entonce los fieles partiéronlos et fueron descender de los caballos en las tiendas, los caballeros de la Banda en la una, et los caballeros de la ventura en la otra: et comieron cada unos de ellos en sus tiendas. Et desque hobieron comido los caballeros de la ventura cabalgaron en los caballos et venieron a ver al rey et a los caballeros de la Banda, que estaban con él en la tienda, porque los caballeros que habían sido fieles jozgasen cuales habían sido mayores en aquel torneo, et los caballeros de la Banda acogieron muy bien a los caballeros de la ventura, et feciéronles mucha honra et estidieron allí fablando et departiendo de las aventuras que cada uno de ellos habían habido en aquel torneo, et partieron todos con el rey et entráronse a la villa» (276 y 77).
Con tan magníficos torneos escitaba el rey de Castilla el valor y el honor, promovía los sentimientos caballerescos, se hacía digno jefe de la altiva nobleza e inflamaba su imaginación tras las proezas, y todos los sentimientos de generosidad y de hidalguía. No había aun principiado la terrible lucha de la Francia y de la Inglaterra, no se habían dado las memorables batallas de Crecy y de Poitiers, ni fundádose por Eduardo III de Inglaterra y Juan II de Francia las célebres órdenes de la Jarretierre y de la Estrella, sucesos que tanto contribuyeron al desarrollo de la caballería en Europa, cuando los caballeros de la Banda entreteníanse diariamente en justas y torneos, y presentábanse en sus reglamentos y en su conducta como el tipo de todas las virtudes sociales. Disputen en buen hora críticos y filósofos sobre la verdad de los sentimientos caballerescos en Europa; que por lo que hace a nuestra patria apenas hay crónica, romance, comedia, ni anécdota que no muestre evidentemente que la lealtad, la nobleza de proceder y todas las virtudes caballerescas no solo fueron una verdad en España, sí que formaron sus costumbres, su nacionalidad, sus glorias y su literatura. Conocidas son de todos las obligaciones morales de los caballeros en Europa: mas nos atrevemos a decir que ninguna nación puede presentar en 1330 reglamentos como los dados por Alfonso XI a los caballeros de la Banda. No hay género de virtud, ni sentimiento de generosidad y de nobleza que no les estuviese prescrito, y, al dirigir la consideración a los tiempos de barbarie y de grosería general en que tan elevadas ideas y pensamientos tan hidalgos se tenían por un corto número de hombres, el corazón nos late, у sentimos a la vez el desdén y la indignación más profunda hacia los filósofos y demagogos que en nombre de la fría у material razón, y proclamando el dogma de la igualdad, han ridiculizado y arrastrado por el suelo instituciones respetables, dejándonos tras sí abundante cosecha de miserable cálculo, de baja ambición y de grosero e insufrible egoísmo. Creemos por ello que nuestros lectores no verán con disgusto la reseña de las obligaciones morales de los caballeros de la Banda, que tan honrosas son al carácter nacional, y cuyo conocimiento puede servir mucho al objeto que nos hemos propuesto de examinar el teatro español en relación con las costumbres y con la historia del país.
El día en que recibían la Banda hacían los caballeros pleito homenaje al rey de guardar los estatutos de la regla. El caballero de la Banda, siendo requerido a hablar al rey, debía hacerlo en pro de los naturales de la tierra y por el defendimiento de la república, bajo pena de privación de su patrimonio y destierro de la tierra. El caballero de la Banda debía siempre decir al rey verdad, guardar lealtad a su persona, y, si alguno en presencia suya murmurase de él y lo aprobase o disimulase, debía ser echado de la corte con infamia y despojado de la Banda. Debía hablar poco y decir verdad, y en caso de alguna mentira notable no debía llevar espada por espacio de un mes. Debía acompañarse con hombres sabios de quienes aprendiese a vivir bien y con hombres de guerra que le enseñasen a pelear; y en caso de pasear con algún mercader, artesano, plebeyo o villano debía ser gravemente reprendido por el maestre, y arrestado en su casa por un mes. Тоdo caballero de la Banda debía guardar su palabra, aunque fuese dada sobre cosa pequeña y a persona baja, y ser leal a sus amigos, y en caso de contravención debía ir solo por la corte, sin atreverse a hablar a nadie ni acercarse a ningún caballero. Debía tener buenas armas en su cámara, buenos caballos en su caballeriza, buena lanza a su puerta y buena espada en su cinta, y por falta en alguna cosa de estas perdía el nombre y rango de caballero y descendía al de escudero. No debía andar en la corte con mula, sino a caballo, ni presentarse en público sin la banda, ni entrar en palacio sin espada, ni comer solo en su casa bajo pena de un marco de plata para hacer la tela de la justa. No debía lisonjear al rey, ni preciarse de chocarrero, bajo pena de andar a pie en la corte por un mes y estar por otro arrestado en casa. El cabalero de la Banda no debía quejarse de sus heridas ni alabar sus proezas, bajo pena de ser gravemente reprendido por el maestre y no ser visitado de los demás caballeros de la Banda. No debía jugar ni consentir el juego, bajo pena de pérdida de sueldo por un mes y no entrar en palacio por mes y medio. No podía vender, empeñar, ni apostar sus ropas, bajo pena de andar dos meses sin banda y estar por otro arrestado en su casa. Debía vestir de paño fino en los días comunes, ponerse alguna seda en los festivos, y oro en las pascuas; debía hablar bajo y pasear despacio en la corte o palacio, siendo en caso de contravención reprendido por los demás caballeros y castigado por el maestre. No debía proferir ninguna palabra injuriosa ni maliciosa a otro caballero, bajo pena de pedir perdón al injuriado y destierro por tres meses de la corte. No debía tener contienda con ninguna doncella, ni levantar pleito a mujer noble, bajo pena de no poder acompañar a ninguna señora del pueblo, ni servir a dama alguna en palacio. El caballero de la Banda, encontrando en la calle a alguna señora noble y valerosa, debía apearse y acompañarla, bajo pena de perder un mes de sueldo y de ser desamado de las damas; y, si alguna noble señora o doncella le rogase cosa que pudiese hacer, y no la hiciese, las damas debían llamarle en palacio el caballero mal mandado y no bien coтеdido. No debía comer puerros, ajos, cebollas ni cosas sucias, bajo pena de no entrar en palacio en aquella semana, ni sentarse a mesa de caballero, No debía comer de pie, solo, ni sin manteles, bajo pena de estar un mes sin espada y pagar un marco de plata para la tela de la justa. No debía beber vino en vasija de barro, ni beber agua en cántaro, ni santiguarse con el vaso al tiempo de beber, bajo pena de destierro de palacio por un mes y de no beber vino por otro. En caso de riña o desafío de dos caballeros de la Banda, los demás debían ponerlos en paz; y, no queriendo ser amigos, nadie debía ayudarles, bajo pena de estar un mes sin banda y pagar un marco de plata para la justa. Si alguno llevase banda sin habérsela dado el rey, debían desafiarle dos caballeros, y en caso de ser vencido no podía llevarla; pero, si fuese vencedor, estaba facultado para ello y para llamarse caballero de la Banda. El que en las justas y torneos de la corte ganase la joya de la justa y la presea del torneo ganaba igualmente la Banda, aunque no fuese caballero de la orden; y el rey se la debía dar, y todos los caballeros recibirle por tal. Si un caballero de la Banda echase mano a la espada contra otro compañero, no podía parecer delante del rey por espacio de dos meses, y por espacio de otros dos no debía traer sino media banda. Caso de herir a otro por enojo o rencilla, no debía entrar por un año en palacio, estando preso la mitad de este tiempo. El caballero de la Banda, siendo justicia del rey, no podía castigar a un compañero suyo, sino que en caso de delito debía limitarse a prenderle y remitirle al rey; los caballeros de la Banda debían acompañar al rey a la guerra y pelear solos, bajo pena de perder un año el sueldo y no llevar más que media banda durante otro. No debían ir a la guerra sino contra moros, bajo pena de perder la banda. Debían tener juntas en abril, septiembre y diciembre para hacer alarde de armas y caballos y para las cosas de su orden. Todo caballero debía tornear lo menos dos veces al año, justar cuatro, jugar cañas seis, y hacer la carrera todas las semanas, bajo pena al negligente o mal enseñado de andar un mes sin banda y otro sin espada. Todos los caballeros de la Banda debían, a los ocho días de llega do el rey a un punto, poner tela para justar y carteles para tornear. Tener maestro y escuela de esgrima y juego de puñal, bajo pena al negligente de quedar en su casa y de quitarle media banda. Ningún caballero de la Banda podía estar en la corte sin servir a alguna dama, no para deshonrarla, sino para obsequiarla o casarse con ella, acompañándola siempre caso de salir fuera, como ella quisiese, a pie o a caballo, llevando quitada la caperuza y faciendo la mesura con la rodilla. Si algún caballero de la Banda sabía que al radio de diez leguas en la corte se hacían justas o torneos, debía ir allá a justar y tornear, bajo pena de andar un mes sin espada y otro sin banda. Si algún caballero de la Banda se casase 20 leguas en torno de la corte, los demás caballeros debían presentarse con él al rey a pedir alguna merced para el desposado y acompañarle después todos hasta el pueblo donde se había de casar, en el cual debían hacer algún oficio honroso de caballería y ofrecer alguna presea a la esposa. Los caballeros de la Banda debían ir juntos, armados y bien vestidos a palacio en los primeros domingos de cada mes; y en el patio o en la sala real delante del rey y su corte jugar de todas armas dos a dos, pero sin lisiarse, porque el objeto de la orden era el que sus miembros se preciasen más de los hechos que de los nombres de caballeros. Estos debían tornear 30 con 30 con espadas romas y sin filo, y, tocando las trompetas, arremeter juntos; pero al son del añafil debían retirarse, bajo pena de no entrar más en torneo ni ir a palacio por un mes. En la justa no debían correr más que cuatro carreras; debían ser jueces de ella cuatro caballeros; y el que en cuatro carreras no quebrase lanza pagaba el precio de la tela, En la última enfermedad de un caballero de la Banda debían sus compañeros ayudarle a bien morir, enterrarle después de su muerte, vestir luto por un mes y no justar dentro de tres. Dos días después de enterrado, todos los caballeros de la Banda debían presentarse al rey para llevarle la banda del muerto, y suplicarle recibir en su lugar a alguno de sus hijos, y pedirle merced para su viuda y el casamiento de sus hijas 1 .
(Se continuará)
Fermín Gonzalo Morón