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Prensa y canon · Polémicas

«Demostraciones críticas para los lectores de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, impreso en Argamasilla de Alba. Continuación»

Autor del texto editado
Acosta y Lozano, Zacarías
Título de la obra
El Museo universal, año VIII, n.º 52, 25/12/1864
Autor de la obra
Gaspar y Maristany, José (dir.) Roig, José (dir.)
Edición
Madrid: Gaspar y Roig, 1864
Paginación
p. 410
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Carmen Calzada Borrallo
Encoding: Fátima Rueda Giráldez
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
Este documento sigue los criterios y lenguaje cifrado de TEI http://www.tei-c.org/about/website
Sevilla, 29 mayo 2025

Demostraciones críticas para los lectores de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, impreso en Argamasilla de Alba

(Continuación)


Párrafo V.

Parte I, cap. XVI. Nota 119, tomo I.

Diremos cuatro palabras antes de copiar el texto.

El arriero que ve detenida por don Quijote a la cogotuda asturiana, no pareciéndole bien la burla, enarbola el brazo y (dejándolo caer, por supuesto) descarga la más furibunda puñada sobre las estrechas quijadas del andante caballero. Súbese después sobre sus costillas y paséaselas más que de trote; de tal modo que el lecho en que yacía el pobre señor, cediendo a tan diabólico impulso, viene al suelo, a cuyo gran ruido despierta el ventero; y como ya sabía las mañas de Maritornes, vase derecho a buscarla, no diciendo ¿quién es ella? (como se cuenta que cierto juez decía), sino ella es.

Texto de Cervantes. «La moza, viendo que su amo venía, y que era de condición terrible, toda medrosica y alborotada, se acogió a la cama de Sancho Panza que aún dormía.»

En lugar de que aún dormía, ha puesto el señor Hartzenbusch, que aunque mal ya dormía, y da de esta enmienda la siguiente razón: «Aún debe ser parte de un aunque y luego vendría el adverbio mal, 1 porque antes (pág. 135, segundo párrafo) se nos dice de Sancho: Aunque procuraba dormir no lo consentía el dolor de sus costillas».

Cierto es que antes se dice eso, pero no por eso dejó de dormirse; prueba clara de que el dolor fue vencido por el sueño. Y no puede decirse que dormía mal, como escribe el corrector, porque bien, y muy bien debía dormir cuando no fue bastante para despertarle el gran ruido que despertó al ventero, que mucho más lejos que Sancho se hallaba de la nocturna refriega.

Que aún dormía expresa dos cosas: que Sancho dormía al tiempo que Maritornes fue a acogerse a su lecho, y que (esto corresponde a el aún) , contra lo que parecía natural, no había sido bastante para despertarle todo el estrépito de aquella infernal bataola.

Es verdad que Cervantes no determina el momento en que Sancho se durmió, pero sobre que al fin cogió el sueño no hay duda, y tampoco la hay sobre que dormía profundamente, y por consecuencia bien al tiempo en que se llegó a su lecho la caritativa asturiana.

Párrafo VI.

Parte II, cap. XV. Nota 92, tomo III.

Texto de Cervantes. «Aceptolo Carrasco y ofreciósele por escudero Tomé Cecial, compadre y vecino de Sancho Panza: hombre alegre y de lucios cascos.»

El señor Hartzenbusch corrige este lugar poniendo Aprestose por Aceptolo; y dice, refiriéndose a esta última palabra: «Otra cosa escribiría Cervantes, porque la de salir a encontrarse con don Quijote fue parecer particular del mismo Carrasco».

¿Y dónde se halla en el lugar del Quijote a que se refiere el corrector el sujeto del artículo lo que va incluido en aceptolo?

Lo que Carrasco acepta no es el encargo de salir a encontrarse con don Quijote, sino que acepta por escudero a Tomé Cecial, que por escudero se le ofrece.

«Aceptolo Carrasco y ofreciósele por escudero Tomé Cecial» es lo mismo que «Ofreciósele por escudero Tomé Cecial y aceptolo Carrasco».

Lo que hay que notar en este lugar es el dominio que tenía Cervantes en su idioma.

Ha invertido el orden de las ideas, –pues es primero ofrecer que aceptar–, pero por medio de esta inversión ha conseguido expresar su pensamiento de la manera más expedita y elegante.

Hagamos un ensayo.

Dando ahora a las ideas su orden natural, y probando a decir lo que Cervantes dijo, escribamos: Ofreciósele por escudero Tomé Cecial, y aceptolo Carrasco… Esto escrito, tendríamos que volver de nuevo a Tomé Cecial para decir quién era, y ya esta vuelta destruiría toda la soltura y gracia de la frase. Pruebe cualquiera a ver de expresar con más sencillez, elegancia y precisión lo que dicen las tres o cuatro líneas del texto de Cervantes, colocadas al principio de este párrafo.

Párrafo VII

Parte II, cap. IX. Nota 65, tomo III.

Texto de Cervantes. «En fin, el propio día al anochecer descubrieron la gran ciudad del Toboso, con cuya vista se le alegraron los espíritus a don Quijote y se le entristecieron a Sancho, porque no sabía la casa de Dulcinea, ni en su vida la había visto, como no la había visto su señor.»

En lugar de como no, escribe el señor Hartzenbusch, como casi no, y dice: «El casi, que en ninguna edición se halla, es preciso para que no haya contradicción absoluta entre lo que se dice aquí de don Quijote, y lo que él expresó en la parte primera, capítulo XXV, donde se lee: “En doce años… que ha que la quiero… no la he visto cuatro veces”. Aunque no la viera, sino de prisa de lejos una sola vez, ya no podía sostener que no la había visto».

La corrección hecha por el señor Hartzenbusch tiene por fundamento que la oración ni en su vida la había visto se refiere a Dulcinea, siendo así que se refiere a la casa de Dulcinea. El supuesto es, pues, falso; la corrección que es su consecuencia no es válida.

Vamos a analizar, ciñéndonos a lo absolutamente necesario, las dos oraciones: «Sancho no sabía la casa de Dulcinea; … ni en su vida la había visto».

El pronombre la de la segunda oración se refiere al nombre casa y no al Dulcinea de la primera: 1º como pronombre de tercera persona que siempre dice relación a la más remota de las cosas que intervienen en la conversación o frase; 2º como término directo del verbo ver, enlazado mediante la conjunción negativa ni, correlativa de no con el término directo casa del verbo principal de la oración primera, que es saber; 3º no siendo Dulcinea más que un complemento determinativo de casa, el pronombre la no puede referirse a aquellas, sino se expresa claramente con el pronombre demostrativo esta, en cuyo caso se diría: «Sancho no sabía la casa de Dulcinea, ni en su vida había visto a esta».

Examinemos ahora la cuestión mirándola bajo otro punto de vista y dejando a un lado otras muchas razones gramaticales que pudieran darse.

El objeto que Cervantes se propuso en las oraciones que nos ocupan fue poner bien a la vista la apurada situación de Sancho, si quería dirigirse sin extraño auxilio a la casa de Dulcinea.

«Sancho no sabía la casa de Dulcinea» dice en la primera oración, pero esto aún era poco, porque podía no saberla y, sin embargo, haberla visto alguna vez, lo cual ya podría servirle de algún auxilio para buscarla y dar con ella. Pues bien, para significar que ni este recurso le quedaba al pobre escudero, añade después: «ni en su vida la había visto». ¡Y ya se ve que no la había visto!, como que fueron inverosímiles mentiras cuanto dijo de su viaje al Toboso en los sabrosos razonamientos que tuvo con don Quijote, parte primera, capítulo XXXI.

Por último, «Sancho no sabía la casa de Dulcinea, ni en su vida la había visto» es lo mismo que «Sancho no sabía, ni en su vida la había visto, la casa de Dulcinea».

Las palabras, como se ve, son las mismas, y si Cervantes prefirió el primer modo de colocarlas al segundo fue porque su oído maestro le llevó a la manera de decir más llena y galana. Por eso mismo, no dijo el malogrado Larra: «Señor don Pedro, ¡así como sabe usted escribir supiera usted leer!», sino «¡Así supiera usted leer, señor don Pedro, como sabe usted escribir!».

Párrafo VIII.

Parte II, cap. LIX. Tomo IV.

Texto de Cervantes. «No comía don Quijote de puro pesaroso, y Sancho no osaba tocar a los manjares que delante tenía, de puro comedido, y esperaba a que su señor hiciese la salva, pero viendo que llevado de sus imaginaciones no se acordaba de llevar el pan a la boca, no abrió la suya, y atropellando por todo género de crianza, comenzó a embaular en el estómago el pan y el queso que se le ofrecía».

Pellicer corrigió este lugar suprimiendo el no que hemos subrayado, y el señor Hartzenbusch sigue en esto a Pellicer, sin decirnos la razón que para ello ha tenido.

Lo que sin duda puso en confusión a Pellicer fue cómo pudo ingeniarse Sancho para comenzar a comer sin abrir la boca. 2 En efecto, esto no es nada fácil, pero sí lo es comenzar a comer sin hablar palabra, y eso fue lo que hizo Sancho, y eso es lo que dice Cervantes.

No abrió la suya vale donde está escrito tanto como no habló palabra.

Nadie ignora que no abrió su boca, no desplegó sus labios son modismos castellanos que significan no romper el silencio. Vaya un vulgar ejemplillo, quizás no estará de más.

Así una fingida tía,
vil aguilucho rapante,
a cierta doncella andante
en Salamanca decía:
«Oro son triunfos, Luz mía 5
a don Diego hay que asirse.
Deja a una necia el morirse
de amor o volverse loca».
Y Luz, sin abrir su boza,
bostezó y fingió dormirse. 10


De ninguna manera se afirma aquí que Luz bostezó sin abrir la boca, lo que se dice es que nada respondió a su tía.

¿No es necedad de a folio advertir que Sancho abrió la boca para comer? Una vez suprimido el no, debieron también suprimirse abrió la suya, y; de este modo el lugar en cuestión quedaría bien, pero no expresaría lo que Cervantes quiso que expresase.

La corrección hecha por Pellicer tiene además el inconveniente de que con ella resulta Sancho en una actitud ridícula y fuera de toda verdad (que es lo malo). En efecto, cuando leemos: abrió la suya… no vemos comer a Sancho –pues abre la boca antes de comenzar a comer–, le vemos sí con la boca abierta, como si estuviera entreteniéndose en arrojar y mirar su vaho en un día rigoroso de invierno.

¿Paréceles a ustedes, señores correctores, que es poco trabajo hinchar un perro? ¿Les parece a ustedes que es fácil corregir a Cervantes?

En la edición del Quijote hecha por la Academia se desprecia esta corrección de Pellicer, y se da la razón de ello en una breve nota.

Ahora, si la Academia tuvo razón, ¿por qué no se la ha seguido?, y si no la tuvo ¿por qué no se la ha refutado?

(Se continuará)



ZACARÍAS ACOSTA

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