«El ingenioso hidalgo D. Quijote de la Mancha, compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra y comentado por D. Diego Clemencín. Tomo 1º. Madrid, 1833»
- Autor del texto editado
- Sin firma
- Título de la obra
- Gaceta de Madrid, n.º 50, 23/04/1833.
- Autor de la obra
- [No se indica]
- Edición
- Madrid:
Imprenta Real,
1833
- Paginación
- p. 4
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Mercedes Comellas
Encoding: Fátima Rueda Giráldez
Encoding: Fátima Rueda Giráldez
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
Este documento sigue los criterios y lenguaje cifrado de TEI http://www.tei-c.org/About/website.xml
Sevilla, 24 marzo 2025
El ingenioso hidalgo D. Quijote de la Mancha, compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra y comentado por D. Diego Clemencín. Tomo 1º. Madrid, 1833.
Faltaba en nuestra literatura el homenaje debido a esta obra inmortal, de ser comentada, siendo así que se había tributado a los delirios de Góngora. Las eruditas notas de Pellicer no merecen el nombre de comentario, porque no siguen ceñidamente al original, y las de Bowle, aunque muy apreciables por ser de un extranjero, se limitan a evacuar las citas del texto y a aclarar algunas 1ocuciones exóticas para sus compatriotas.
Un escritor, conocido ya en la literatura española por su vasta erudición, fina crítica y buena filosofía, emprende comentar la más célebre de nuestras producciones, y se somete con entera docilidad a las leyes rigurosas del comentario. El señor Clemencín, si hemos de sacar del primer tomo que tenemos a la vista el presagio de los demás, no abandona un punto a su autor. Examina la fábula y los caracteres, nota los descuidos y anacronismos que la precipitación del trabajo hizo cometer a Cervantes, manifiesta el mérito de la invención, la maestría del pincel más rico y variado que ha conocido el Parnaso, las gracias del estilo, la perfección del plan, la habilidad de la ejecución, la coordinación oportuna de los incidentes, en fin, el objeto constante que se propuso en su obra de desterrar del mundo los libros de caballería.
Otras notas se dirigen a probar con numerosas citas, tomadas de estos libros, cuán justa es la sátira que de ellos hace el autor del Quijote. El señor Clemencín multiplica las citas de los autores de caballerías, con el objeto de satisfacer la curiosidad que promueve el ingenioso hidalgo en los que lo leen acerca de las historias y personajes caballerescos; mucho más, siendo ya tan raros los libros en que están escritas sus aventuras. El mismo Quijote, que sepultó en el olvido, cuando se publicó, esta clase de obras, excita en los lectores de nuestro tiempo el deseo de leerlas y el sentimiento de que sean tan poco comunes; mucho más, cuando Cervantes ha parodiado en su libro gran número de los sucesos que en ellas se refieren, ¿quién no desea conocer en el día a los Amadises, Febos y Orianas, modelos de don Quijote y de Dulcinea?
Otras notas pertenecen a la crítica y filosofía de las humanidades, ya haciendo análisis de las bellezas de Cervantes o de los defectos de sus versos (en los cuales, como es notorio, fue infelicísimo), ya examinando los juicios de este célebre escritor, que a semejanza de Homero comprendió en su libro todo lo que sabía acerca de los autores y obras que cita, señaladamente en el famoso escrutinio de la librería, y acerca de las varias cuestiones que toca en materias de poesía, retórica y moral.
Las notas pertenecientes al lenguaje han merecido un cuidado particular al comentador; corrige o advierte las locuciones viciosas de las anteriores ediciones, explica los pasajes oscuros, da noticia de las alusiones a usos y costumbres poco conocidas, y que es preciso saberlas para la inteligencia del texto y, en fin, señala las incorrecciones y defectos en que a veces incurre Cervantes, y que parecen en su obra como nubes imperceptibles en el cielo claro y despejado de un hermoso día. Por lo mismo que el autor del ingenioso hidalgo es uno de los modelos más clásicos de elocución castellana, por lo mismo es más conveniente notar estas pequeñas inadvertencias para que las eviten los imitadores, más dispuestos siempre, no se sabe por qué fatalidad, a imitar los yerros que las bellezas.
El señor Clemencín atribuye las incorrecciones del lenguaje de Cervantes a la precipitación con que escribió, que le hizo además cometer antilogías y anacronismos en el cuerpo mismo de la fábula, y también a la impericia de los que hicieron las primeras ediciones, y en ellas dejaron yerros que se han repetido en las siguientes hasta nuestros días. Nosotros tenemos por verdaderas ambas causas, pero también creemos que muchas de las que hoy son tenidas justamente por incorrecciones, y deben notarse como tales, no lo eran en tiempos de Cervantes.
Este inimitable escritor halló el idioma formado ya en cuanto a sus principales construcciones, mas no estaba aún enteramente fijado. Por la naturaleza de los asuntos graves a que se habían dedicados los más célebres de los escritores que le precedieron, faltaba a la lengua, ya sonora y majestuosa, aquella fluidez y gracia, aquella abundancia festiva, aquella flexibilidad admirable para tratar todas materias y géneros, que él le comunicó recorriéndolos todos en su Quijote con igual felicidad. Esto no pudo hacerlo sin que su imaginación viva y pintora le sugiriese nuevas voces y giros, nuevos modos y formas de decir, ya para hacer más sonoros los periodos, ya para acelerar su movimiento, ya para retardarlo o interrumpirlo, ya, en fin, para dar a las ideas el conveniente colorido. Cervantes no se limitó a ser un buen hablista del idioma patrio, creó también en materia de elocución, como había creado en la invención y disposición de la fábula, y si algunas de sus innovaciones no han sido admitidas en el uso común, y por consiguiente no pertenecen ya a la lengua, es imposible negar que otras muchas, y en mayor número han sido aceptadas con gratitud, han enriquecido el idioma y contribuido a fijar su índole, haciéndolo más flexible de lo que antes para expresar dignamente toda clase de ideas.
Al texto y a las notas antecede el prólogo del comentador, en que forma un cuadro excelente del origen y progresos de la caballería, de las causas de su decadencia, de la literatura a que dio lugar y de los delirios que se introdujeron en los libros de esta literatura, para recaer después en el objeto moral que Cervantes se propuso en su obra. Este prólogo es uno de los trozos mejor escritos de la historia filosófica y está lleno de selecta y bien manejada erudición. En cuanto al inmenso número de notas que forman el comentario, bastará decir que todos los pasajes del Quijote que merecen ilustración, ya histórica o mitológica, ya de literatura caballeresca, ya relativa a la fábula, ya al lenguaje, la tienen copiosa y bien escrita. Acaso no serán siempre todos los lectores de la opinión del comentador, pero a lo menos siempre hallarán cuantos datos se necesitan para resolver con acierto esta clase de cuestiones, que es todo lo que puede razonablemente exigirse de un comentario.