«Galería dramática o colección de los trozos y pasajes más bellos contenidas en nuestras comedias antiguas, obra que se publicará por cuadernos, de diez en diez días, desde el primero de septiembre próximo. Cada cuaderno constará de cuatro pliegos de impresión: los tres primeros dedicados al objeto principal de la obra, y el cuarto, con el título de Variedades, se compondrá de artículos literarios cuya naturaleza se especifica en el prospecto. Se suscribe a los referidos cuatro pliegos de cada entrega, que serán en octavo, de buen papel y en letra de breviario, a cuatro reales de vellón o doce al mes, en Madrid, en la librería de la viuda de Cruz frente a las gradas de San Felipe, llevando los números a casa de los señores suscriptores, y a cinco y quince en las administraciones principales de correos de todas las provincias. En la misma librería se distribuye el prospecto»
- Autor del texto editado
- "Matusalén"
- Título de la obra
- El Jorobado, n.º 142, 16/08/1836
- Autor de la obra
- Edición
- Madrid:
Imprenta de Pascual,
1836
- Paginación
- pp. 2-3
Fuentes
Información técnica
Encoding: Fátima Rueda Giráldez
Galería dramática o colección de los trozos y pasajes más bellos contenidas en nuestras comedias antiguas, obra que se publicará por cuadernos, de diez en diez días, desde el primero de septiembre próximo. Cada cuaderno constará de cuatro pliegos de impresión: los tres primeros dedicados al objeto principal de la obra, y el cuarto, con el título de Variedades, se compondrá de artículos literarios cuya naturaleza se especifica en el prospecto. Se suscribe a los referidos cuatro pliegos de cada entrega, que serán en octavo, de buen papel y en letra de breviario, a cuatro reales de vellón o doce al mes, en Madrid, en la librería de la viuda de Cruz frente a las gradas de San Felipe, llevando los números a casa de los señores suscriptores, y a cinco y quince en las administraciones principales de correos de todas las provincias. En la misma librería se distribuye el prospecto
¡Gracias a Dios! Creí que no acababa nunca de poner el encabezamiento, y eso que me ha vuelto don Segundo tan económico, hasta de palabras, que no empleo más que las absolutamente indispensables. Ahora bien, lector benévolo, si la voz de gallina llueca del Jorobado puede mover tu corazón generoso, te ruego encarecidamente que no confundas esta empresa con algunas otras que verás anunciadas por las esquinas y contribuyas por tu parte, si tus facultades e inclinación te lo permiten, a que no se malogre un proyecto en el cual se interesa nuestra gloria literaria.
Si eres hombre a quien esta consideración no hace ninguna fuerza, acaso te la hará la certidumbre de que en la Galería dramática hallarás un manantial inagotable de instrucción y placeres, lo que para los tiempos que corren no deja de ser cucaña.
Si crees que sabes cuanto hay que saber, y no te divierte otra cosa que lo que va a parar a la barriga o tiene inmediata relación con alguna otra parte de tu cuerpo, tal vez te decidirás a suscribirte reflexionando que esta obra puede influir saludablemente en la moral pública y las buenas costumbres, lo que basta para recomendarla a los ojos de todos los que tienen mujer, hijos, hijas, parientes, amigos y relaciones en la sociedad.
Por último, si no eres aficionado a las buenas costumbres y estás firmemente decidido a no gastar tu dinero en comprar papel impreso, échate otro nudo al bolsillo y buen provecho te haga; pero, al menos, no murmures de la mencionada Galería, calificándola de especulación mercantil y a sus editores de charlatanes, tramoyistas, escritores famélicos y otras mil lindezas que pudieras decir para disculpar tu cicatería.
Con efecto, si tal hicieses, sería la injusticia más notoria, porque yo conozco a los susodichos y sé que, lejos de mirar su proyecto como una empresa lucrativa, se darán con un canto en los pechos si no se ven obligados a abandonarle por no ser suficiente el número de suscriptores para cubrir los gastos. En cuanto al estímulo que los mueve, ellos te lo dicen en su prospecto, y, como yo no lo he de hablar mejor, me remito al mismo y te aconsejo que lo leas con atención, lo que no te costará más trabajo que el de pasar por la librería y pedirlo.
Por lo demás, entretanto que los bolsillos españoles no progresen lo bastante para que se puedan reimprimir y vender las obras completas de nuestros antiguos dramáticos, lo que me temo que no se verificará tan pronto, entretanto, pues, que se verifica, este es el único medio que nos queda de conservar los mejores títulos literarios que podemos presentar a los extranjeros para que no nos excluyan del número de las naciones sabias.
Digo que son los mejores títulos, porque, en efecto, el Quijote, aunque es la primera de todas las obras de filosofía y amena literatura, no es más que una obra. Nuestros historiadores imitaron perfectamente a los antiguos, pero no los desbancaron. Los autores ascéticos o se leen generalmente con un fin piadoso o no se leen, y, por de contado, son casi desconocidos de los extranjeros. En la poesía lírica y épica, exceptuando un corto número de composiciones y trozos, tenemos que ceder también a los antiguos, y a los italianos entre los modernos. Quiere decir que en nada hacemos el primer papel si no es en la poesía dramática. Pero en esta le hacemos y es tan inmensa nuestra superioridad, por más respetables que sean los nombres que nos citen en favor suyo los extranjeros, que el ser tan inmensa es lo que hace más difícil demostrar esta verdad matemáticamente, porque no sabe uno qué escoger, ni qué dejar, sea en punto a invención, a filosofía, a elocución, a chistes, a todo cuanto Dios creó.
Debemos, pues, dar gracias a los que intentan, a lo menos, levantar este monumento a nuestra gloria nacional; y no sé cómo habrá individuo bípedo a quien le sobren tres pesetas y dos cuartos para ir a ver el Antony, que no prefiera ahorrarse los dos cuartos y adquirir nueve pliegos de impresión, en donde halle para admirar y reír en su casa y para lucir en la sociedad lo mejor que han dicho los genios más eminentes de España.
Resta saber si los que han tomado a su cargo esta empresa son hombres capaces de desempeñarla; porque, a pesar de que yo los recomiendo, en materia de recomendaciones el lector debe estar algo desconfiado, pues, sin hablar de las políticas, porque este es cuento largo, ni del famoso matachinches de mister Sturmer, ni de la acreditada sopa de ravioles, ni de la comedia que tanto gustó al público cuando se representó hace tantos años, ni de la que tanta aceptación ha merecido en los teatros de París, ni de la que es parto de uno de nuestros más chistosos poetas modernos, ni de la que es de un joven primerito que hace concebir las mayores esperanzas, ni de nada de esto, en fin, vemos que lo que antiguamente solo se usaba en misa mayor, que es pasarse los sacerdotes el incensario e incensarse alternativamente, ahora es cosa común, no digamos que en las Cortes, Academias y Ateneos, sino en los periódicos al dar cuenta de las respectivas producciones. Así como lo es hacer lo que hacen las yeguas cuando barruntan al lobo, que es formar rueda cabeza con cabeza y recibir a todo lo que no sean ellas enseñándoles los talones.
Quiere decir que el lector prudente y que no quiera llevarse un chasco verá los primeros cuadernos de la Galería dramática, y, si no halla en ellos lo que se le había prometido, dirá que sus editores son unos trompeteros y otro que tal baila.
Matusalén