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Prensa y canon

“Literatura”

Autor del texto editado
Sin firma
Título de la obra
Efemérides de España, n.º 299, t. IV, 30 de octubre de 1804
Autor de la obra
Velasco, Julián de (dir.)
Edición
Madrid: Imprenta de Caballero, 1804
Paginación
pp. 1235-1244
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de Google Books. (texto completo)
Información técnica
Editor: Ioannis Mylonás Ojeda
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 2 diciembre 2025

LITERATURA


Si alguno de aquellos talentos apreciables que de cuando en cuando aparecen en las naciones para ilustrarlas con solidez tomase a su cargo la empresa de formar unos elementos de literatura que pudieran llamarse nuestros, no le faltarían ciertamente materiales dignos de la pluma de un Cicerón y de un Tácito, no solo en los escritores del siglo XVI y principios del XVII, sino en nuestros días: el arte de saber compilar los gloriosos monumentos literarios de una nación no es dado a todos, y en una época que sabe llamarse a sí misma sabia e ilustrada los amantes de la sabiduría advierten con dolor el descuido de no ir reuniendo los mejores rasgos y fragmentos que den siquiera una idea del estado presente de nuestra literatura.

Bien conozco las dificultades que tendría que vencer el que tomase a su cargo la redacción de una obra semejante, pues, prescindiendo de los previos fundamentos que en la literatura son necesarios para juzgar con discernimiento, esto es, de una vasta extensión de luces, de una exquisita sensibilidad de corazón, de un gusto delicado, de un entendimiento habituado a analizar con rectitud, de un pudor consumado para respetar y hacer respetable la verdad, de una intención sanísima para no prostituir los dictámenes de la razón, y de una memoria llena de las grandes y hermosas imágenes que ofrece la literatura de los siglos memorables en que el linaje humano tuvo la dicha de verla prosperar; aun prescindiendo, digo, de todos estos conocimientos y cualidades, falta otra todavía más difícil de tener: cual es un alma grande, imparcial y fervorosa para atreverse a juzgar con severidad su siglo y sus contemporáneos. Las pasiones, cuyo miserable légamo confunde tantas veces la gratitud con la bajeza, fomentan partidos, forman escuelas, y, dejando la razón despojada de sus más preciosos derechos, le quitan también toda apelación, librando a la posteridad la calificación imparcial de los varones ilustres, que de nada sirve al siglo en que florecieron. Este es el inconveniente más invencible que tiene toda empresa en que sea preciso juzgar a los hombres que viven o cuyas cenizas son todavía recientes. Pero ¿quién podrá mirar con ojos serenos el abandono en que dejamos nuestros hechos literarios, y la indiferencia, siempre funesta al progreso de las mismas luces, con que permitimos que nuestras mejores producciones sufran la cárcel de un archivo, custodiadas del polvo? ¿Quién podrá reprimir su dolor al ver que los entendimientos superficiales usurpan los títulos que corresponden a los doctos, y andan alborotando su siglo con sus graznidos, mientras los filósofos se ven en la dura necesidad de vivir y morir ignorados en el recinto de su morada, sin osar acaso presentarse en la escena que pertenece a los ingenios superiores, por no alternar con ellos? Ciertamente no hay un hombre de bien que no se duela al hacer estas consideraciones y que no desee de veras la aparición de un hombre que tenga valor para hacer justicia a nuestros doctos y a nuestros sabios. Los papeles públicos debieran reconocer como una obligación inherente a su instituto el clamar sin miedo ni temor en la materia; y, ya que ellos no pueden presentar una obra acabada de este género, ofrezcan de cuando en cuando algunos de nuestros mejores monumentos y de nuestros rasgos más escogidos en ciencias y en literatura, para que no se duerma la opinión en favor de nuestras glorias, y que los verdaderos patricios tengan a lo menos el consuelo de leer producciones nuestras y oír hablar de su patria.

Con este noble intento me he propuesto insertar en las efemérides algunos fragmentos apreciables y poco conocidos, sin guardar más orden que el que ellos mismos vayan presentando, pues no trato de formar un curso de bellas letras, sino de despertar el letargo de aquellos que yacen postrados y enajenados en los brazos de la literatura extranjera, sin cuidarse de examinar nuestras cosas. Vaya por ahora el siguiente extracto de la Memoria sobre los ganados de Galicia, de don Pedro Sánchez Boado, ya indicada en estas efemérides, considerada relativamente a la economía política; que, aunque impresa en el año de 1802, no es bastante conocida, y los trozos que hemos escogido merecen considerarse como monumentos de estilo y de la ciencia de que tratan.

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