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Prensa y canon · Textos historiográficos

“Examen filosófico del teatro español. Relación del mismo con las costumbres y la nacionalidad de España. Continuación”

Autor del texto editado
Morón, Fermín Gonzalo
Título de la obra
El Iris, semanario enciclopédico, t. II, n.º 12, 19 de septiembre de 1841
Autor de la obra
Mellado, Francisco de Paula (dir.)
Edición
Madrid: Imprenta de Mellado, 1841
Paginación
pp. 182-188
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Biblioteca Digital Memoria de Madrid. (texto completo)
Información técnica
Editor: Mercedes Comellas
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 6 octubre 2025

EXAMEN FILOSÓFICO DEL TEATRO ESPAÑOL. RELACIÓN DEL MISMO CON LAS COSTUMBRES Y LA NACIONALIDAD DE ESPAÑA.

(Continuación).


El anterior rasgo caballeresco demuestra ya una variación en las costumbres de la sociedad y de la nobleza. La poesía vulgar nacida en el siglo XI, y destinada en Europa a celebrar los hechos religiosos y de armas, recibió el mas brillante y magnifico desarrollo entre los árabes de España y los provenzales. Frecuentes fueron desde el siglo X los certámenes poéticos en las corles de Córdoba y de Granada, y los poetas provenzales, inspirados por el bello cielo del mediodía de la Francia y por cierto orientalismo español, cantaron desde el siglo XI en ruda, pero sentida versificación los combates y los amores, y pintaron muchas veces con viva y punzante ironía los vicios de Roma y los desórdenes del clero. Fundáronse en el siglo XIV los consistorios de Tolosa y Barcelona, y la poesía o la Gaya sciencia se vio protegida por los reyes y cultivada por los más distinguidos caballeros. Las armas, los amores y la poesía entretenían la nobleza, mientras el solaz y la distracción de la plebe eran todavía los cantos de los juglares, las procesiones y romerías, los misterios y moralidades representadas en los templos. Al paso que el mayor orden y seguridad social disminuían las guerras y enervaban las costumbres caballerescas, crecía la afición a la trovas y a la poesía, de suerte que, hablando Zurita en sus anales de Juan I de Aragón (1387 a 1395),dice sobre este punto: «Don Joan favorecía la cortesanía y gentileza, y su corte erareputada la más suntuosa de los príncipes de la cristiandad. A los ejercicios deguerra substituyó las danzas, las trovas y poesía vulgar, y el arte de ella, que llamaban la Gaya sciencia, de la que comenzaron a instituirse escuelas públicas; y lo que en lo antiguo era muy honesto ejercicio, en que se señalaron muchos caballeros de Rosellón y Ampurdam, imitando las trovas de los provenzales, vino a envilecerse de tal suerte, que todos parecían juglares; y, según refiere don Enrique de Villena, el rey envió una solemne embajada a Francia, para fundar en su reino una gran escuela de aquella Gaya sciencia a semejanza de los provenzales» 1 .

En la corte de Castilla, según la carta del marqués de Santillana publicada por Sarmiento en sus Memorias de la poesía española, comenzó a cultivarse la gaya sciencia con mayor elegancia desde el reinado de Enrique III (1390 a 1406); y la corte de Juan II se ostentó en medio de los desórdenes y de la guerra civil promovida por la alta nobleza contra la privanza de don Álvaro de Luna, amante de los placeres y pasatiempos, de la poesía y de los torneos. Distinguiéronse en estos tiempos como poetas de primer orden el citado marqués de Santillana y Juan de Mena; y con razón ha señalado el señor Quintana en su Colección de poesías españolas la época de Juan II como la de una nueva era para nuestra literatura. No desaparecieron, sin embargo, los torneos y costumbres caballerescas; y nada hay quizá más brillante en nuestra historia sobre esta materia que el paso honroso mantenido con licencia del rey cerca del puente de Órbigo en 1434 por Suero de Quiñones. Este manifestó a Juan II que hacia largo tiempo se hallaba en prisión de una señora, en prueba de lo cual traía al cuello todos los jueves un hierro; y que para su rescate debía él y sus caballeros romper 900 lanzas, tres con cada caballero, que acudiese al paso. Enviáronse reyes de armas a los países extranjeros, y concurrieron a él varios alemanes, portugueses, ingleses, italianos y muchos aragoneses. Suero de Quiñones y sus compañeros justaron con el mayor denuedo por espacio de 30 días, y los jueces del paso le declararon rescatado y mandaron que se le quitase el hierro del cuello, siendo muy notable para comprender la fuerza y la tendencia de los sentimientos caballerescos de la época uno de los capítulos redactados por Suero de Quiñones para la defensa del paso: «El veintidoseno capítulo de mi deliberación es que sea notorio a todos los señores del mundo, é a los caballeros e gentiles homes que los capítulos susodichos oirán, que, si la señora, cuya yo soy, pasare por aquel lugar, que podrá ir segura su mano derecha de perder el guante; e que ningún gentil-home fará por ella armas, si non yo, pues que en el mundo non ha quien tan verdaderamente las pueda facer como yo» 2 .

Prevalecían, pues, en este tiempo loa torneos como la diversión culminante de la nobleza, pero no se hallaba lejos el día para España en que la comedia y los autos sacramentales debían ser la distracción ordinaria de caballeros y plebeyos, y sustituirse a los misterios a las justas y juegos de cañas. Mas, antes de explicar esta variación, creemos conveniente examinar cómo nació, creció y se desarrolló el drama moderno. Fijamos aquí la discusión de este punto, porque en los últimos años del siglo XIV y en el transcurso del XV se hicieron los primeros ensayos de aquel, pasando desde las catedrales y monasterios a las plazas de las ciudades y a los palacios de los reyes. Fácil será entender y resolver la cuestión si se vuelve la vista a las ideas y sentimientos de la edad feudal. La religión, el amor y el honor habían animado la vida y la nacionalidad de Europa en esta época, dado un tinte poético a las costumbres, creado el drama religioso, y excitado fuertemente la imaginación de los hombres para sentir las bellezas y encantos de la poesía. Celebráronse en las iglesias desde el siglo XI los misterios y moralidades que encerraban ya los materiales toscos e informes de la comedia, y, desde la protección por los reyes de la Gaya sciencia, representáronse en los consistorios poéticos las composiciones laureadas y dialogadas de los provenzales, siendo muy digno de observarse lo que dice don Luis Velázquez sobre este punto en los Orígenes de la poesía castellana, refiriéndose al erudito Nasarre: «Los trovadores inventaron la gaya ciencia, compusieron y representaron los diálogos que llaman serventesios, tensiones, juegos medios, partidos, corte de amor, juegos espirituales, villanescas. Estos trovadores, que casi todos eran de la primera nobleza, componían una academia que al principio se juntó en Tolosa, después en Barcelona y Tortosa, y fue tanto el furor con que crecieron estas diversiones, que ocasionaron escándalos de los que no se libró el palacio ni la reina Sibilla Sforcia. Es verdad que ya entonces se habían entremetido entre las diversiones cortesanas los contadores, los cantores, los juglares, los truhanes y los bufones, con lo cual se justifica de algún modo la amarga providencia de su reino fiel y circunspecto. Los reyes de Aragón, don Juan el I, don Martin y don Fernando el Honesto reformaron los consistorios poéticos y los colegios de la gaya-sciencia, y la pusieron en una alta estimación y precio, asistiendo los mismos reyes a las funciones públicas de la academia en que se juzgaban y representaban los dictados, trovas y diálogos, y se premiaban con mucho ruido, aparato y aplauso; y, lo que es más de nuestro intento, se daba licencia y facultad par escrito para que se representasen o cantasen aquellas obras juzgadas y laureadas, y no otras, que es lo que después deseó tanto Cervantes.

En el año 1328, en las fiestas de la coronación del rey don Alfonso el Cuarto de Aragón se representaron, cantaron y bailaron por el infante don Pedro, conde de Ribagorza, hermano del rey, y por los ricos hombres, muchos diálogos y canciones que el mismo infante había compuesto. El juglar Ramaset cantó una villanesca de la composición del mismo infante, y otro juglar, llamado Novellet, recitó y representó en voz y sin cantar más de 600 versos que hizo el infante en el metro que llamaban rima vulgar. En la familia real de este príncipe se vinculó la gracia y estudio de la poesía hasta el famoso don Enrique de Aragón, marqués de Villena, maestre de Calatrava, su biznieto, que compuso el arte de la gaya ciencia y muchas poesías y diálogos que se representaron y celebraron» 3 .

En los misterios, pues, y moralidades religiosas y en las poesías dialogadas de los provenzales se hallan ya los primeros elementos del drama moderno, a cuyo desarrollo debía contribuir el estudio de la Antigüedad griega y latina y el movimiento intelectual clásico que había principiado en Europa desde el siglo XI, pero al cual dieron extraordinario impulso en el XIV Petrarca y Bocacio, y en el XV la toma de Constantinopla por los turcos. Más aun antes de que fuesen bien conocidas y estudiadas las formas de las comedias y tragedias griegas y latinas se ensayó y escribió el drama moderno. Así, según los Apuntes sobre el teatro de Valencia escritos por el erudito don Luis Lamarca, representose en el palacio real y año de 1394 la tragedia en dialecto valenciano compuesta por mosén Domingo Maspous y titulada Le hom enamorat y la fembra satisfeta, que puede aspirar sin disputa el privilegio de ser la primera no solo de España, sino que tal vez de Europa; y así también el teatro francés adquirió desde 1402, según Villemain en su Curso de literatura francesa durante la edad media, cierta estabilidad, cuando Carlos VI autorizó a los cofrades de la pasión para dar representaciones teatrales, si bien nada hay más grosero e insípido que semejantes farsas. En Castilla habíanse escrito algunas representaciones diferentes de los dramas religiosos desde la Danza general del judío Santos Rabí en 1356; en la coronación de don Fernando el Honesto (1414) representose en Zaragoza una comedia alegórica de don Enrique de Villena, y fueron desde este tiempo muy frecuentes en las bodas de príncipes o grandes señores los toros, los juegos de cañas, los torneos, danzas y acciones cómicas, según observa con razón don Leandro Moratín en sus apreciables Orígenes del teatro español. Ya hemos reseñado antes la afición a la poesía de Juan II y de su valido, el condestable don Álvaro de Luna; y la crónica de este dice al hablar de sus cualidades: «Fue muy inventivo, e mucho dado a fallar invenciones, e sacar entremeses en fiestas o en justas o en guerra, en las cuales invenciones muy agudamente significaba lo que quería» 4 .

A fines, pues, del siglo XIV y principios del XV los misterios y moralidades y las poesías dialogadas de los poetas provenzales y de sus imitadores ofrecían los materiales rudos e imperfectos del drama moderno; y para llegar este a su completo desarrollo, no necesitaba ya sino mayor conocimiento de la Antigüedad, la cesación de la guerra y de los hábitos y costumbres belicosas, el cultivo de la literatura y la protección de la misma por los reyes y altos señores.

Para desgracia de Castilla, los desórdenes y anarquía del débil y funesto reinado de Enrique IV (1455 a 1474) perjudicaron notablemente al cultivo y estudio de la amena literatura y de las ciencias. Mas luego que ocuparon el trono español la ilustre reina doña Isabel y Fernando el Católico (1475 a 1516) el desarrollo intelectual fue tan rápido y asombroso como los adelantos en la administración y el gobierno. En esta época el espíritu y las costumbres recibieron una nueva dirección, y ofrece por ello mucho interés investigar cuáles eran la vida y los sentimientos de las dos sociedades, árabe y cristiana, en los primeros años de este reinado. Afortunadamente, poseemos para esto el resto precioso de una crónica árabe, y es la Historía de los bandos de los zegríes y abencerrajes o guerras civiles de Granada, traducida de la del moro Abenamain al hebreo, y de este al español por Ginés Pérez de Hita. Cuando se lee esta crónica, en que con los desórdenes civiles que perturbaron e hicieron desaparecer en 1492 el imperio de Granada se mezcla la relación de los duelos, saraos, danzas, torneos y juegos de cañas que tinte tan poético daban a la sociedad árabe, nos parece asistir a los funerales de un pueblo, precedidos de magnífico y brillante festín; y no puede menos de conocerse la trascendental variación que la civilización oriental y mahometana sufrió en las bellas regiones de Andalucía, puesta en contacto y permanente lucha con la septentrional de España. Esta crónica presenta casi las mismas costumbres en los dos pueblos árabe y cristiana: una nobleza a la vez anárquica y heroica poseía el poder y las riquezas en la corona de Castilla y había depuesto con solemnidad e insultante pompa a Enrique IV en 1465; y una aristocracia también belicosa y esforzada, aunque dividida entre sí, tenía en perpetua conmoción al imperio de Granada, y pendientes de su influjo a los reyes electivos del mismo. Comunes eran a las dos sociedades las costumbres caballerescas, y muy frecuentes entre ambas los duelos, justas y torneos, si bien se celebraban por los árabes con el lujo, brillo y magnificencia asiática, propia de su genio y de un pueblo llegado al apogeo de su civilización. Se observa, sin embargo, al leer la citada crónica que la nobleza de Castilla era más belicosa y esforzada y tenida en mayor estima por los moros, cosa muy natural en dos pueblos de los cuales el uno hallábase en progresiva decadencia, mientras crecía diariamente el contrario en poderío y orgullosa pujanza. Mas ni esta superioridad, ni la oposición de raza y de religión impedían la frecuencia de los duelos entre los caballeros moros y cristianos, y el que se profesase por todos el más delicado respeto hacia el valor y las altas calidades. Así los últimos años del imperio de Granada fueron los tiempos caballerescos por excelencia de nuestra historia, y en que las dos sociedades árabe y cristiana ostentaron a porfía las prendas de nobleza, de generosidad y de heroísmo, distintivo marcado del carácter y literatura española.

Recomendemos a los entusiastas de tan poéticos días la literatura dela mencionada crónica, y como prueba de estas costumbres creemos interesante insertar la carta que el maestre de Calatrava don Rodrigo Tellez Girón remitió al rey Chico de Granada, hallándose celebrando las fiestas de su coronación; «Poderoso señor, T. A. goce la nueva corona que por tu valor te se ha dado con e1 próspero fin que deseas. De mi parte he sentido grande contento, aunque diversos en leyes; mas confío en la granmisericordia de Dios, que al fin tú y los tuyos vendréis en el claro conocimientode la santa fe de Jesucristo, y querrás amistad con los cristianos. Y, pues ahora hay tantas fiestas por tu nueva coronación, es justo que los caballeros de tu corte se alegren y reciban placer, probando sus personas con el valor que dellos por el mundo se publica y es notorio. Así por este respeto, yo y mi gente habernos entrado en la Vega y la habemos corrido; y, si acaso alguno de los tuyos quisiere en pasatiempo salir al campo a tener escaramuza uno a uno o dos a dos, o cuatro a cuatro, dele S. A. licencia para ello, que aquí aguardo en el Fresno Gordo harto cerca de tu ciudad. Y para esto doy seguro que los unos no saldrán más de aquellos que salieren de Granada para escaramuzar. Ceso, besando tus manos. Maestre don Rodrigo Tellez Girón» 5 .

Recibida y leída esta carta en el palacio de Granada, después de varias disputas entre los caballeros moros, deseosos todos de salir a escaramucear, el rey Chico contestó al maestre lo siguiente: «Valeroso maestre muy bien se muestra en tu virtud la nobleza de tu sangre, y no menos que de tu bondad pudiera salir el parabién de mielección y real corona, la cual me ha puesto en obligación de acudirte a todo lo que la amistad de un verdadero amigo debe tener; y así me obligo a todo aquello que de mí y mi reino hubieres menester. Con muy comedidas razones envías a pedir a mis caballeros escaramuza en la vega para alegrar mi fiesta, lo cual te agradezco grandemente. Entre los más principales caballeros de mi corte se echaron suertes por quitar diferencias, a causa de que cada uno quisiere verse contigo. Cayole la suerte a mi hermano Aluza; mañana se verá solo contigo, debajo de tu palabra que de ninguno de los tuyos será ofendido. Conocido tengo que será muy de ver la escaramuza. por ser entre dos tan buenos caballeros, la cual será mirada de las damas de las torres del Alhambra. Quedo aquí para lo que te cumpliere. Audalla, rey de Granada» 6 . La poética historia de este suceso, la salida del rey Chico con Aluza y los demas caballeros, el pendón que la bella Fátima, amante de Aluza, envió a este para escaramucear, la descripción del lujo y gallardía del maestre y su rival, la pintura de sus terribles encuentros, quedando por fin amigos y sin vencerse el uno al otro, el desmayo de Fátima al ver con las otras damas desde la torre el golpe recibido por su galán, y la entrada triunfal de Aluza en Granada, coronado de los aplausos de las damas, que se apresuraban a verle desde las ventanas y galerías, muestran evidentemente, hasta donde las costumbres caballerescas se hallaban profundamente arraigadas en las dos sociedades.

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