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Prensa y canon

«Folletín. Teatros. Príncipe. Revista del primer mes. [...] Garcilaso de la Vega, drama original nuevo, de D.G.R.L. [...]»

Autor del texto editado
Sin firma
Título de la obra
El Correo Nacional, n.º 862, 29/6/1840
Autor de la obra
Borrego, Andrés (dir.)
Edición
Madrid: Imprenta de El Correo Nacional, 1840
Paginación
pp. 2-3
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Mercedes Comellas
Encoding: Fátima Rueda Giráldez
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
Este documento sigue los criterios y lenguaje cifrado de TEI http://www.tei-c.org/about/website
Sevilla, 16 mayo 2025

FOLLETÍN.

Teatros. Príncipe. Revista del primer mes. [...]

Garcilaso de la Vega, drama original nuevo, de D. G. R. L. [...]


GARCILASO DE LA VEGA. El público escuchó este drama al principio con agrado, con frialdad después, y a su conclusión con muestras de disputarse algunos descontentos y apasionados la calificación de la primera obra dramática de don Gregorio Romero Larrañaga. Adolece por cierto el Garcilaso de aquellos defectos que la inexperiencia logra raras veces salvar, pero que se corrigen por lo común en la práctica, mientras que las dotes en él notadas y aplaudidas son de las que no nacen jamás en el ingenio de quien no las manifiesta desde sus primeros pasos. Si trabaja, si observa, si estudia el señor Larrañaga, le pronosticamos, no obstante el éxito dudoso de su Garcilaso, un buen nombre en la literatura dramática, un nombre igual al que prometerse puede ya entre los poetas líricos de nuestros días.

La causa principal de que no haya tenido mejor suerte el Garcilaso de la Vega consiste en que siendo la trama sencilla en demasía, y cifrándose el mérito del diálogo en toques delicados, que al menor descuido pierden su efecto, necesitaba, más que los abultados dramas a que nuestros actores están hechos, del auxilio de una declamación inteligente y poética. Faltó este auxilio, pues es difícil ejecutar un drama peor que lo fue Garcilaso de la Vega por la mayor parte de los actores; ni siquiera lo habían aprendido de memoria. A no haber sido así, es bien seguro que la falta de interés que no negamos se hubiera salvado a favor de los trozos de suave y dulcísima poesía en que abunda el drama, y de que damos algunas muestras a continuación para que puedan juzgar nuestros lectores.

Una mujer que ama a Garcilaso, y que le sigue a todas partes disfrazada sirviéndole de paje, cuenta así su vida y sus mal pagados amores:

Nací de la Italia hermosa,
en los amenos pensiles;
deslizábase dichosa
la edad primera amorosa
de mis años juveniles 5
...

Su mente ardorosa, inquieta,
su garbo y su donosura,
sus delirios de poeta
eran la imagen perfeta
del ángel de la hermosura. 10

Del Tajo en la roja arena
cantando trovas de amor
pasó mi infancia serena,
siendo su dios Magdalena,
su numen inspirador. 15

Al pie de turbia laguna
junto a mi bien reclinada,
en sueños de mi fortuna
mecía el amor mi cuna
de mil flores salpicada. 20
...

Ceñía yo a sus cabellos
las flores de los jardines;
el alma enlazaba entre ellos;
velaba sus sueños bellos
después de largos festines. 25
...

Su frente miré cargada
como quien siente de enojos,
su mejilla sonrosada,
como de alma avergonzada,
mustios y bajos los ojos. 30

Y amante que en su querida
sus ojos ya no regala
o tiene el alma ofendida
o ya la ilusión perdida
de su donosura y gala. 35

Mis suspiros le decían
mi tormento y mi pasión;
mis palabras le ofendían
y sin eco se perdían
en su yerto corazón. 40


En el segundo acto, en boca de Garcilaso hay los siguientes versos, que brillan por la dulzura del pensamiento, por la delicadeza de la dicción:

Amor y solo amor forma mi historia.
Él me arrancó de mis tranquilos prados,
de mi Toledo, de mi patria hermosa
y del blando dormir de mis cuidados.

Él me ha impelido hacia el horrible estruendo 5
de guerra asoladora
y a trocar por los pálidos claveles
de mis ricos jardines
los sangrïentos laureles,
y por el dulce canto de mi aldea 10
el ruidoso brindar de los festines.

Un ángel de amor, aquí en mi idea;
un ángel de amor, aquí en mi alma,
sostuvo mi ardimiento
y con su blanca palma 15
ornar quiso del bien mi vencimiento.

Y el ángel me engañó, y en noche umbría
hundió su sombra hermosa,
y la palma feliz que me ofrecía
ceñida vi sobre la sien dichosa 20
de otro mortal, que no la merecía.


Si pudiéramos dedicar más espacio que el que esta revista, ya muy larga, permite, analizaríamos más detenidamente a Garcilaso de la Vega, porque damos grande importancia a toda obra original, aun cuando encontremos en ella defectos, siempre que resalten también notables bellezas. Ocasión se nos presentará, no lo dudamos, de hablar del señor Romero Larrañaga como autor dramático esperimentado; con la primera prueba, esperamos que nos dará motivos para hacer los elogios que sus felices disposiciones merecen.

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