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Prensa y canon

“La Historia”

Autor del texto editado
Montadas, José
Título de la obra
El Paraíso, periódico semanal de Filosofía, Historia, Literatura y Bellas Artes, n.º 5, 4 de noviembre de 1838
Autor de la obra
Soto, R. M. de (dir.)
Edición
Sevilla: Imprenta de J. H. Dávila y Cía, 1838
Paginación
pp. 54-57
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar del Internet Archive. (texto completo)
Información técnica
Editor: Mercedes Comellas
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 22 septiembre 2025

LA HISTORIA

A...



Canta, poeta, en tu dorada lira
las voces que natura
con entusiasmo mágico te inspira;
canta tú la ventura
de este vergel consolador, ameno, [5]
salpicado de flores
bajo de un cielo encantador, sereno;
canta, sí, la armonía
del ruiseñor que llora sus amores
bajo la copa umbría [10]
del verde roble cuya sombra empaña
el puro espejo que las ondas baña.

Entona al pie del templo sacrosanto
los sublimes cantares;
que como aroma basta el olimpo santo [15]
suban de los altares,
donde en ofrenda de piedad revelen
al Señor poderoso
la fe que inflama
al corazón piadoso. [20]
Esos cantos tal vez, joven humano,
tu nombre lleven a confín lejano.

¿No ves, no ves la majestosa torre
que aun hasta el ciclo su soberbia frente
pretende levantar? ¿Ves la grandeza [25]
con que al austro inclemente
desprecia y de las aguas la fiereza?
¿La ves. gigante, amenazando impía,
fiel guardadora, con semblante airado
a esa ciudad, do reina la alegría? [30]
Pues solo de ella mirarás un día
un recuerdo pasado;
verás escombros, polvo vil y nada.
Poeta, ven; tu cítara apreciada
estrecha con tu mano [35]
y cuenta al mundo su esplendor ufano
para que el mundo vea
con entusiasmo ardiente
cuando los fastos de la historia lea
que donde encuentre nada [40]
hoy fue una torre escelsa y celebrada.

La historia fue la que legó a nosotros
en sus eternas páginas de oro
la muerte del Señor, cuando, pendiente
de la cruz en el Gólgota eminente, [45]
al mundo daba celestial tesoro
con su sangre divina;
cuando, cercada de punzante espina
su marchitada frente,
le vio el pueblo con bárbaro contento [50]
lanzar, ¡ay!, tristemente
del hondo pecho el postrimer aliento.

Todo la historia nos enseña; un dia
fue Roma poderosa,
sus águilas osó con bizarría [55]
por todo el orbe dilatar. Gozosa
sujetó con sus armas imperiales
a la robusta Gales,
y con mentido halago
la España conquistó, [60]
venció a Cartago.
Hoy ya de aquella principal señora,
por doquier vencedora,
queda solo en el mundo una memoria,
y aun esta moriría, [65]
si entre sus bronces la eternal historia
no esculpiera de Roma la osadía.

España vio a Colón, viole rompiendo
con su valor los nítidos cristales
y montes altos de brillante plata, [70]
en su risueña mente revolviendo
la placentera idea
de descubrir mil vastos arenales;
los torrentes desata
que ocultan los tesoros que desea. [75]
Llegó, estendió su hueste valerosa,
y un dilatado suelo
halló por premio de su ardiente anhelo.
Femando ornó su frente victoriosa
con lauros eternales [80]
y colocó sus hechos en la historia
que aumentan hoy del español la gloria.

Hubo también de Córcega un guerrero
que casi en nuestros días
amagó coa sus águilas impías [85]
valiente al orbe entero:
ganó batallas, sujetó naciones
y vio a sus pies ya rotos los pendones
del Austria, Rusia y de Milán altiva;
tembló Bretaña al escuchar su nombre [90]
y absortos contemplaron
los hombres el esfuerzo de otro hombre
Meció su infancia miserable cuna,
y luego le acataron
los pueblos y cual rey le proclamaron, [100]
y el que coronas con su planta hundía
yace debajo de la tierra fría,
quedando solo de su invicta gloria
un renglón en los fastos de la historia.

Hubo un Taso, un Petrarca y un Virgilio, [105]
soles radiantes de la culta Italia.
Hubo un Lope de Vega en nuestra España
y un Calderón también, y hubo un Cervantes,
que iluminaron, del saber amantes,
su castellano suelo. [110]
Poetas fueron que con dulce lira
entonaron amores
la sien ornada de laurel y flores;
los hechos celebraron
de sus héroes y reyes, y la fama [115]
por el orbe llevaron
que con asombro los contempla y ama.
Hoy un oscuro impenetrable velo
oculta sus reliquias apreciadas,
y esculpe de ellos la feliz historia [120]
sus versos y sus obras adoradas.

Esos lienzos sublimes
que ora retratan de Jesús la muerte,
ora el valor del castellano fuerte
en la ardiente pelea, [125]
esos los restos son, aunque eternales,
de los hombres que un día
artistas proclamó la patria mía;
solo sus lienzos en el mundo quedan
y verdes lauros en la tumba fría. [130]
---------------

Poeta, ven y nuestro canto alcemos
como la voz del órgano sonoro,
y en delicioso coro
al Señor y a sus obras alabemos.
Ven, y alcancemos juntos en la historia [135]
la corona inmortal que da la gloria.




J. Montadas

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