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Prensa y canon · Textos historiográficos

“Estudios literarios. La novela”

Autor del texto editado
Couder, Gerardo
Título de la obra
El Fomento literario. Revista semanal, año II, núm. 7, 1864-02-18
Autor de la obra
Rodríguez, Florentino Esteban (dir.)
Edición
Madrid: Imprenta de los señores Martínez y Bogo, 1864
Paginación
pp. 1-2
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Natalia Fernández Rodríguez
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 4 septiembre 2025

ESTUDIOS LITERARIOS

La novela


Sin entrar en definiciones, porque ya anteriormente se ha tratado el asunto de nuestro artículo en las columnas de El Fomento bajo el punto de vista de los preceptos literarios, procuraremos presentar en breves palabras la historia de la novela, si se nos permite esta expresión.

Su origen no puede ser mas antiguo, pues en todos tiempos ha habido cuentos que, narrando aventuras más o menos interesantes, entretenían agradablemente en las pesadas noches de invierno. Todas las naciones han cultivado este género de la literatura, si bien en unas mas ventajosamente que en otras, efecto natural de un carácter y costumbres.

Los indios, los persas y los árabes son las naciones que se presentan en primer término, cuyos hermosos cuentos se han hecho memorables, habiendo traducido últimamente monsieur Davis al inglés un tomito de novelas chinescas. Los pueblos del norte también conocieron la novela.

Hemos dicho que el progreso mas o menos rápido de la novela en diferentes naciones era el efecto natural de su carácter y costumbres, así que, en aquellas que, como la romana y griega, no se prestaban al enredo e interés que exige dicho género, nunca hizo progresos notables, no obstante que los griegos alabaron mucho los cuentos de los jonios y milesios, que se han perdido en el transcurso de los siglos y que consistían, según parece, en narraciones de aventuras amorosas escritas con desenfado y desnudez. En Roma puede decirse que no se conoció hasta los tiempos de la decadencia.

Se ha dicho que la literatura es el espejo fiel de las naciones y de las épocas. Vemos, pues, en la Edad Media reflejado su carácter distintivo en la novela, y las hazañas increíbles donde siempre tomaban parte los nigrománticos, y aparecían dragones y endriagos en castillos encantados, los desafíos y los torneos, todo esto lo vemos expuesto en los libros de caballería con un estilo hinchado. Los libros de caballería tuvieron su origen en el norte de Francia y se dividen en tres clases: los relativos a Carlomagno y sus pares en las guerras contra los sarracenos; los del rey Artús y los caballeros de la tabla redonda; y los de Amadís, que tuvieron su origen en España y Portugal. La moral de estos libros es buena y, en medio de muchos disparatados y ridículos, hay algunos de bastante mérito que no desconoció, por cierto, el inmortal Cervantes en el expurgo que de ellos hace en su Quijote.

Pasaron los años y trajeron la mudanza de costumbres e ideas, y este género desapareció cuando se prohibieron duelos y cayeron en desuso los torneos, acabando con él la crítica del Quijote.

Viene después la novela pastoril. ¿Y cómo no había de imprimir su sello la época de la poesía bucólica? En España e Italia se escribieron en prosa y verso, viniendo a descender poco a poco de la narración de aventuras pastoriles a referir las cómicas y truhanescas que acontecían a la plebe. Y, casi al mismo tiempo, vemos las novelas heroicas, regeneración de los libros de caballería.

La novela pastoril gozó de gran crédito en España. Jorge de Montemayor escribió una titulada La Diana enamorada, que tuvo muchos imitadores, entre los cuales descuella Gil Polo, que escribió también una Diana. Cervantes publicó La Galatea, y el Fénix de los Ingenios, Balbuena y otros poetas rindieron culto al gusto de la época, escribiendo diferentes novelas pastoriles que muchas veces tenían por objeto introducir poesías de sus autores.

Preséntase después la novela de costumbres, cuyos primeros ensayos no fueron muy felices. Como modelo acabado tenemos el Gil Blas de Santillana, a cuyo género podemos referir las que en el día se publican con el titulo de políticas, filosófico-sociales y marítimas, así como las memorias, misterios, etc.

La Inglaterra viene en seguida dando un carácter marcado de moralidad a estas composiciones, y se escriben novelas psicológicas en las que se trata de analizar el corazón humano dando poca importancia, como lo indica su título, a los hechos externos. Puede decirse que abre esta serie Richardson con sus sentimentales novelas Pamela Grandisson y Clara Harlowe. Francia las reviste con las galas de la filosofía, y, por último, Alemania le da un carácter desgarrador y vehemente en el Werther, de Goethe, que tan perniciosos frutos ha producido llevando a los corazones el escepticismo y la desesperación. Aunque en otros géneros de novela se ha hecho uso de la fuerza epistolar, en este predomina generalmente.

Mas nos extendemos demasiado para lo que permite la índole de nuestro periódico en un solo artículo, y así aplazamos la conclusión del presente para otro número.



Gerardo Couder

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