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«El maestro Juan de Mal Lara. Apuntes biográficos»
- Autor del texto editado
- Gómez Aceves, Antonio
- Título de la obra
- Revista de ciencias, literatura y artes, vol. IV, 1857
- Autor de la obra
- Cañete, Manuel (dir.) Fernández Espino, José (dir.)
- Edición
- Sevilla:
Francisco Álvarez y Compañía,
1857
- Paginación
- pp. 212-217
Fuentes
Información técnica
Encoding: Fátima Rueda Giráldez
EL MAESTRO JUAN DE MAL-LARA
APUNTES BIOGRÁFICOS
Nació este varón de alta virtud y de admirable ingenio en Sevilla el año de 1524. Era su padre un maestro del arte de la pintura, de grande opinión y fama, originario de Alcázar de Consuegra e íntimo amigo del inmortal artífice flamenco el maese Pedro Campaña. Estudió gramática latina en el Colegio de San Miguel de su patria con el acreditadísimo Maestro Pedro Fernández, al cual siempre le profesó singular estimación y marcado cariño. Bastante joven sirvió de paje a los sobrinos de don fray Jofre de Loaiza, cardenal arzobispo de Sevilla, yendo con ellos a Salamanca y después a Alcalá de Henares, en cuya sabia escuela se quedó estudiando Sagrados Cánones, los cuales abandonó en breve para profesar letras humanas. Deseando hacerse consumado en ellas fuera de España, llegó hasta Barcelona, donde oyó con mucho aprovechamiento las luminosas lecciones de un insigne literato francés que a la sazón florecía en aquella rica metrópoli del Principado de Cataluña. De allí lo sacaron para maestro del acaudalado barón de la Laguna, y, habiendo permanecido algún tiempo a su servicio, se volvió a Salamanca, centro de las bellas letras y del buen gusto, y en la casa del famoso León de Castro hizo el oficio de repetidor o ayudante en compañía del célebre Francisco Sánchez, conocido por el Brocense, y de otros doctísimos varones.
Volvióse a Sevilla, como buen hijo, a asistir a sus padres en su ancianidad y a socorrerlos en su pobreza. Al poco tiempo hizo compañía con el sapientísimo maestro Francisco de Medina, llamado el Griego, por lo bien que sabía y manejaba este idioma. 1
Por su ausencia ocupó Mal Lara su cátedra, establecida en la calle de los Catalanes. De allí pasó a la Laguna, hoy Alameda de los Hércules, donde tuvo muchos y muy ilustres discípulos, entre los cuales sobresalía el maestro Diego Girón. Muertos sus padres, viéndose ya solo en el mundo, como la palmera del desierto, contrajo matrimonio con doña María Ojeda, natural de la cercana villa de La Rinconada, doncella honesta, hermosa e inteligente; dignísima, por cierto, de ser la esposa de tan elevado humanista, de la cual no tuvo hijos. El maestro Juan de Mal Lara tenía un rostro bellísimo, compasivo, simpático e insinuante, y un cuerpo esbelto y airoso. 2 Fue muy estimado del gran monarca don Felipe II, como lo demuestran sus palabras en la Descripción de la Popa de la Galera Real, diciendo: «Estando yo en Madrid en 1566 mandaba S. M. aderezar seis cuadros, de mano de Ticiano, los más dellos que contenían las penas de Prometeo, Titifo, Yxión, Tántalo, Sísifo y las hijas de Danao. Para los cuales hice, a cada uno, cuatro versos latinos y una octava, que agradablemente fueron admitidos por S. M.». Tuvo particular amistad con Cristóbal de las Casas, Fernando de Herrera, el maestro fray Luis de León, Gutierre de Cetina, Baltasar del Alcázar, Gerónimo Cangas, Francisco Pacheco, Luis de Vives, Pedro Mexía, Benito Arias Montano, el maese Pedro Campaña, Luis de Vargas y con todos los sabios humanistas y artífices sevillanos de su tiempo.
Estimó mucho sus elevados, arrogantes y castizos versos en las Anotaciones a Garcilaso su íntimo amigo Fernando de Herrera, diciendo: «que en su muerte perdieron las buenas letras mucha parte de su valor y nobleza.»
Habiendo venido de Granada de ofrecer al ilustrado duque de Sesa la traducción de Scanderbego, rey de Epiro, valiente capitán de Cristo, fue atacado de una cruel enfermedad, de la cual murió en la Plazuela del Solano, collación de la parroquia de San Martin, el año de 1571, a los 47 de su edad, entre los amorosos brazos de su fiel esposa doña María Ojeda y los de su queridísimo discípulo Diego Girón, que le sucedió en la cátedra, dejando una dulce memoria de su gran virtud y de su inmensa sabiduría.
A pesar de nuestras más prolijas tareas, no hemos todavía llegado a descubrir donde están sepultados los venerandos restos mortales del maestro Juan de Mal Lara, del gran Murillo de la literatura sevillana, pero creemos, con bastante fundamento, que estarán en la bóveda de la Hermandad Sacramental de la parroquia de San Martin de Sevilla, de la que era hermano y feligrés.
La muerte de Mal Lara fue llorada no solo por sus numerosos discípulos, sino también por todos los amigos del buen gusto. Los cisnes de la Bética cubrieron sus citaras de ébano triste, con blondos crespones funerarios, para expresar claramente su agudo dolor y amargo sentimiento. Todos vinieron a salpicar su tumba de frescos alhelíes, de eternas siemprevivas. Entre ellos sobresalieron Gutierre de Cetina, Baltasar del Alcázar, Juan de la Cueva, Gerónimo Cangas, y el arrogante Fernando de Herrera, el cual, con inspirado acento, lloró la muerte de su dulce amigo, en una sentidísima elegía. 3
Muchas son las obras literarias, ya publicadas, ya inéditas, que se conocen de este gran fundador, de este gran príncipe de la Escuela Sevillana, pero más serán quizá las que se han perdido por el rigor de los tiempos o por la indolencia punible de los hombres. Las dadas a la estampa son: La filosofía vulgar, primera parte, que contiene mil refranes glosados (Sevilla, 1568). En esta obra, bajo el sencillo lenguaje de los refranes, se enseñan sublimes máximas cristianas; Recebimiento que hizo la Ciudad de Sevilla al Rey Don Felipe II, con una breve descripción de la Ciudad y su tierra (Sevilla, 1570); Hércules, poema heroico de 48 cantos, en octavas rimas. En esta obra campean el criterio, la erudición y el más delicado gusto clásico. En ella elogia mucho a Baltasar del Alcázar. Por la diligencia y la solicitud incansables del maestro Mal Lara se dio a luz la siguiente obra: Aptonii Sophiste progymnasmata cum Latina versione et scholiis Francisci Scobarii.
Las obras inéditas son las siguientes: Descripción de la Galera Real del Serenísimo señor don Juan de Austria, capitán general de la mar; Crónica de los Apóstoles de Nuestro Redentor, obra, según dice el licenciado Cristóbal Mosquera de Figueroa, piadosísima y de mucho estudio, 3 Las notas a los Emblemas de Alciato (en esta obra, peregrina y curiosísima, también campea la más severa crítica); Psiquis, poema en doce libros, de rima suelta; Escolios de retórica sobre las introducciones de Aftonio (este libro manuscrito le sirvió de texto muchos años en su aula); Principios de Gramática (esta obra la daba también de texto en su cátedra); Anotaciones a la Sintaxis de Erasmo, obra utilísima para los jóvenes más adelantados en el arte; también la escribió para servirle de texto; Traducción del griego al latín del libro primero de la Ilíada (esta es una versión muy fiel y elegante); Tesoro de Elocuencia (esta obra manuscrita le servía de texto). En ella, como las rosas esparcidas sobre el verde manto de sus praderías, se hallaban todas las bellezas de la retórica, todas las lumbres más claras de la oración, todos los colores más vivaces del lenguaje. «Compuso ⎼dice el citado Mosquera de Figueroa⎼ tragedias divinas y humanas, adornadas de maravillosos epigramas, odas y versos elegiacos, así latinos como españoles, imitaciones y traslaciones de muchos epigramas griegos». La mayor parte de estos preciosos manuscritos ya no existen. ¡Dolor amargo para la literatura española! Finalmente, escribió unas brillantísimas octavas a La Muerte de Orfeo, las cuales dieron origen a este bello soneto inédito de Juan de la Cueva:
AL DOCTÍSIMO MAESTRO
JUAN DE MAL-LARA
HABIENDO HECHO UNA OBRA
A LA MUERTE DE ORFEO.
Detened la soberbia, padre Eolo,
no sople el viento, refrenad su ira;
de Mal Lara escuchad la sacra lira,
resonante del uno al otro polo.
La que hace descender al sacro Apolo 5
y al Po glorioso el curso atrás retira,
suspende el cielo, y lo terrestre admira
de su alto ingenio el esplendor tan solo.
Muy más que el Noto volará la Musa,
dulce y suave cual panal hibleo, 10
y en gracias rica y en saber difusa,
del que apuró el raudal del claro Olmeo,
y a la envidia sin voz dejó y confusa,
llorando sin rival al grande Orfeo.
Estas son, pues, señora mía, las noticias biográficas y literarias que revisando archivos apolillados y consultando borrosos manuscritos he podido, hasta el día, recoger del incomparable Maestro Juan de Mal-Lara. En mi segunda carta daré a usted las del mestro Diego Girón, las cuales son también muy curiosas e interesantes para escribir la verdadera historia de la literatura sevillana. Dios me guarde a usted muchos años, como deseo.
Antonio Gómez Aceves