«Poesía. Los Lusiadas, poema épico de Luis de Camoens, que tradujo al castellano don Lamberto Gil, Penitenciario en el Real oratorio del Caballero de Gracia de esta Corte. Madrid 1818. JUICIO DE ESTA OBRA»
- Autor del texto editado
- Sin firma
- Título de la obra
- Crónica científica y literaria, nº 138, 24/07/1818.
- Autor de la obra
- Mora, José Joaquín de (dir.)
- Edición
- Madrid:
Imprenta de Repullés,
1818
- Paginación
- pp. 1-2
Fuentes
Información técnica
Encoding: Fátima Rueda Giráldez
POESÍA.
Los Lusiadas, poema épico de Luis de Camoens, que tradujo al castellano don Lamberto Gil, Penitenciario en el Real Oratorio del Caballero de Gracia de esta Corte. Madrid 1818.
JUICIO DE ESTA OBRA
Solo es dado al genio vencer los obstáculos que le oponen la ignorancia y las persecuciones, adelantarse al progreso de la ilustración, crearse recursos que no puede sacar de ninguna de las circunstancias que lo rodean, y elevar sin más fuerzas que las suyas, monumentos bellísimos que permanecen en medio de todas las vicisitudes humanas, para ser objetos de admiración a las generaciones futuras. Luis Camoens, nacido en un siglo en que era arduo y peligroso adquirir conocimientos literarios y científicos, atormentado por una pasión, perseguido por la miseria, y pasando su vida entre las privaciones, las amarguras y las batallas, compuso, sin embargo, uno de los más sublimes poemas épicos que conserva el parnaso moderno. Como Homero, como Milton, como Cervantes, Camoens recuerda a una época más ilustrada los tiempos dolorosos en que ni el genio ni el saber libertaban de la pobreza y de la oscuridad: como ellos, fundó con el impulso de su imaginación y con los encantos de la poesía una reputación consagrada ya por el entusiasmo y el respeto de todos los hombres sensibles a las bellezas artísticas.
Faltaba en nuestra literatura una traducción lisible de este admirable poema; la que anunciamos, llena este vacío de un modo que, en nuestro sentir, deberá satisfacer a todos los literatos que conozcan la dificultad de la empresa.
La vida del Camoens, la relación del viaje de Gama y, sobre todo, el juicio crítico del poema que preceden a la traducción, además de estar escritos con una pureza y elegancia nada comunes en el día, encierran noticias curiosas y opiniones literarias vestidas con una erudición escogida. En el juicio crítico hallaríamos motivo para algunas objeciones, si no mirásemos aquel trabajo como una parte accesoria. Sin embargo, no pasaremos en silencio la indulgencia con que mira el autor el uso de la mitología griega en que el poeta funda gran parte de su ficción. Creemos que el buen gusto reprueba la interposición de deidades paganas en guerras de cristianos y moros, y la protección con que Venus y Baco miran, no ya a los habitantes de Naxos y Gnido, sino a moros groseros, envueltos en todos los males de la barbarie. Pero es cierto que, si el poeta se hubiera privado de esta fuente inagotable de ideas variadas y risueñas, sus lectores habrían carecido de los bellísimos cuadros que de allí sabe sacar su fácil ingenio.
Sin embargo, ninguno de ellos es comparable al magnífico episodio que todos los críticos admiran como el pedazo más perfecto de Los Lusiadas; hablo de la aparición del espectro en el Cabo de Buena Esperanza. La descripción de este ser fantástico está hecha según el estilo de Virgilio y de Miguel Ángel, con toques grandes y característicos y sin pormenores mezquinos. Su arenga es sublime.
¡Oh gente osada, más que cuantas
en el mundo intentaron grandes cosas,
que ni de empresas ásperas te espantas,
ni de proyectos bélicos reposas!
Pues los vedados términos quebrantas 5
y navegar los largos mares osas,
de que ha ya tantos años soy yo el dueño,
y nunca ha arado extraño o propio leño;
Pues quieres que te sean conocidos
los secretos del húmido elemento, 10
a ningún hombre grande concedidos
de noble o inmortal merecimiento,
oye, oye los males prevenidos
a tu orgulloso loco atrevimiento,
por todo el ancho mar y por la tierra 15
que aun has de sojuzgar con dura guerra.
Sabe que cuantas naves este viaje
que tú emprendes, hicieron atrevidas,
enemigo tendrán este paraje
con vientos y tormentas desmedidas: 20
y en la primera escuadra, que el pasaje
haga por estas ondas mal sufridas,
he de hacer de repente atroz castigo
como inhumano, cruel, fiero, enemigo.
Ya se ve por la muestra que acabamos de presentar que el mérito que sobresale en la versificación del traductor es la facilidad, pero su extremada fidelidad lo obliga a cometer defectos que le hubiera sido muy fácil eludir, si hubiera escuchado más bien los consejos del buen gusto, que la escrupulosidad que se ha propuesto. Así es que cuando Camoens emplea versos asonantados, esdrújulos o agudos, el traductor sigue ciegamente sus huellas, cuando, por otra parte, descubre disposiciones poéticas capaces de reemplazar aquellos lunares con bellezas de su propio caudal. El siglo en que vivimos pide en las obras del arte la perfección habitual y continua de que nuestros antepasados no hacían gran caso, pues perdonaban los descuidos y las desigualdades en favor de ciertas bellezas sobresalientes.
Citemos otro fragmento para confirmar los elogios que hemos hecho de la traducción: es el bello episodio de los amores de doña Inés de Castro.
Estabas, bella Inés, puesta en sosiego,
y el dulce fruto de tu edad cogías,
con un engaño de alma alegre y ciego,
que había de durar muy pocos días.
En la florida vega de Mondego, 5
que regar con tus lágrimas solías,
hacías repetir al monte y prado
el nombre que en tu pecho está grabado.
De tu príncipe allí te respondían
las memorias que el alma le llenaban, 10
y presente a sus ojos te traían
siempre que de los tuyos se apartaban:
De noche en dulces sueños te mentían,
de día en pensamientos que volaban,
y, en fin, cuanto él pensaba y cuanto vía 15
era todo memorias de alegría.
Resuelto el rey a dar muerte a doña Inés, por cuyo amor el príncipe había reusado enlaces dignos de su sangre, pinta así el poeta la presentación de la víctima ante el irritado monarca:
Ya los verdugos ásperos y atroces
la presentan al rey enternecido,
mas con razones falsas y feroces
el pueblo le cerró el piadoso oído.
Ella con tristes y piadosas voces, 5
nacidas del amor que había tenido
al príncipe y los hijos que dejaba,
que esto más que la muerte la angustiaba,
al cielo cristalino levantando
con lágrimas los ojos amorosos, 10
los ojos, pues las manos le iba atando
uno de los ministros rigorosos.
Y después sus hijuelos contemplando
tan tiernos, tan queridos, tan hermosos,
cual madre que su pérdida sentía 15
al abuelo cruel así decía.
Síguese la súplica de doña Inés, la que termina con esta bella octava:
Ponme do mayor sea la fiereza,
o entre leones y tigres, pues yo espero
que en ellos he de hallar menos dureza
que en este pueblo atroz y carnicero.
Allí, armando constante y con firmeza 5
al príncipe adorado por quien muero,
criaré estos sus hijos que aquí viste,
consuelo extremo de una madre triste.
El resto del episodio no está menos bien tratado. La catástrofe pintada con colores trágicos y propios del asunto es uno de los trozos más patéticos del poema.
El traductor ha enriquecido su trabajo con una gran cantidad de notas, las que creemos de la mayor importancia, pues, como Camoens, además de abundar en erudición exquisita, canta en sus episodios casi todas las glorias de su nación, habría muchas personas que sin ellas no podrían leer con fruto Los Lusiadas. No solo son las notas interesantes bajo este aspecto, sino también por el tino y juicio con que están escritas.
No podemos dejar de recomendar la parte tipográfica, por el tamaño de los volúmenes, la limpieza de los caracteres y la proporción de todas sus partes. En esta obra se han sabido conciliar la gracia y la hermosura de la impresión con un precio cómodo y equitativo, que facilita su adquisición a toda clase de personas.
Se halla de venta en la librería de Rodríguez calle de Carreras. El precio de estos dos tomos, y otro de las rimas del mismo Camoens, que va a publicarse, es 30 reales vellón.