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Prensa y canon · Biografías

«BIOGRAFÍA. Concluye el artículo de don Pedro Calderón de la Barca»

Autor del texto editado
Sin firma
Título de la obra
Miscelánea de comercio, artes y literatura, n.º 45, 11/2/1820
Autor de la obra
Burgos, Francisco Javier de (dir.)
Edición
Madrid: Imprenta de Repullés, 1820
Paginación
pp. 3-4
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Juan Montero
Encoding: Fátima Rueda Giráldez
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Sevilla, 28 mayo 2025

BIOGRAFÍA

Concluye el artículo de don Pedro Calderón de la Barca


Las comedias de este se imprimieron muchas veces separadamente durante su vida y después de su muerte; pero aún no había un año que descansaban en paz sus cenizas cuando su amigo y discípulo don Juan de Vera, Tasis y Villarroel hizo en Madrid una edición en 4º de todas las comedias de su maestro, la cual fue recibida con mucho entusiasmo. En ella hay una noticia de la vida de Calderón, escrita por el editor en el estilo extravagante de su tiempo, y una apología pedantesca de las comedias, hecha por el padre maestro Guerra. Estos dos escritos se reimprimieron también en la nueva edición de las obras de Calderón, que en 1760 hizo en Madrid en diez tomos en 4º don Juan Fernández de Aponte, la cual es seguramente mejor que la primera. Las comedias que componen esta colección son 109, de las cuales 46 se representaron delante de sus majestades en el coliseo del Buen Retiro, y en el salón del Real Palacio; pero estas no son seguramente las mejores de nuestro poeta, como se puede inferir fácilmente por la sola consideración de que las piezas que allí se representaban eran por lo común de aparato, y que en ellas se buscaba sobre todo la riqueza en los trajes y el brillo de las decoraciones.

De las comedias de Calderón se han refundido muchas en estos últimos tiempos, y, según lo que creemos, más que de ningún otro autor dramático de su tiempo, mereciendo sin duda esta preferencia, ya por el interés y la variedad de sus argumentos, ya por la pompa extraordinaria de su versificación. Fedriani, apuntador de uno de los teatros de esta corte, refundió La vida es sueño, Afectos de odio y de amor y Mujer llora y vencerás; Dionisio Solís, apuntador jubilado de los mismos, refundió el Tetrarca de Jerusalén y el Astrólogo fingido; don N. Castrillón El alcalde de Zalamea, y no sabemos si estos mismos o algún otro refundieron alguna más. En el Tetrarca la acción de la pieza se ha quedado más expedita, por haberse suprimido el ridículo papel de un gracioso, que a cada momento debilitaba con bufonadas insulsas el terror que inspira la representación, y la misma ventaja poco más o menos han logrado las demás, aun cuando en muchas de estas y de todas las refundidas quede infinito que enmendar. Al oír los títulos de las que hemos citado de Calderón, los hombres que conozcan bien el teatro de este gran ingenio no podrán menos de lamentarse de que los refundidores, excepto el del Astrólogo fingido, hayan empleado su trabajo en tragedias y comedias heroicas, que son las menos a propósito para ser refundidas, cuando empleándolo en alguna de las de capa y espada hubieran hecho un servicio importante al teatro, y podido ganar más gloria. Nosotros no extrañamos, sin embargo, esta especie de preferencia, que está fundada en la necesidad de ahorrar trabajo, como debe hacerlo todo aquel a quien no se recompense el suyo.

Los autos sacramentales de Calderón los sacó a luz por primera vez en Madrid en 1717 en seis tomos en 4º don Pedro de Pando y Mier, a quien el ayuntamiento de la villa, legataria del difunto poeta, le cedió el derecho que tenía sobre dichas obras. Viviendo Calderón, parece que solo se había impreso un tomo en 1676, y eso porque el autor, con cuyo nombre se hacían diariamente ediciones furtivas de obras malas y buenas, temió que le echasen a perder o le desfigurasen los autos, como lo habían hecho con sus comedias ciertos especuladores codiciosos. Este temor era muy natural, pues que ninguno de los autos representados en el espacio de más de 30 años que tuvo Calderón esta comisión se había impreso jamás ni en colección, ni separadamente, y por consiguiente no había un original a que referirse. Cada uno de los seis tomos de la edición de Pando, hecha con arreglo a los originales que se le franquearon del archivo de la villa, consta de doce autos, de manera que en todos componen setenta y dos; pero no se crea que estos fueron los únicos que compuso Calderón, sino los que se representaron al rey y a los consejos en diferentes ocasiones, y particularmente en la fiesta del Corpus. Muchas de las ciudades considerables de España encargaron también a Calderón sus autos para la misma solemnidad; pero estas composiciones se consideraban casi como propiedad de las ciudades para quienes se hacían, o a lo menos se escrupulizaba de darlas a luz sin acuerdo de ellas: y así, sin duda por evitar trabajo, el editor de Madrid se contentó con los que sacó del archivo de esta corte, y dejó los representados fuera, cuyo número era mucho mayor que el de los impresos.

Los autos sacramentales de Calderón son, sin duda, menos apreciables que sus comedias, pues a los vicios de su estilo, casi siempre enfático, campanudo, falso y amanerado, si es permitido usar de esta voz, juntó en ellos nuestro poeta todos los que lleva ordinariamente consigo la alegoría, y particularmente cuando esta se prolonga. Una u otra vez se puede con mucho talento y gusto hacer una alegoría ingeniosa y delicada, en que todo lo alusivo corresponda rigurosamente a lo real; pero es un dislate imaginar que en composiciones largas, como comedias en tres actos, y siendo muchos los personajes, la alegoría pueda ser seguida, constante e inteligible. Nosotros recordamos en este momento haber leído en un auto sacramental de Montalbán, en boca de un Polifemo alegórico, y hablando con una pastora, que sin duda representaba a Eva, estos cuatro singulares versos:

Si fruta se le antoja a tu deseo,
cuanta quisieres te pondré a la puerta,
excepto las manzanas, porque creo
que te supieron mal en una huerta.


Las alegorías de Calderón no son mejores, pero siempre se necesita una gran travesura de imaginación solo para concebir los planes, y hacer una u otra alusión justa y oportuna, como lo son las suyas algunas veces. De la versificación no hay que hablar: nosotros creemos que, principalmente para décimas y redondillas, Calderón es el primer versificador de España; y así es que los amantes de los versos armoniosos hallan siempre interés y diversión en la lectura de sus autos, por otro lado tan extravagantes, censurados con mucha razón por todos los literatos, y prohibida con mucha justicia su representación por Real Cédula de 11 de junio de 1765, expedida a instancias del arzobispo de Toledo, conde de Teba.

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