«Demostraciones críticas para los lectores de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, impreso en Argamasilla de Alba. Continuación»
- Autor del texto editado
- Acosta y Lozano, Zacarías
- Título de la obra
- El Museo universal, año IX, nº 1, 01/01/1865
- Autor de la obra
- Gaspar y Maristany, José (dir.) Roig, José (dir.)
- Edición
- Madrid:
Gaspar y Roig,
1865
- Paginación
- pp. 10-11
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Pedro Ruiz Pérez
Encoding: Fátima Rueda Giráldez
Encoding: Fátima Rueda Giráldez
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Sevilla, 30 mayo 2025
Demostraciones críticas para los lectores de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, impreso en Argamasilla de Alba
(Continuación)
Párrafo IX
Parte II, cap. VII. Nota 52, tomo VI.
Texto de Cervantes. «Plega a Dios todopoderoso, donde más largamente se contiene, que la persona o personas que pusiesen impedimento y estorbasen tu tercera salida que no la hallen en el laberinto de sus deseos, ni jamás se les cumpa lo que mal desearen».
El señor Hartzenbusch corrige este lugar poniendo más donde dice mal.
Con semejante enmienda la imprecación del bachiller Carrasco toma un carácter verdaderamente serio, siendo así que, dejándola tal como se halla en el texto, solo se ve en ella una imprecación burlona, muy propia de un estudiante, como Carrasco, malicioso, socarrón y amigo de donaires y de burlas.
Decir «jamás se le cumpla lo que mal desearen» es lo mismo que decir jamás consigan lo que no deseen, juego de palabras humorístico y de mucho chiste, pues forma un muy gracioso contraste con el ampuloso y ficticio arranque que tiene el bachiller para alentar a don Quijote a que emprenda la tercera salida. Mire usted que le meto el brazo por una manga se oye con mucha frecuencia, amenaza juguetona por el estilo de la imprecación del bachiller. Y, a la verdad, no merecían más grave imprecación la persona o personas que deseaban estorbar la tercera salida de don Quijote.
Gran parte del chiste de que tanto abundan las obras festivas de Cervantes es debido a los concertados disparates que con la más profunda intención y la más exquisita agudeza escribe. No sabemos cómo don Quijote hubiera podido hallarse aquel lunar pardo con cabellos a manera de cerdas que, según las instrucciones que dio a la princesa Micomicona su padre, había de tener el caballero destinado a librarla en el lado derecho debajo del hombro izquierdo o por allí junto. ¿Dejaría de reírse Cervantes cuando escribió esto?
Del mismo género que la imprecación del bachiller Sansón Carrasco, aunque de forma recargada y más visiblemente burlona, es el juramento que presta Loaysa ante la mujer y criadas del celoso Carrizales, con el objeto de tranquilizar sus ánimos: «Juro por la intemerata eficacia, donde más santa y largamente se contiene, y por las entradas y salidas del santo Líbano monte, y por todo aquello que en su proemio encierra la verdadera historia de Carlomagno, con la muerte del gigante Fierabrás...».
Este es el lugar oportuno para poner de manifiesto otra causa que ha producido no pocas de las muchas falsas apreciaciones de que abundan las Notas puestas a la edición de El ingenioso hidalgo impresa en Argamasilla.
El señor Hartzenbusch, siempre adusto y serio en sus observaciones, no sabe seguirle el humor a Cervantes, las más veces jovial y festivo, resultando de aquí que con frecuencia va el novelista por un lado y el corrector por otro. El lector discreto no puede menos en estos casos que sonreírse, pareciéndole que está presenciando lo que pasa cuando al departir dos sujetos, el uno vivaz y burlón, y el otro bonachón y formalote, contesta este con la mayor sencillez del mundo a las bernardinas de aquel.
Un nuevo ejemplo probará más todavía lo que dejamos dicho acerca de la seriedad inoportuna del señor Hartzenbusch... Pero este ejemplo párrafo por sí merece.
Párrafo X
Parte II, cap. LXX. Nota 132, tomo 4º
Texto de Cervantes. «Yo, señor don Quijote de la Mancha, soy una de estas: apretada, rendida y enamorada; pero, con todo esto, sufrida y honesta, tanto que, por serlo tanto, reventó mi alma por mi silencio, y perdí la vida».
El corrector quita silencio y pone en su lugar sentimiento; y las razones que ha tenido y que con toda seriedad expone para hacer esta sustitución son las siguientes: «Cervantes no escribiría silencio en este lugar. Altisidora no ha callado su amor, lo ha cantado y hablado. 1 Ahora misma acaba de decir que ha dado noticia de sus secretos en público. Sentimiento hemos estampado en vez de silencio; no obstante, acaso nuestro autor pondría en el manuscrito “Reventó mi amor por mi sentido y perdí la vida”».
Si el señor Hartzenbusch se propuso que Altisidora no se apartase de la verdad en nada de lo que dijo a don Quijote, debió quitar también aquello de sufrida y honesta. Porque ¿cómo pudo decir, no mintiendo, que era honesta y sufrida una doncella que a las altas horas de la noche dejó su cama para darle una música a un caballero?
Y, si se quiere que se pase lo de darle la música, en atención a que esto fue en verano, y la noche convidaría a cantar y tomar el fresco, ¿cómo podrá pasar lo de haber manifestado deseos de rascarle la cabeza y matarle la caspa?
Y, si todavía esto ⎼que ya pica que rabia⎼ se disimula, considerándolo como un deseo caritativo, hijo quizá de haber observado que don Quijote se rascaba a menudo la cabeza y que, por consecuencia, si no tenía algos como Sancho, había de tener caspa, ¿cómo podrá pasar aquello de querer ⎼¡y con el calor que haría!⎼ colarse en su lecho y verse en sus brazos? Esto, esto sí que, como vulgarmente se dice, no puede pasar ni con chocolate.
Conque una de dos: o este lugar lo refunde el señor Hartzenbusch dejándole a su gusto a fin de que la desenvuelta Altisidora no se nos venga con palabritas no menos mansas que mentirosas, o se quedan las cosas como estaban antes de la edición argamasillesca. Juzgamos que esto último sería lo más acertado, y en tal caso diremos que Cervantes se divertía al tiempo de escribir, para que luego se divirtiesen sus lectores, y que Altisidora se burlaba de un loco, sin curarse de que sus palabras, de que solo este podía tomar acta, estuviesen en armonía con su conducta.
Párrafo XI
Parte I, cap. XXXIV. Nota 96, tomo II.
Texto de Cervantes. «¡Afuera pues traidores! ¡Aquí venganzas! ¡Entre el falso, venga, llegue, muera, acabe, y suceda lo que sucediere!»
El señor Hartzenbusch ha corregido este lugar escribiendo temores en lugar de traidores, y apoya su corrección de la manera siguiente: «Diciéndose entre el falso, no es propio decir afuera traidores, como se lee en el texto corriente. El falso y el traidor era un mismo individuo, Lotario».
Aun cuando la palabra afuera estuviese tomada en el texto en el mismo sentido que la toma el corrector, no por eso habría necesidad de quitarla, pues todo el mundo sabe, aunque no haya escrito dramas, que cuando las pasiones desconciertan el espíritu este desconcierto ha de pasar naturalmente a las palabras. Nada es más común en los dramas que esas situaciones en que a un mismo tiempo, es decir, en un espacio brevísimo de tiempo, se espera y se teme, se concede y se niega, se desea y se rechaza.
Y no se diga que por ser fingidos los arrebatos de Camila no se hallaba esta en el caso que suponemos, pues a esto se responde que también en los dramas fingen bien los buenos actores, y que Camila al desempeñar su papel de honrada no se hallaría menos conmovida que si dicho papel hubiese sido verdadero.
La corrección del señor Hartzenbusch es, pues, innecesaria aun en el caso de que se tome la palabra afuera en el mismo sentido que él lo ha tomado.
Pero hay más, pues no solamente se ha equivocado corrigiendo la palabra afuera en el sentido que le ha dado, sino que, además, ha dado a dicha palabra un sentido que no tiene en el texto.
Afuera, y esto puede verse en el Diccionario de la Academia, vale en algunos casos lo mismo que fuera de. Ahora, cuando decimos afuera chanzas o fuera de chanzas no decimos que se vayan ni se queden las chanzas, sino no haya más chanzas, terminen las chanzas... En este sentido, pues, está tomada la palabra afuera por Camila.
Pruébase esto porque, tomada en dicho sentido, no resulta la contradicción que ha creído notar el señor Hartzenbusch; y en literatura, lo mismo que en derecho, en los casos dudosos ha de estarse por la interpretación más benigna.
Pruébase también porque no había de decir Camila afuera en el sentido de salga de aquí, refiriéndose a Lotario, que no se hallaba ni delante ni en la casa de ella, sino en la calle.
Pruébase, por último, porque (y esto debió tenerlo presente el corrector, y se hubiera excusado de tomar por equivalentes cosas que son muy distintas) no es lo mismo decir afuera traidores que afuera el traidor, así como no es lo mismo decir mueran los traidores que muera el traidor.
¡Mueran los traidores! es la manifestación de un deseo, que puede existir aun sin conocer a ninguno de los individuos que en general comprende la exclamación; es, digámoslo así, un antema lanzado no al individuo, sino a la especie.
¡Muera el traidor! es una sentencia optativa de muerte, fulminada contra un determinado individuo.
Ahora, Camila no dijo afuera el traidor, sino afuera traidores; y al decir esto no se dirigió a Lotario en particular, como equivocadamente supone el señor Hartzenbusch, sino a la especie traidores en general.
Lo repetimos: no solamente se ha equivocado el corrector corrigiendo la palabra afuera en el sentido que la toma, sino que, además, ha tomado dicha palabra en un sentido que no tiene el texto.
Vamos a dar ahora razón de la puntuación que hemos puesto al lugar del Quijote que nos ocupa. No vamos a meternos en ninguna pedantesca cuestión ortográfica; nuestro objeto es de más importancia.
Hemos escrito Afuera pues traidores porque las comas perjudican a la rapidez y vehemencia con que debe leerse el Afuera pues, cuyas dos palabras han de pronunciarse sin que las separe ningún espacio sensible de tiempo. Si en la partícula pues nos detenemos, por poco que sea, va abajo toda la feroz energía de la frase, pues dicha partícula es por su naturaleza más lógica que interjectiva. Donde está aquí colocada expresa la relación que hay entre la desesperada resolución de Camila y el soliloquio que la precede; y, si bien esta relación se manifiesta, la partícula debe perder su apagado tinte lógico y aparecer teñida con el color vivo de la pasión.
La coma puesta entre pues y traidores haría que esta palabra se hallase en vocativo, y no es este el verdadero sentido que le corresponde; por esta misma razón hemos escrito aquí venganzas, y no aquí, venganzas.
El lugar que nos ocupa es altamente trágico, y se distinguen en él tres tonos diferentes.
Los dos primeros arranques, ¡Afuera pues traidores! ¡Aquí venganzas! tienen el tono lleno y enérgico de una resolución desesperada que atropella por todo. Las palabras ¡Entre el falso, venga, llegue, muera, acabe tienen el tono tembloroso y reconcentrado de la rabia, son los golpes del puñal que el vengativo clava repetidas veces con infernal complacencia en el seno de su mortal enemigo. Por último, la conclusión y suceda lo que sucediere tiene el tono sordo reconcentrado y algo lento del furor presente, modificado por el horror y consecuencias del crimen que se va a ejecutar.
La puntuación que hemos puesto en este lugar del Quijote es, en sustancia, la misma que tiene en la edición hecha por la Academia.
(Se continuará)
Zacarías Acosta