«Estudios biográfico-literarios, dedicados a mi buen amigo don Antonio T. y la Quintana. Don Alonso de Ercilla. Continuación»
- Autor del texto editado
- A. S. G.
- Título de la obra
- El Genio, Tomo I, n.º 12, 29/06/1846
- Autor de la obra
- Edición
- Cádiz:
Imprenta de la Sociedad de Recreos Literarios,
1846
- Paginación
- pp. 45-47
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Esther Márquez Martínez
Encoding: Fátima Rueda Giráldez
Encoding: Fátima Rueda Giráldez
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Sevilla, 18 junio 2025
ESTUDIOS BIOGRÁFICO-LITERARIOS, DEDICADOS A MI BUEN AMIGO DON ANTONIO T. Y LA QUINTANA.
DON ALONSO DE ERCILLA
(Continuación)
Corrían de boca en boca desde el más orgulloso magnate hasta el infeliz mendigo, las maravillas del Nuevo Mundo. Aquellas tierras vírgenes, pobladas de espesas selvas, cortadas por anchos lagos y dilatados ríos, y separadas por enormes cordilleras, en cuyas cumbres la lava de los volcanes parecía dar majestad a ese fragmento de la naturaleza oculto a los hombres por la Providencia, debía ocasionar profunda impresión en todos los ánimos. Y así fue, porque aquellos países produjeron nuevos goces y motivaron a que, por medio de la industria y sucesivos conocimientos, se esclareciese más el entendimiento humano. Cubierta su superficie de deliciosos frutos, no cultivados por mano de hombre, llenas sus entrañas de riquísimos metales bajo un cielo puro que hendían los rayos de sol, refractándose en los trasparentes hilos de melancólica cascada, ofrecíase a los ojos de los españoles, un verdadero paraíso, paraíso que apellidaron las Indias.
En era tan dichosa en que la abundancia y la ventura esparramaban sus tan liberales como codiciados bienes por do quiera, nació en Madrid a 7 de Agosto de 1533 don Alonso de Ercilla y Zúñiga, caballero del Orden de Santiago, y gentilhombre de cámara de Rodulfo II, emperador de Alemania. Fueron sus padres Fortún García de Ercilla, jurisconsulto de los más distinguidos del reinado del emperador Carlos V, y doña Leonor de Zúñiga, señora de Bobardilla y guardadamas de la emperatriz doña Isabel, hermana de Juan II rey de Portugal, y esposa de aquel ínclito monarca.
Descendía esta noble familia de Bermeo, ciudad del señorío de Vizcaya, donde ostentaba lo que entonces entre caballeros de sangre azul llamaban su solar, con el señorío de la Torre de Ercilla, de que hace mención el poeta en su Araucana, segunda parte, octava treinta del canto XXVII, cuando pone en boca del sabio Fitón:
Mira al poniente a España, y la aspereza
de la antigua Vizcaya, de do es fama
que defiende y procede la nobleza
que en aquellas provincias se derrama.
Ves a Bermeo cercado de maleza,
cabeza y primer tranco de esta rama,
y tu torre de Ercilla sobre el puerto
de las montañas altas encubierto.
Contó nuestro don Alonso dos hermanos, don Francisco y don Juan de Zúñiga, que ocupó un lugar muy honorífico siendo abad de Hormedes, limosnero mayor de la reina doña Ana de Austria, y maestro del príncipe don Fernando. Estuvo desde su niñez en palacio en calidad de menino, distinción con que se honraba a los hijos de los grandes, y cuyo oficio consistía en entretener con juegos de su edad a los infantes, para servirles luego de pajes. Con este empleo acompañó a los reyes en varias de las frecuentes expediciones que a menudo hacían por Europa, según le exigía la condición mudable de los príncipes, y conforme al sistema político que entonces regía, en que se imaginaban que con sola su presencia derrotaban a sus enemigos. Siguió en 1547 al príncipe don Felipe cuando fue a Bruselas a tomar posesión del ducado de Brabante, visitando a su paso la Italia, la Alemania y el ducado de Luxemburgo, y regresó con el mismo luego de acabada la famosa Dieta de Augusta, embarcándose en Génova para España.
La monarquía española que en los postreros años del emperador Carlos V parecía quererla abandonar la fortuna, tomaba aún mayor incremento. La casa de Austria, dueña de los tronos de España, Alemania e Italia, que extendía sus fuerzas por Europa, disponiendo de sus reinos como de los de un país conquistado, cansada por un instante de las guerras religiosas, obra del monje Lutero, que desde una oscura celda puso en movimiento a su siglo, clavó sus ojos en Inglaterra. Habiendo fallecido Enrique VIII, sucediole Eduardo VI, joven monarca que no tardó mucho en rendir su cuerpo a la tierra, quedando vinculada la soberanía de los turbulentos anglos en María Tudor, hija del lujurioso Enrique y de Catalina de Aragón, virtuosa a la par que desgraciada princesa. El emperador entabló la boda de María a favor de su primogénito, don Felipe, a quien acababa de nombrar rey de Nápoles y duque de Milán, y por cuyo matrimonio se enlazaban dos personas descendientes de un mismo trono. 1 Entre los sujetos que formaron la comitiva del príncipe que fue a desposarse en 1554 en el castillo de Windsor contábase al animoso don Alonso de Ercilla.
El genio aventurero de este poeta y su espíritu belicoso, que no reparaba en los peligros ni temía a las adversidades, por mayores que fuesen, unidos a un insaciable deseo de curiosidad que le conducía a visitar diversas regiones, hicieron germinar en su cabeza el proyecto de pasar desde Inglaterra al Nuevo Mundo. Habían llegado hasta aquella isla los valerosos hechos de los araucanos o del Estado Indómito, como llamaban por antonomasia a la reunión de estas terribles tribus. Sin duda, enardecieron demasiado su fantasía cuando, despreciando las consideraciones que, por su elevado talento, como por su posición en palacio, donde se había criado, 2 le hubiera quizá algún día dispensado la corte, en medio de las mareas que en ella siempre se experimentan, que no dejó de aprovechar una coyuntura favorable a sus nuevas ilusiones. Acaso no había nacido Ercilla para manifestar la intensidad de su guerrera condición, en campos donde la lengua es arma más acerada que la espada, y donde una grata sonrisa obtiene más valía que una batalla. Embarcóse en Londres en compañía de Gerónimo de Alderete, español muy conocido en los llanos del Perú, que obtuvo del futuro rey de España y soberano inglés el nombramiento de adelantado o capitán general del reino de Chile.
A. S G.
(Continuará)