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Prensa y canon · Biografías

«Luis de Mármol»

Autor del texto editado
Adar
Título de la obra
El Museo Universal, Tomo VI, n.º 3, 19-01-1862.
Autor de la obra
Gaspar y Maristany, José (dir.)
Edición
Madrid: Casa Editorial, 1862
Paginación
pp. 20-22
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Carmen Calzada Borrallo
Encoding: Fátima Rueda Giráldez
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Sevilla, 23 junio 2025

LUIS DE MÁRMOL


En el siglo en que las armas cristianas se hallaban en su mayor esplendor, en el siglo en que Granada, la ciudad de las mil torres, de las flores y de los encantos, era teatro de revueltas sin número, en el que llevados de un fanatismo ciego y de un justo espíritu de nacionalidad, afilaron los moriscos de la Alpujarra sus aceros, en el que todo era duelo, todo alarmas de uno y otro bando, todo fanatismo y todo fe; en estos tiempos de guerras continuas, de acciones gloriosas, de sangrientos descalabros y de victoria últimamente para el guerrero de la cruz, era necesario un hombre que manejando a un tiempo la espada y la pluma, transmitiese a los siglos venideros la historia de tan azarosos días. En efecto, entre el ruido de aquellos encarnizados combates, don Luis de Mármol Carvajal nos transmitió la relación de estos memorables sucesos.

Nacido en Granada, según él mismo dejó escrito, aunque ignorándose el año de su nacimiento, floreció en el siglo XVI hacia los de 1580 y 1590. Este autor merece un lugar distinguido entre nuestros historiadores porque, exacto y verídico, fue purista y elegante en su dicción. Desde sus años juveniles sus manos sostuvieron el peso de la espada y, al mismo tiempo, tomaba apuntes que, explanados luego y dados a luz, habían de tejer su corona de sabio.

Hallose en la famosa jornada de Túnez en el ejército del emperador Carlos V, donde peleó por espacio de veinte y dos años, a cuya edad quedó cautivo.

Durante los ocho que estuvo en tan triste situación recorrió los estados de Marruecos, Túnez y Fez, atravesó los arenales de Libia hasta los confines de Guinea, y en todo este tiempo, en vez de lamentarse en inútiles quejas de su cautiverio, como en los diferentes viajes que libre hizo por toda la Berbería y Egipto, escribió su descripción de África en doce libros y dos partes, que de vuelta a Granada empezó a imprimir en el año de 1574, bajo los auspicios del rey Felipe II, dejando concluida su primera parte; en 1599 dio a luz la segunda en Málaga, que, añadida después y traducida al francés, fue publicada en París en 1600.

Esta fue la primera obra que de él se conoció, mereciéndole que el célebre historiador francés Augusto de Thon le llamase: prudentem justa ac diligentem rerum Africanorum.

Empero, el dulce resonar de los lelíes ha sustituido el eco estridente del clarín; un grito de guerra ha sonado en un peñón de los Alpujarra y cual eco repetido se extiende por toda ella y llega hasta Granada. El grave soldado de la cruz hace crujir de las mallas de su cota, el ligero árabe amenaza con su bien templada cimitarra, y la guerra se enciende en el reino recientemente conquistado. Cercano ya nuestro héroe al otoño de su vida vuelve a entrar en el ejército y, al par que desempeña en él el cargo de comisario ordenador, recoge datos para escribir la Historia de la rebelión y castigo de los moriscos en el reino de Granada, publicada en Málaga en el año de 1600, contando ya el autor la avanzada edad de setenta y seis años.

Si la descripción de África, de que antes hemos hablado, es bastante por sí sola para hacer su nombre digno de la eterna memoria, la última obra que publicó basta para colocarle entre los principales historiadores. En ella se ve más que en ninguna otra el profundo estudio que había hecho de los griegos y latinos, pues, según él mismo manifiesta, toda su vida la había dedicado al conocimiento de la Historia.

Por desgracia, se ignoran más pormenores de la vida de este grande hombre, que escribía con exactitud y elegancia entre el ruido de los combates y con la mano cansada de pelear; por desgracia sus obras han estado pocas conocidas; y, por desgracia en fin, se ignora el año de su muerte y el sitio en donde sus restos reposan, para que el sabio pudiera arrojar en él una hoja del laurel de su corona, y el poeta una flor de su laúd.



ADAR

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