Volver a los resultados

Prensa y canon · Biografías

«Literatura. Biografía. Concluye el artículo del maestro Tirso de Molina»

Autor del texto editado
Sin firma
Título de la obra
Miscelánea de comercio, artes y literatura, n.º 29, 5-1-1820
Autor de la obra
Burgos, Javier de (dir.)
Edición
Madrid: Imprenta de Repullés, 1820
Paginación
p. 4
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Juan Montero
Encoding: Fátima Rueda Giráldez
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
Este documento sigue los criterios y lenguaje cifrado de TEI http://www.tei-c.org/About/website.xml
Sevilla, 24 marzo 2025

LITERATURA. BIOGRAFÍA.

Concluye el artículo del maestro Tirso de Molina


De estas dos citas, cuyo número podría multiplicarse casi indefinidamente, se infiere que Téllez había nacido con un ingenio capaz de todo, y que cuando se abandonaba a sus inspiraciones era ingenioso, fácil, delicado y aun correcto, en vez de que, cuando quería escribir según el gusto dominante, era hinchado y hasta ridículo. Esta observación, más o menos aplicable a todos los poetas dramáticos españoles que florecieron desde los últimos diez años del siglo XVI hasta mediados del XVIII, conviene particularmente a Lope de Vega, al maestro Tirso y a don Agustín Moreto, por razones que desenvolveremos en el artículo de este último poeta y en el de don Pedro Calderón de la Barca.

De las comedias de Tirso muchas se representan hoy con grande aceptación, y verosímilmente se representarían con la misma las dos terceras partes, a lo menos, de las que componen su teatro, por poco que una mano diestra se entretuviese en purgarlas de la increíble multitud de yerros de imprenta que las desfiguran, en términos de hacerse ininteligibles a veces. El vergonzoso en palacio, refundida por Castrillón; La segunda Celestina, Prueba de amor y amistad, Marta la piadosa, La villana de Vallecas, todas refundidas por Solís; El pretendiente con palabras y plumas, Don Gil de las calzas verdes, Celos con celos se curan, La villana de la Sagra, y algunas más que no hay quien no conozca, llaman por lo común a la gente al teatro, y es muy singular que las compañías de Madrid, que notan constantemente este efecto, no encarguen refundir las demás que sean susceptibles de ello.

El maestro Tirso escribió otras varias obras como Los cigarrales de Toledo (Madrid, 1631, en 4.º), El oso y la colmena y alguna otra de poca importancia; y además una intitulada Deleitar aprovechando, que se imprimió por primera vez en Madrid en 1635 en dos tomos en 4.º, que se reimprimió después varias veces, y que, corregida y purgada de los yerros de las ediciones anteriores, se dio de nuevo a luz en Madrid en 1765 en dos tomos en 4.º también. Esta obra contiene una porción de composiciones sagradas y profanas en prosa y verso, varios autos sacramentales, novelas curiosas y discretas, etc.; pero en ella buscaría en vano el hombre de gusto aquella facilidad, aquella soltura, aquella originalidad que caracterizan las composiciones dramáticas del ilustre Tirso. La prosa y los versos son en general igualmente afectados, y en particular los versos serios, de los que nos contentaremos con insertar aquí por muestra la primera estancia de una canción, que se supone escrita a imitación de la séptima del Petrarca:

Si a incomprensible vuelo, a alteza suma
alcanza sacre, pensamiento apea,
discursos peregrinos investigan.
no certifica (Ignacio) más rastrea
por conjeturas, Ícaro mi pluma, [5]
raptos de amor, que serafines digan.
No lazos os obligan
(terrestre impedimento)
al leve movimiento,
con que de vos saliendo, en vos quedando, [10]
estrellas atrasáis, y penetrando
de Pablo el non plus ultra, satisfecho
sacomano estáis dando
(viceáguila de Juan) de Dios al pecho.


Estos versos muy en serio nos recuerdan unos muy burlescos de Gil Polo:

Envidia tu saber la tarasaña,
protocolo galán blandir la casa,
sacripantes aromas te coturnen,
y a nácares al sol tintos te eburnen.


Conviene, sin embargo, decir en honor del insigne Tirso que él mismo parece avergonzarse de emplear este lenguaje estrafalario, cuando inmediatamente después de esta canción hace decir a uno de los interlocutores de su quinto certamen:

Trobas cantan; no cultas, por extrañas,
que allá no se autorizan
los que al uso de ahora gongorizan.


Cuando se recapacita que el maestro Tirso, Lope de Vega, Gil Polo y otros se burlaban del culteranismo, que tan rápidos progresos hacía en su tiempo, y que, a pesar de esto, ellos degeneraban también en cultos, no se puede menos de reconocer que es imposible resistir del todo a la opinión dominante, y que es fuerza disculpar a los grandes ingenios que se hallaron en el terrible compromiso de adoptar este gusto viciado o de no agradar a sus contemporáneos.

Volver a los resultados