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Prensa y canon · Canon poético · Biografías

«Estudios biográficos. A una señora muy amante de los escritores sevillanos. Carta segunda»

Autor del texto editado
Gómez Aceves, Antonio
Título de la obra
Revista de ciencias, literatura y artes, vol. 4, 1857
Autor de la obra
Cañete, Manuel (dir.) Fernández Espino, José (dir.)
Edición
Sevilla: Imprenta de Francisco Álvarez y Compañía, 1857
Paginación
pp. 273-282
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de Google Books. (texto completo)
Información técnica
Editor: Mercedes Comellas
Encoding: Fátima Rueda Giráldez
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Sevilla, 15 mayo 2025

ESTUDIOS BIOGRÁFICOS.

A una señora muy amante de los escritores sevillanos.

Carta segunda


Marchena, 24 de agosto de 1856

Muy señora mía: entre todos los honores que puede tener una ciudad no hay ninguno comparable con el de haber mecido la cuna de los insignes varones que florecieron en las virtudes, en las letras y en las artes. Si la sabia Grecia, si la valiente Roma han llegado hasta nosotros, lo deben exclusivamente a sus Arístides y a sus Cincinatos, a sus Homeros y a sus Virgilios, a sus Timantes y a sus Pharrasios. ¿Qué cosa no muere?, ¿qué cosa no se borra de la memoria de los hombres? Todas. Las obras de la caridad, de la inteligencia y del buen gusto, son las únicas que, traspasando como luminosos fanales las densas oscuridades de los siglos, siguen la invariable marcha de la Providencia omnipotente, de la Providencia restauradora, de la Providencia inmortal. Pregunte usted, si no, a esas populosas tribus del África por sus tradiciones, por sus anales, por sus crónicas, por sus historias. Nada, nada responderán. Y ¿qué podrían decir a usted si se ven faltas de civilización, embrutecidas y amarradas al tenebroso carro de la más crasa ignorancia? Pero, en cambio, pregunte usted a la Italia, a la Francia, a la Alemania, a la Inglaterra, a la Bélgica, a la España, naciones ilustres entre las ilustres, y ellas con sus respuestas le pondrán de manifiesto sus hombres benéficos, sus filósofos, sus historiadores, sus arqueólogos, sus literatos, sus poetas, sus pintores, sus estatuarios, y todos sus demás artífices diciendo: «No, no moriremos jamás, mientras en el corazón humano arda el sagrado fuego de la belleza y de la sublimidad». Tal puede decir Sevilla al mundo entero, por haber mecido la dorada cuna del maestro Diego Girón.

EL MAESTRO DIEGO GIRÓN.

APUNTES BIOGRÁFICOS


Nació este sabio literato en Sevilla en 1530 de padres piadosos, pero de escasos bienes de fortuna. Niño todavía, vislumbraron en su hijo un grande amor a las bellas letras, que con la más atinada prudencia iban alentando, poco a poco, a medida que crecía en años. Puesto a los siete de su edad bajo el cuidado literario del famoso maestro Francisco de Medina, que entonces tenía establecida su aula de retórica en la calle de los Catalanes, dio bien pronto nuestro joven Diego muestras clarísimas de su alta inteligencia, de su consumada aplicación, de su raro adelantamiento. Poco tiempo después, por la ausencia de Sevilla del maestro Medina, pasó a oír las lecciones del brillante mancebo Juan de Mal Lara, que había vuelto de Salamanca y establecídose en su casa, situada en la Laguna, hoy Alameda de los Hércules, donde a la sombra de aquel esclarecido ingenio de aquel grande hombre, siendo su repetidor o ayudante, estuvo muchos años hasta la muerte de Mal Lara, acaecida en 1571.

La casi igualdad de edades, la parecida altura de talentos, la completa semejanza de gustos, la justa similitud de costumbres cristianas, formaron una estrechísima amistad entre el maestro y el discípulo. El estudio filosófico del latín, del griego, del hebreo y del árabe, la constante aplicación a la historia antigua y moderna, la detenida revista de la literatura universal y el concienzudo análisis del habla española, de nuestra rica lengua, ramillete bellísimo de preciadas flores, consiguieron llevar a entrambos al envidiable puesto suspirado por los corazones amantes de las verdaderas glorias mundanales.

Nada hay en la tierra, como usted conoce bien, que se pueda comparar con los halagüeños plácemes, con los deliciosos parabienes, rendidos ante las luminosas aras del saber humano, dados a los buenos escritores. Gozó de ellos a manos llenas nuestro Diego Girón, sirviéndoles por su humilde modestia, tan general en aquellos siglos, no de placeres risueños, sino de pálidas amarguras.

Muertos sus padres y su maestro Mal Lara, el joven Diego Girón se encargó de su cátedra, trasladada ya a una casa en la Barreruela del Solano o Plazuela de Girón, collación de la parroquia de San Martin. El pueblo hispalense lo miraba con amoroso entusiasmo, tributándole el mayor respeto. En él, lleno de júbilo, veía a un dignísimo sucesor de Mal Lara, a un experimentado maestro, a un profesor eminente.

El célebre poeta sevillano Juan de la Cueva, discípulo del maestro Girón, escribió a este tierno asunto el siguiente lindísimo soneto inédito:

AL MAESTRO DIEGO GIRÓN,

HABIENDO SUCEDIDO POR MUERTE DEL DOCTÍSIMO MAESTRO JUAN DE MAL LARA

EN LA LECCIÓN DE SU ESTUDIO

Bien puedes, padre Betis, generoso
de laurel coronar la ibera frente,
premio debido a ti más justamente
que al sacro Arno, ni que al Po famoso,

pues de tus ondas bebe el glorioso 5
joven, de ingenio y letras eminente,
que te hace brillar más excelente
y al árbol que amó Apolo más honroso.

Recibe, oh patria, al docto hijo amado,
por el que arrebatara el hado crudo 10
con airada segur y brazo enhiesto,

que en Girón hallarás cuanto el sagrado
Apolo y cuanto dar Minerva pudo,
y lo que pide tan insigne puesto.


La desconsolada viuda del ilustre Mal Lara, doña María de Ojeda, viendo la honradez, la delicadeza y la cristiandad de Girón, lo casó con su hermana doña Luisa de Grajera, natural de La Rinconada, graciosa e inteligente joven, modelo de virtudes evangélicas. Tuvo de este matrimonio dos hijos, llamado el varón don Nicolao y la hembra doña Flugencia. 1 Pero Dios, en sus juicios inexcusables, no quiso que la hermosa doña Luisa viviese mucho tiempo a su lado, llevándosela al suyo cuando más resaltaban en ella la lozanía, la belleza y los merecimientos. Murió en la fresca primavera de su vida, dejando al maestro Girón ahogado en un mar de tristezas y de lágrimas. Todos los cisnes de la antigua Hispalia, incluso el maestro Girón, lloraron su temprana muerte en dolorosísimas elegías. 2

El maestro Diego Girón siguió viviendo en la casa de la Barreruela del Solano (que había arrendado por dos vidas) en compañía de sus dos hijos y de su respetable cuñada doña María de Ojeda, la cual se desvivía en asistirlos y en cuidarlos con el amor de madre, con ese amor ardoroso y santo que todo lo embellece, que todo lo acalora, que todo lo hace más dulce y placentero. Pero el maestro Girón, delicado hasta lo sumo, no quiso molestarla más en su amarga viudez. Con este buen propósito contrajo segundas nupcias en 1586 con doña Beatriz de Sanabria, señora de calificada nobleza, de extraordinario talento y de mucha hermosura. Mas poco tiempo duró este feliz consorcio, pues el maestro Diego Girón, invadido de una fatigosa enfermedad, asistido por su cuñada doña María de Ojeda, rodeado de sus brillantes discípulos Juan de la Cueva, Cristóbal Mosquera de Figueroa, Luis Pardo y don Diego Félix de Quijada, murió en Sevilla en la Plazuela del Solano, el día 24 de enero de 1590, entre los amantes brazos de su fiel segunda esposa, doña Beatriz de Sanabria, dejando al mundo entero un inmortal ejemplo de su saber y de su cristiandad. Fue enterrado en sepultura que le dieron en la Capilla Mayor de la referida parroquia de San Martín.

Vea usted aquí la modestísima partida de difunto de este grande humanista. En el libro 1º de entierros de la iglesia parroquial de San Martin de Sevilla, al folio 61, se encuentra una que dice así: «En 24 de enero de 1590 años falleció en esta collación Diego Girón, maestro de gramática. Enterróse en esta dicha iglesia; hizo su testamento ante Diego de la Barrera Farfán, en 10 del dicho mes (En el Testamento aparece en 16). Fueron sus albaceas Fernando de León, María de Ojeda y doña Beatriz de Sanabria, su mujer. Dejó a cuerpo presente cuatro misas rezadas. Son las siguientes»: Aquí las misas y los sacerdotes que las dijeron.

Los literatos, los poetas, los arqueólogos, los analistas, los pintores los estatuarios, bañados en copiosas lágrimas, concurrieron a sus tristes funerales. Allí estaba reunida, en melancólica asamblea, toda la inteligencia de la sabia Andalucía. El divino Herrera, el arrogante Cangas, el delicado Cetina, el fecundo Cueva, el festivo Alcázar y los demás grandes poetas sevillanos, lloraron en preciosas endechas la muerte del maestro Girón. 3

Entre las obras latinas de nuestro insigne humanista Girón se cuentan los siguientes: una bellísima Traducción de las Fábulas de Esopo, hecha del griego al latín, e impresa en Sevilla; dejó muchos y muy preciosos manuscritos, entre los cuales sobresalían seis Tratados, en un tomo voluminoso, para la buena inteligencia de Homero, de Píndaro, de Eurípides, de Virgilio, de Horacio y de Tibulo; unos Escolios a Terencio y a Plauto; un brillante Comentario a los Metamorfoseos de Ovidio; unas eruditísimas Notas a los Tristes, del mismo. Unas filosóficas Observaciones a Tácito; unos amenísimos Corolarios a Salustio y, finalmente, varios cantos y poemitas suyos, en latín. 4

También escribió nuestro Girón algunas obras en castellano, perdidas, por desgracia, como las latinas. Entre ellas se distinguían unas sapientísimas Notas a la Fraseología de su maestro Juan de Mal Lara; varias tragedias, silvas, odas, elegías, epigramas a diferentes objetos, y un lindísimo poemita bucólico, intitulado La Pastora de la Rinconada. 5

Ya conoce usted la vida y el número de los escritos del insigne maestro Diego Girón. Ahora le faltan a usted conocer las cláusulas más curiosas de su testamento, otorgado en la ciudad de Sevilla, el día 16 de Enero de 1590, ante Diego de la Barrera Farfán, escribano público de la misma, 6 estando en el lecho de la muerte, en las casas de su morada, Barreruela del Solano o de Girón, distrito de la iglesia parroquial de San Martín.

¡Cuántos nombres de personas doctísimas verá usted en este testamento ¡Qué sencillez, qué pureza, qué rectitud, qué resignación en la voluntad de Dios! ¡Siglos dichosísimos, en los cuales el sabio testaba de esta manera, nunca jamás moriréis en la memoria de los hombres!

TROZOS DEL TESTAMENTO DEL MAESTRO DIEGO GIRÓN


«Cuando fallecimiento de mí acaeciere, mando que mi cuerpo sea sepultado en la iglesia de San Martin, de esta ciudad, en la Capilla Mayor, en la sepultura que allí me fue dada, y el día de mi entierro, estando mi cuerpo presente, siendo hora, o si no otro día siguiente, digan por mi ánima una misa de requiem cantada, solemne con diácono y subdiácono, y capas, y con toda celebridad, e más cuatro misas rezadas, y se lleve la ofrenda, y se haga mi entierro al parecer de mis albaceas».

«Debo a Felipe Ruiz, 7 clérigo en San Martín, dos reales, y más le tengo yo prestado un libro de Jansenio, 8 sobre los Salmos de David; páguesele el dinero y cóbrese el libro».

«Al padre la Cerda, de la Compañía, cuatro reales le debo; mando que se paguen». 9

«Declaro, que debo al licenciado Lope de Molina cuatro reales; que se le paguen; e más le tengo yo un libro al dicho licenciado de latín, pequeño, que él conocerá; mando que se le vuelva». 10

«A Don Alonso de Guzmán debo seis ducados que me prestó; mando que se los paguen». 11

«Debo a Valdés, estudiante, ocho reales, que me dio para comprarle un libro; mando que se le paguen». 12

«Entre mis libros tengo uno que se intitula Ginés de Sepúlveda, este es del maestro Francisco de Medina, en casa del duque de Alcalá; vuélvanselo». 13

«Tengo de Pedro Jiménez, mi compadre, dos libritos chicos; pueden valer ambos tres reales; désenle los tres reales que valen». 14

«Me debe don Diego de Avellaneda, que vive a Santo Andrés, sesenta reales de unas calzas de seda negra que le di». 15

«Me debe Diego de Melgarejo, bordador, que vive a la Alfalfa, en casa del Licenciado Lara, 16 doscientos y veinte e dos reales, que he lastado por él; mando que se cobren».

«Y para pagar y cumplir este mi testamento dejo e nombro por mis albaceas e testamentarios a Hernando de León, 17 clérigo, vecino de Sevilla, en la collación de San Martín, y a María de Ojeda, mi cuñada, y a doña Beatriz de Sanabria, mi mujer, a los cuales, y a cada uno cualquier de ellos, por sí in solidum, doy poder cumplido e bastante para que puedan entrar e tomar, vender e rematar tanto de mis bienes cuanto bastaren e fueren menester, para pagar e cumplir este mi testamento».

Ya está usted, señora mía, satisfecha cumplidamente en sus laudables deseos, y yo contentísimo por haberlos llenado. Ya conoce usted las interesantes vidas y el número de los sabios escritos de los respetables humanistas sevillanos Juan de Mal Lara y Diego Girón. Puede usted con la mayor confianza preguntarme todo lo que guste, en la firme inteligencia de que lo hace a un amigo antiguo, sincero y cariñoso. Dios me guarde a usted muchos años, como deseo.



Antonio Gómez Aceves

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