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Prensa y canon

«Situación de las mujeres en la Europa moderna»

Autor del texto editado
Sin firma
Título de la obra
La Psiquis: periódico del bello sexo, n.º 22, 31-07-1840
Autor de la obra

Edición
Valencia: Imprenta de Manuel López, 1840
Paginación
pp. 1-2
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Biblioteca Valenciana Digital. (texto completo)
Información técnica
Editor: Emre Özmen
Encoding: Fátima Rueda Giráldez
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Sevilla, 2 julio 2025

La situación de las mujeres en la Europa moderna


¡Qué contraste tan chocante ofrece Italia! Allí las sensaciones de toda clase son el único objeto de un sexo que solo piensa incesantemente en dar y recibir placer. El amor, los espectáculos, las artes, una existencia ociosa y disipada: tal es el empleo de la vida de este sexo. Nada prueba más el tácito consentimiento de los maridos a la precoz galantería de sus mujeres que aquel pueblo de chichisbeos o caballeros que están a sus órdenes. A la verdad, estos chichisbeos no son los mejor tratados, pero, en fin, como siempre los tienen a su lado, representan cuando menos la imagen del amante, sin el cual ya es de convenio que no pueden pasarse.

Miradas por otros y considerándose a sí mismas como simples adornos de la sociedad, deben perder en ella consideración; y, como su finura la emplean más bien en intrigas amorosas que en negocios, rara vez toman parte en ellos.

En una palabra, su papel más es encantador que importante. Es forzoso, no obstante, hacer justicia a algunas mujeres italianas, sobre todo a las florentinas, sienesas, y aun a las mismas romanas. Son instruidas; aman las ciencias y la literatura, sus inclinaciones se depuran al propio tiempo que sus gustos, y su compañía es muy agradable, sin que pierda su carácter nacional lo que tiene de atractivo.

Las españolas no desconocen la galantería, aunque con modesta reserva y gravedad. Siendo más reflexivas que las italianas, el misterio que en otro tiempo empleaban para sus intrigas, el velo con que las cubrían las aproximaba más al estado natural de su sexo, que parece destinado a encantar con su modestia y a fijar a un amante voluble por medio del recato. Por otra parte, España fue la cuna de la antigua galantería. Los recuerdos contribuyen a mantener una especie de deferencia de un sexo al otro y siendo (no se incomoden nuestras lectoras por la verdad que apuntamos) la vanidad la base del carácter de la mujer, el país donde más deferencia hay hacia ella es en el que se cuenta el sexo por más dichoso. Hasta los celos proverbiales de los españoles fueron una especie de ocupación inspirada por las mujeres, la cual les dio grande importancia a sus propios ojos.

En todos los países, si el sexo teme la persecución, teme igualmente el olvido; y acaso, acaso preferiría un poquito de tormento a la humillación de que no se haga caso de él. El amor, y por consecuencia la condición de las mujeres, tuvieron en España tres épocas distintas. El amor participó del espíritu caballeresco que precedió y siguió algún tiempo a la guerra contra los moros y los fundamentos de la monarquía española. Entonces el honor, el amor y la religión parecen disputarse las bellas acciones, y competían entre sí para producirlas e inspirarlas. Los españoles, más delicados y desinteresados que pueblo alguno, miraban el valor como el único mérito, y el suceso para con las mujeres como único objeto o recompensa del valor. En aquella época se vio a dos amantes espirar de alegría al verse después de tres años de ausencia; otros dos precipitarse de lo alto de una peña por no sobrevivir el uno al otro. De rasgos como estos se halla atestada la historia de España. El reposo de la paz destruyó aquellas virtudes guerreras y brillantes ilusiones. El comercio y las riquezas de las Indias corrompieron la sencillez de aquellos héroes.

Las conquistas que la España hizo en América depravaron las costumbres, y las que hizo en el continente alteraron los usos, debilitando el carácter nacional. A estas pasiones sucedió una multitud de intrigas y ardides, donde campeaba más la destreza italiana que el honor y amor castellano. Tal es la época descrita por Lope de Vega, Calderón y Cervantes. Allí se vieron las serenatas, raptos, tapadas, dueñas, celosos, y otras mil cosas de que actualmente solo queda la memoria.

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