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Prensa y canon · Textos historiográficos

“Examen filosófico del teatro español. Relación del mismo con las costumbres y la nacionalidad de España (Continuación)”

Autor del texto editado
Morón, Fermín Gonzalo
Título de la obra
El Iris, semanario enciclopédico, t. II, n.º 6, 8 de agosto de 1841
Autor de la obra
Mellado, Francisco de Paula (dir.)
Edición
Madrid: Imprenta de Mellado, 1841
Paginación
pp. 87-89
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Biblioteca Digital Memoria de Madrid. (texto completo)
Información técnica
Editor: Mercedes Comellas
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 3 octubre 2025

EXAMEN FILOSÓFICO DEL TEATRO ESPAÑOL. RELACIÓN DEL MISMO CON LAS COSTUMBRES Y LA NACIONALIDAD DE ESPAÑA.

(Continuación)


Otro de los esclarecidos héroes de España y pintado con el colorido más maravilloso y romancesco es el célebre conde Fernán González, que, ganó según la Crónica General, la independencia del condado de Castilla. Después de contar sus grandes cualidades y sus guerras con el rey de Navarra y el conde de Tolosa, a quienes mató en acción, refiere el siguiente acto caballeresco :«E después que el conde Ferrán González ovo arrancado el campo, descendió de su caballo e desarmó al conde de Tolosa con su mano e de sí fízol llevar a vestir de un xamete mui rico, que ganó cuando venció al moro Almanzor, e mandó fazer un ataúd e cubriol de un paño de oro, e metió dentro el cuerpo del conde, e fizo pregar el ataús con cravos de plata, e soltó todos los caballeros que tenía presos del conde Tolosa, e dioles aver para la despensa, e fízoles jurar que non se partiesen de aquel señor fasta que lo oviesen llevado a su tierra» 1 . Fernán González había vencido y muerto en batalla al esforzado conde de Tolosa; pero se trataba de ser generoso y caballero después de la victoria, y entonces no se contenta con desarmarle por sí, con vestirle ricamente y prepararle magnifico ataúd: suelta a sus caballeros y les hace jurar que no abandonarán a su señor hasta dejarle en su país. El romanticismo en los sentimientos no puede ir más lejos.

La crónica refiere después que su reina, doña Teresa, madre del rey don Sancho, enemistada con el conde Fernán González, prometió a este en casamiento la hija del rey de Navarra, a fin de que fiase en el último y pudiese ser preso, como en realidad sucedió. Mas, habiendo pasado por Castilla un conde lombardo, oyó las señaladas proezas de Fernán González, se entusiasmó con él, y empeñose en libertarle; para elloencamina sus pasos al castillo de su prisión, habla con él, y se dirige lleno deconfianza a la infanta de Navarra, diciéndola que es deshonor suyo que tan buen caballero como el conde padezca por su causa. La imaginación poética de la infanta se arrebata y enternece al oír al lombardo, y envía al castillo una doncella; se entera de los padecimientos del conde de Castilla, y pasa ella misma a la prisión, donde júranseamor y matrimonio; la infanta lo dispone todo y logra la fuga del conde, enla que ocurrió la siguiente notable y romántica aventura: «Salieron del castillo luego, é dejaron el camino francés, e metiéronse por un gran monte de la montaña que iba a la parte siniestra; e, porque el conde Fernán González non podía andar por los fierros que llevaba mui grandes, óvolo la infanta a llevar una gran pieza a cuestas. E andovieron así toda la noche fasta otro día bien claro, que se metieron en un monte muy espeso, que y estaba cerca, por que los non viesen nin los conociesen ninguno. E ellos, estando asíascondidos en aquel monte, ovieron de verse una hora en muy grande cuita,ca un arcipreste del castillo, ome malo e avol, fue a cazar, e, andando poraquel monte, cayeron en rastro los podencos a do estaba el conde y la infanta, do estaban ascondidos. E cuando los vido, plogol mucho con ellos e díjoles: “Donos traidores, non vos podedes ir nin escapar de mano del rey don García, que el vos dará malas muertes a dos, e, si cuidades fuir, non lo creades”. E el conde Fernán González le dijo: “Ruégovos, amigo, que nos tengades poridad, e prometo vos, si lo facedes, que yo vos dé en Castiella una ciubdad de las mejores que yo oviere, que siempre le hayades por heredad”. E el arcipreste, como era ome malo e sin mesura, díjol: “Si vos queredes que esto sea en poridad, dejadme cumplir mi voluntad con la infanta”. E cuando el conde le oyó dezir tan desaguisada cosa, e tan malas, pesol mucho de corazón, bien asi como si le diese una gran lanzada en el corazón, e díjol quel demandaba cosa muy sin razón, que quería gran soldada por tan poco trabajo. E la infanta, como eramujer entendida e de gran seso, dijo al arcipreste como en arte: “Amigo, todo lo que vos quisiéredes todo lo quiero yo fazer, ca por esto non nos querremos morir nin perder el condado, ca mucho más vale que partamos el pecado entre nos todos tres; mas agora hamenester que nos apartemos amos a un logar donde el conde non nos pueda ver, ca avríe par ende gran pesar parende gran pesa, e vos desnudarvos hedes de los paños, e dadlos al conde, e guardarlo ha tan demientra”. E cuando aquesto oyó el arcipreste tóvose por bien pagado, porque cuidó que todo su preito era bien parado, mas el pracer tornose en al, e, cuidando confondir a otro, quedó confondido como ome malo e deshonrado. E de sí apartáronse amos cuanto un poco, e el arcipreste, cuidando luego comprir su voluntad, trabó della e quísola abrazar; mas la infanta doña Sancha, como era buena dueña, trabó dél muí atrevidamente e diol una tirada contra sí, diziendo: “Don traidor,bien cuido yo agora vengarme de vos”, e, ella teniéndol así, llegó el conde conun cochillo en la mano, e matol allí; e tomáronle la mula e el azor e los podencos, e toviéronlos allí fasta la noche, o sí cabalgaron en la mula, e llevaron el azor e los podencos, e fuéronse su vía» 2 .

Mientras tan singulares y poéticas aventuras sucedían al conde de Castilla y a la esforzada infanta de Navarra, los honrados castellanos, llenos de amargura por la prisión del primero, discutían los medios de libertarle; y Nuño Sandias y Nuño Láinez dirigieron el siguiente discurso a los 300 caballeros reunidos al efecto: «Amigos, yo voslo diré, pues que así es; nos fagamos una imagen de piedra a semejanza del conde e, así fecha, fagamos todos jurar sobre aquella imagen la guardar todos; e besémosle la mano asi como si fuese ella el conde Ferrán González, e pongámosla en somo de un carro, e llevémosla entre nos; e fagámosle pleito homenaje por amor dcl conde, que elque a Castiella tormare sin ella seya traidor; e non foir fasta que ella misma fuya; e vayamos con esta imagen a buscar al conde; e el que tornare sin él, que finque por traidor; e pongámosle a la imagen la seña de Castiella en la mano, ca yo vos digo que, si el conde era fuerte señor, mucho más lo será este que nos así llevaremos» 3 . Loscastellanos aprobaron el pensamiento, hicieron la estatua y se encaminaron con ella a buscar al conde Fernán González. Continuando la crónica las romancescas aventuras de este, refiere que el rey don Sancho convocó a cortes al cone de Castilla, y le prendió por haberse alzado con el condado. Al saber su prisión, 500 caballeros salieron con lainfanta de Castilla para libertar al conde. Los primeros se emboscaron en unmonte, y la segunda, en hábito de peregrina para Santiago, se presentó alrey, su primo, y le pidió permiso de ver a su marido. E1 rey se lo concedió, mandó quitar al conde las cadenas y preparar un lecho en que durmiesenambos; al día siguiente la infanta engañó al portero de la prisión, y elconde, disfrazado con los vestidos de romera, que su mujer le había puesto,escapó en un caballo dispuesto al efecto. Don Sancho, al saber su fuga, reprendió el hecho a la infanta, quien contestó que era su deber obrar así, y queno se deshonrase imponiéndole ningún castigo. «E, después que ovo la condesa acabado su razón, respondió el rey don Sancho, e díjol: “Señora condesa, vos feziste muy bien, e a guisa de muy buena dueña, e será contada la vuestra bondad para siempre; a mando a todos mis vasallos que vos lleven fasta do está el conde, e que non trasnochedes aquí, sinon esta noche”; e los leoneses fizieron así como el rey les mandó, e lleváronla muy honradamente como dueña de alta guisa» 4 .

Eran tiempos de las más arrojadas empresas, de los sacrificios más heroicos y en que solo se obraba con la imaginación y el corazón. Tales tiempos no podían menos de ser altamente poéticos; y no es de extrañar que, con tan dramáticas costumbres, tinte tan sublime y romancesco tomase después el teatro español en la fecunda, caballeresca y oriental nueva de Calderón y de Lope de Vega.



F . GONZALO MORÓN

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