“Literatura. Biografía. Continuación del artículo de Lope de Vega”
- Autor del texto editado
- Sin firma
- Título de la obra
- Miscelánea de comercio, artes y literatura, n.º 18, 10/12/1819
- Autor de la obra
- Burgos, Javier de (1778-1849) (dir.)
- Edición
- Madrid:
Imprenta de Repullés,
1819
- Paginación
- pp. 2-3
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Juan Montero Delgado
Encoding: Fátima Rueda Giráldez
Encoding: Fátima Rueda Giráldez
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Sevilla, 13 marzo 2025
LITERATURA
Biografía
Continuación del artículo de Lope de Vega
(véase el número 16)
Nosotros sabemos que ha habido entre otros un escritor español tan mal hallado con la gloria de su patria, o tan envidioso del mérito ajeno, o tan amigo de decir novedades, y tan vehemente y cáustico, que no solo ha disputado a Lope de Vega las calidades y prendas de que hablamos, sino que ha pretendido que, en vez de crear o adelantar el teatro, volvió él a las mantillas las comedias ya adultas y perfectas. Sea quien fuere el autor del prólogo puesto a la edición de las comedias de Cervantes, que se hizo en Madrid en 1749, en cuyo prólogo se leen las expresiones que dejamos notadas, sentó, escribiéndolas, una falsedad ridícula, desmentida no solo por los hechos y los testimonios unánimes de los contemporáneos más respetables, sino hasta por la posibilidad misma. El propio Cervantes, cuya autoridad en esta materia no habrá quien recuse, dice que conoció, siendo niño, y oyó representar al famoso Lope de Rueda, varón insigne en la representación y en el entendimiento, admirable en la poesía pastoril, en la cual ni entonces ni después ninguno se había llevado ventaja. En el tiempo de este célebre español, añade, todos los aparatos de un autor de comedias se encerraban en un costal y se cifraban en cuatro pellicos blancos. Agustín de Rojas en su Viaje entretenido no solo confirma esta relación, sino que añade que estas comedias, y este modo de representarlas, duró algún tiempo más de lo que dice Cervantes. Pero, sin insistir sobre esta consideración, Cervantes nació en el año de 1547; y, por consiguiente, cuando vio representar a Lope de Rueda fue en el de 1557, cuando más, pues debía tener diez años a lo menos para acordarse, ya viejo, de los versos que le oyó. Lope de Vega empezó a escribir comedias en el año de 1580, con corta diferencia; en el de 1590 era ya célebre. Era menester, pues, para que este autor hubiese encontrado las comedias adultas y perfectas que de repente, en el espacio de 22 ó 23 años, se hubiesen elevado desde el desaliño de Rueda, a que siguieron las
.......farsas de pastores,
de seis jornadas compuestas,
sin más hato que un pellico,
un laúd, una vihuela,
como dice Agustín de Rojas, a la cultura y perfección que se les supone. Esto no sucedió, ni era posible, y los representantes que preferían sus mamarrachadas de rufianes y de bobos a la Semíramis de Virués y a una u otra pieza medianamente arreglada, pero fastidiosa y de poco interés, continuaran siempre con sus pasillos, con sus glosas y sus entremeses, si Lope no naciera para dar a la comedia un aire nuevo y original. Los esfuerzos que antes había hecho Cervantes para merecer esta gloria fueron inútiles, pues las veinte u treinta comedias que él dice haber compuesto no produjeron efecto alguno en el público, y así es que no se representaron más desde que Lope de Vega empezó a escribir, y que todo el bien que el mismo Cervantes cuenta de ellas es que no se les hizo ofrenda de pepinos ni otra cosa arrojadiza. Todavía Rojas, que nació en 1577, alcanzó las compañías de cinco actores, de los cuales dos llevaban a cuestas algunos ratos a la mujer del autor, otros dos el hato de la comedia, y el muchacho, el tamboril y otras zarandajas. Todavía había bululús, ñaques, gangarillas, cambaleos, garnachas, bojigangas y fárandulas, es decir, compañías, desde una hasta seis o siete personas, cuya descripción, que el curioso puede ver en el Viaje entretenido, prueba lo adultas y perfectas que estaban las comedias.
De la simple relación de estos hechos resulta que hubo un cortísimo intervalo entre las representaciones de Rueda y Los Tratos de Argel, La destrucción de Numancia y La batalla naval de Cervantes. Este fue muy corto, en efecto, pues que un investigador tan diligente como el doctor Montalbán creyó y dejó estampado que La pastoral de Jacinto de Lope fue la primera comedia que se representó en tres jornadas, y si bien en esto se equivocó, pues el mismo Lope atribuye esta invención a Virués, diciendo:
El capitán Virués, insigne ingenio,
puso en tres actos la comedia, que antes
andaba en cuatro, como pies de niño,
que eran entonces niñas las comedias;
y Cervantes aspiró también a esta gloria, asegurando que su Batalla naval fue la primera en tres actos; esta variedad o divergencia de opiniones prueba que la innovación se hizo simultáneamente por los tres ingenios, en cuyo caso importaría muy poco que lo hubiesen hecho uno o dos años primero Virués o Cervantes, pues la influencia de aquel había sido muy corta, y su ejemplo casi ignorado, y Cervantes no estaba destinado a hacer grandes progresos en la carrera dramática. Por las ocho comedias que de este ingenio nos quedan, que ningún autor de compañía quiso representar, y aun por los títulos mismos de las tres que hemos citado, podemos inferir lo que eran estas, y, si Inarco Celenio decía que eran el diantre los que del sitio de una ciudad hacían una comedia, juzguemos lo que será una comedia de un incendio de otra ciudad y de una batalla naval. Estas eran composiciones que, teniendo todos los disparates que introdujo Lope de Vega en las suyas, no tenían ninguna de las cualidades que recomendaban las de este, y, por consiguiente, cuando el fecundísimo Lope se presentó huyeron delante de él las pocas o muchas reputaciones dramáticas que existían, como lo confesó el mismo Cervantes, diciendo: “Entró luego el monstruo de la naturaleza, el gran Lope de Vega, y alzose con la monarquía cómica; avasalló y puso debajo de su jurisdicción a todos los farsantes, llenó el mundo de comedias propias, felices y bien razonadas, y tantas, que pasan de diez mil pliegos los que tiene escritos, y todas las he visto representar u oído decir, por lo menos, que se han representado, y (...) todos juntos no llegan en lo que han escrito a la mitad de lo que él solo”. Este hombre de quien así habla Cervantes fue, sin embargo, el que, en dictamen del autor del prólogo de sus comedias, volvió a las mantillas las comedias ya adultas y perfectas.
Se concluirá