Prensa y canon · Textos historiográficos
“Examen filosófico del teatro español. Relación del mismo con las costumbres y la nacionalidad de España. (Continuación)”
- Autor del texto editado
- Morón, Fermín Gonzalo
- Título de la obra
- El Iris, semanario enciclopédico, t. II, n.º 9, 29 de agosto de 1841
- Autor de la obra
- Mellado, Francisco de Paula (dir.)
- Edición
- Madrid:
Imprenta de Mellado,
1841
- Paginación
- pp. 134-138
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Biblioteca Digital Memoria de Madrid. (texto completo)
Información técnica
Editor: Mercedes Comellas
Encoding: Noelia Santiago López
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Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 6 octubre 2025
EXAMEN FILOSÓFICO DEL TEATRO ESPAÑOL. RELACIÓN DEL MISMO CON LAS COSTUMBRES Y LA NACIONALIDAD DE ESPAÑA
(Continuación)
IV
Tan románticas aventuras fueron muy frecuentes en las dos sociedades, y las tradiciones populares recordaban con entusiasmo los amores de la hija de Almanzor con Gonzalo Custias de Lara. Este idealismo y sublime deferencia a la mujer dio un colorido poético y maravilloso a las costumbres, y excitaba el corazón y la imaginación de los caballeros a las más nobles y arrojadas empresas. Por ello Alfonso el Sabio, que promovió tanto en Castilla los sentimientos caballerescos y dedicó un título en su célebre código de las Partidas a hablar de los caballeros y de sus calidades (desmintiendo con ello la precipitada aserción de Voltaire en el Ensayo sobre las costumbres acerca de que la caballería no fue jamás definida ni consignada en la legislación de ningún pueblo) decía en la ley 22, título 21, partida 2ª: «E, aun por que se esforzasen más (los caballeros), tenían por cosa guiada que los que hobiesen amigas, que las nombrasen en las lides, por que les creciesen más los corazones e hobiesen mayor vergüenza». En los siglos XIV y XV hallaron estas costumbres la más brillante y magnifica ostentación en los torneos y cortes de amor, donde la deferencia a la mujer llegó a convertirse en una especie de culto poético y casi divino.
Mas una de las cosas que contribuyó a tan singular e interesante desarrollo de la humanidad fue el sentimiento religioso. Cuando este se halla tan profundamente arraigado en el corazón de los hombres como estaba desde el siglo XI en Europa, y sobre todo en España, hay en él algo de vago, de abstracto de indefinido y de sublime, que puede producir los hechos más heroicos y mezclarse con las más románticas aventuras. Puestas en presencia las dos sociabilidades mahometana y cristiana, él sirvió para inflamar y engrandecer los ánimos, excitar la imaginación y la piedad de los pueblos, y dar lugar a la construcción de monasterios y pintorescas ermitas, a las romerías y festividades religiosas, donde se buscó la diversión y el solaz, y que fueron principal origen de las leyendas piadosas, de la poesía y del drama vulgar. Al volver el filósofo su consideración a los siglos X, XI, XII y XIII, admira desde luego la portentosa influencia de la religión, y su benéfica acción sobre la moral, las costumbres y la alegría de las masas. La Europa entera parecía entonces dirigida por un solo sentimiento y poder, como se vio en el magnífico drama de las Cruzadas; y, después de ser la iglesia la única fuerza moral en medio de la común barbarie, venía con sus romerías y festividades a dar libre vuelo a la vida del corazón, a reunir los pueblos, a llevar el consuelo y el placer a los hombres, y a despertar los primeros destellos de la literatura y de la poesía. Los misterios y moralidades, cuna y origen de drama moderno, nacieron espontáneamente en los siglos XI y XII de la intensión y profundidad del sentimiento religioso y de la imaginación piadosa y romántica de la edad feudal; y los himnos y primeros cantos de la poesía se destinaron a celebrar los objetos sagrados. Mientras se inmortalizaban en España en ruda y sencilla versificación las proezas del Cid, Gonzalo de Berceo, arrebatado de religioso entusiasmo, cantaba los loores de la Virgen y los santos hechos de san Millán y santo Domingo de Silos. Alfonso el Sabio empleó más tarde su numen poético en las cantigas a la Virgen, y la poesía gallega, la primera que se oyó en España, recibió su inspiración de los actos de devoción y piedad religiosa de los romeros de Santiago. Al paso que los juglares y juglaresas entretenían y admiraban al pueblo cantando las singulares aventuras de Bernardo del Carpio, del Cid y de Fernán González, y cuando el caballero y el hidalgo hallaban en la caza y en los juegos de lanza su principal recreo, la iglesia reunía sus fieles y los distraía y encantaba, representando en sencilla y crédula narración las virtudes de la Virgen y los pasos más edificantes de la pasión de Jesucristo. Así nació la poesía y el drama en medio del entusiasmo religioso de la época, y los misterios y moralidades, a pesar de la censura de las leyes y de los concilios, continuaron en España hasta el siglo XVII, en que por todas partes se multiplicaron los teatros y el pueblo halló fuera de la iglesia lo que bajo sus magníficas bóvedas le había admirado y conmovido. Abusos y lamentables extravíos se mezclaron en estas diversiones religiosas, como se mezcla en todo, y ellos fueron gravemente reprendidos desde Alfonso el Sabio e Inocencio III hasta el severo Juan de Mariana. Mas no puede dudarse que los misterios y moralidades excitaron poderosamente la poesía y la imaginación de los hombres e hicieron que la Europa y en especial España tuviesen una literatura original y sublime, fiel reflejo de todos los sentimientos que se albergaban en el fondo de las almas.
Creemos, pues, que la rápida reseña de costumbres que llevamos hecha, ofrecerá los suficientes datos para conocer la vida íntima y moral del pueblo español. Desde el siglo XI al XIII habían ganado mucho las costumbres, y la religión, el amor y el honor conducían las acciones del hombre, les prestaban un tinte romancesco y maravilloso, excitaban la imaginación poética de las masas, y creaban los primeros destellos de la poesía y del drama. Más tarde veremos que lo que siempre aplaudióse en España y lo que inspiró a sus más privilegiados ingenios fue la religión, el amor y el honor.
Las turbulencias de la nobleza en los últimos años de Alfonso el Sabio y en los reinados de Sancho el Bravo y de Fernando el Emplazado (1271 a 1312) trajeron la anarquía, la inmoralidad y grosería de costumbres, y perjudicaron notablemente al desarrollo de los sentimientos caballerescos. Continuaron los desórdenes de la nobleza, a pesar de la consumada prudencia de doña María de Molina durante la larga minoría de Alfonso XI (1312 a 1325), mas luego que este monarca se declaró mayor de edaden las cortes de Valladolid principió a dar pruebas de las brillantes prendas y señaladas calidades de que estaba adornado. Y uno de los medios usados por él para llamar a la guerra la atención de los nobles, y rodear de respeto y prestigio la dignidad real, fue promover los sentimientos caballerescos por la institución de la orden de la Banda, por las justas y torneos en que tomaba parte y entretenía a la anarquía y belicosa aristocracia, siendo muy digno de observarse lo que sobre ello dice su crónica (año 1330): «Otrosí, estando el rey en Vitoria, porque sopo que en los tiempos pasados los de los sus regnos de Castiella et de León usaron siempre en menester de caballería, et lo habían dejado que non usaban dello fasta en el su tiempo, por que hobiesen masa voluntat de lo usar, ordenó que algunos caballeros et escuderos que elrey tenía escogidos para esto, que vestiesen paños con banda que les había dado, Et él otrosí vestió paños de eso mesmo con banda; et los primeros paños que fueron fechos para esto eran blancos, et la banda prieta. Et dende adelante a estos caballeros dábales cada año de vestir sendos pares de paños con banda. Et era la banda tan ancha comola mano, et era puesta en los pellotes et en las otras vestiduras desde el hombroizquierdo fasta la falda; et estos llamaban los caballeros de la banda, et habíanordenamiento entre sí de muchas buenas cosas, que eran todas obras de caballería. Et cuando daban la banda al caballero facíanle jurar et prometer que guardase todas las cosas de caballería que eran scriptas en aquel ordenamiento. Et esto fizo el rey por que los homes, cobdicíando haber aquella banda, hobiesen razón de facer obras de caballería. Et asi acaesció después, que los caballeros et escuderos que facían algún buen fecho en armas contra los enemigos del rey, o probaban de las facer, el rey dábales la banda, et facíales mucha honra, en manera que cada uno de los otros cobdiciaba de facer bondad en caballería por cobrar aquella honra et el buen talante del rey, así como aquellos lo habían» 1 .
Con el objeto de dar mayor realce a esta institución, determinó el rey coronarse en el mismo año y llamar a Burgos toda la nobleza del reino para armarcaballeros y celebrar justas y torneos. E entretanto que ellos (los nobles) se ayuntaban para esto, el rey salió de Burgos, et fue por sus jornadas en romería a visitar el cuerpo santo del apóstol Santiago, et veló y todo esa noche, teniendo sus armas encima del altar. Et, en amaneciendo, el arzobispo don Joan de Limia díjole una misa et bendijo las armas. Et el rey armose de todas sus armas, et de gambax et de loriga, et de quijotes et de carrilleras, et zapatos de fierro, et ciñose su espada, tomando él por sí mesmo todas las armas del altar de Santiago, que ge las non dio otro ninguno; et a la imagen de Santiago que estaba encima del altar, llegose el rey a ella e fizóle que le diesela pescosada en el carriello. Et desta guisa rescibió caballería este rey don Alfonso del apóstol Santiago. Et porque el recibió caballería desta guisa estando armado, ordenó que todos los que hobioesen a recibir honra et caballería de allí adelante, que la rescebiesen estando armados de todas sus armas. Et el rey partió de la cibdad de Santiago, et fue al Padrón otrosí en romería, porque en aquel lugar aportó el cuerpo de Santiago. Et dende veno su camino para Burgos, et desque llegó a la ciudad falló que eran y venidos algunos de aquellos por quien había enviado, que recibiesen dél caballería, et atendió fasta que todos fueron llegados. Et mientras que venían aquellos por quien el rey había enviado, los que eran con él non quedaban de honrar la fiesta de su caballería et de su coronación, los unos lanzando a tablados en muchas partes de la villa, et los otros bofordaban de escudo et de lanza de cada día. Otrosí tenían puestas dos tablas para justar. Et los caballeros de la Banda que el rey había fecho et ordenado, pocos de tiempo habia, estaban todo el día cuatro dellos armados en cada tabla, et mantenían josta a todos los que querían jostar con ellos. Et porque venían entonces muchas gentes de fuera del reino en romería a Santiago, et pasaban por Burgos por el camino francés, el rey mandaba estar homes en la calle por do pasaban los romeros, que preguntasen por los que eran caballeros et escuderos, et decíanles que viniesen jostar;et el reí mandábales dar caballos et armas con que jostasen. Et en esto venieron muchos franceses, et ingleses, et alemanes, et gascones, et justaban de cada dia con hastas gruesas, con que se daban muy grandes golpes. Et en este tiempo, estando el rey en este placer, veno y Guitardo de Lebrete, vizconde de Tartas; et dijo al rey que era su voluntad de rescibir caballería del rey; et que en ningún tiempo non la podíe haber más a su honra que en esta coronación del rey; et pedióle por merced que lo toviese por bien, et de allí adelante que fincaría por su vasallo. Et al rey plugo mucho con su venida deste vizconde, et recibiole muy bien et fízole mucha honra, et diole cien veces mil maravedises para cada año que tuviese dél por su vasallaje. Et de allí adelante fincó por su vasallo, et serviole mui bien estos dineros que del rey tomaba. Et porque en aquel tiempo quería el rey ir folgar algunas veces a las aldeas que eran cerca de Burgos, mandaba que a cada logar do había de ir le tuviesen puesta la tabla para justar, et que tuviesen presto guisamiento de armas et de las otras cosas que hobiesen menester. Et el rey jostaba muchas veces, cuando quería alguna jostar con él, et facían muchas alegrías en todas las otras cosas que lo podían facer» 2 .
F. G. MORÓN.