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Prensa y canon

«Literatura. Sobre la traducción francesa que acaba de hacerse de La Araucana»

Autor del texto editado
Sin firma
Título de la obra
El Europeo, II, n.º 15, 17/04/1824
Autor de la obra
[No se indica]
Edición
Barcelona: 1824
Paginación
pp. 73-75
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar del Arxiu de Revistes Catalanes Antigues. (texto completo)
Información técnica
Editor: Mercedes Comellas
Encoding: Fátima Rueda Giráldez
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Sevilla, 26 marzo 2025

LITERATURA.

Sobre la traducción francesa que acaba de hacerse de la Araucana.


En nuestro concepto, las dos últimas expediciones de las tropas francesas a España han sido muy favorables a la nombradía de la literatura de un país tan mal conocido y peor juzgado más allá de sus fronteras, a pesar de que descrito por Fenelón y por Florián debía convidar a indagaciones más profundas sobre las bellezas que presenta. El hecho es que el conocimiento de la lengua castellana se ha propagado de un modo maravilloso, y naturalmente el gusto a su literatura; de manera que es una recomendación para una obra el indicar en el prospecto su origen español. Así pues, es preciso augurar un buen despacho a la traducción francesa del poema de nuestro don Alonso de Ercilla que nos anuncian los periódicos. Como los informes que nos dan estos son lo único que tenemos a la vista para juzgar, debemos abstenernos de pronunciar sobre el mérito del traductor, y reducirnos a las reflexiones generales que nos dicta esta novedad literaria.

Los franceses tienen noticia de este poema por el rápido juicio que Voltaire dio sobre él. Las grandes pinceladas de este crítico no son siempre exactas, y la que dio sobre este particular lo prueba sobradamente; pues no es el discurso de Colocolo lo único bueno de esta composición épica. Hugo Blair se excusa modestamente de dar en esta materia un voto aventurado, confesando que no conocía la lengua española y remitiendo el lector al análisis que da de ella M. Hayley. Pero cuando un autor de nota da su dictamen sobre una cosa desconocida, especialmente en materia de literatura, su expresión pasa en proverbio que cada cual tiene como verdad averiguada. Cuando apareció en Inglaterra la Ilíada traducida por el célebre Pope, así los helenistas como los que no lo eran dieron los mayores elogios a la versión, no por su mérito sino por la fama del que la había hecho. Algunos críticos hicieron observaciones sobre el nuevo libro, dijeron entre otras cosas que Pope había vestido a Homero a la inglesa; esta expresión fue repetida por mil bocas, y la moda de criticar al traductor sucedió a la de alabarle sin medida. Poco más o menos lo mismo ha sucedido en Francia con respecto al juicio de la Araucana, y su traducción no puede menos de desvanecer algunas preocupaciones.

Fanáticos indiscretos por la gloria de la literatura española se nos podría llamar si pretendiésemos que la Araucana fuese una epopeya perfecta. La irregularidad de su plan, la inconexión de sus partes, la falta de un fin que deje satisfecho al lector y de un interés que le sostenga son circunstancias que le hacen desmerecer este nombre. Pero apreciémosle, a lo menos, por lo que es: por una colección de bellezas al por menor, dignas de ser propuestas por modelo y que tal vez lo fueron a Corneille y otros clásicos que se formaron sobre los poetas españoles; como un monumento precioso de una época en que la literatura estaba en su infancia entre muchos pueblos que hoy día se llaman ilustrados; y como el poema que se ha escrito con expresión más fuerte y varonil.

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