“Teatro del Circo. Don Quijote de la Mancha, ópera de Mercadante. El ventorrillo de Crespo, zarzuela; música del señor Bassilli, poesía del señor Rubí. El amor en un membrillo, o el Licenciado Vidriera. Cerdán, Justicia de Aragón, drama en verso de don Miguel Agustín Príncipe”
- Autor del texto editado
- Sin firma
- Título de la obra
- El Pensamiento. Revista de literatura y artes, n.º 6, 1841
- Autor de la obra
- [No se indica]
- Edición
- Madrid:
Imprenta de D. Fernando Suárez,
1841
- Paginación
- pp. 140-142
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Mercedes Comellas
Encoding: Noelia Santiago López
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Córdoba, 22 septiembre 2025
Teatro del Circo. Don Quijote de la Mancha, ópera de Mercadante. El ventorrillo de Crespo, zarzuela; música del señor Bassilli, poesía del señor Rubí. El amor en un membrillo, o el Licenciado Vidriera. Cerdán, Justicia de Aragón, drama en verso de don Miguel Agustín Príncipe
No han escaseado seguramente en esta quincena las novedades teatrales. Las traducciones han hecho el gasto y además dos producciones originales, de las cuales una muy bien pudiera cambiarse por una traducción menos que mediana.
La ópera y la zarzuela se ejecutaron en una misma noche a beneficio del señor Ojeda. Al Don Quijote le sucede lo mismo que a todas nuestras cosas cuando pasan a manos de los extranjeros; pierden su carácter de originalidad y de verdad, desvirtuándose de manera que nosotros mismos no las conocemos cuando nos las envían disfrazadas. Mercadante, pues, ha escrito una partitura italiana, como tantas otras, con más o menos gusto, pero antes de escribirla, como suele suceder a los que de tales cosas se ocupan, ha ido a caza de un poeta de libretos, el cual ha fundado su argumento sobre el ya conocido episodio de las bodas de Camacho. No es este mal asunto para una ópera bufa; mas era para manejado por un español. Si la ópera no hubiera sido ejecutada por artistas españoles, es claro que no hubiéramos podido adivinar de qué se trataba; porque presentarnos en escena a nuestros dos célebres compatriotas don Quijote y Sancho Panza cantando en italiano es diabólica invención. Afortunadamente, Mirall y Salas nos reprodujeron las figuras del héroe manchego y su escudero con mucha propiedad. El público conoció al instante a sus dos personajes, saludándolos con triple salva de aplausos y con grande júbilo y alborozo al aparecer el uno en su célebre Rocinante, y el otro en su humilde pero no menos célebre rucio. Este recibimiento triunfal nos hizo ver la imperecedera popularidad de que gozan esos dos tipos que el pueblo cree históricos. Ese es el privilegio del genio, crear al par de la divinidad. Los seres engendrados por la fantasía del poeta para las edades futuras han gozado de una vida real. En tiempo de la Guerra de la Independencia, de esa esforzada y magnánima lucha de un gran pueblo contra el extranjero que ahora nos escarnece y nos afrenta, dirigíase una partida desmembrada del ejército conquistador a un pueblecito de la Mancha que iba a ser víctima del rencor de los enemigos. «¿Qué pueblo es ese?», preguntó el jefe de aquella tropa a un paisano que acertó a encontrarse en el camino. —«El Toboso». —«¡Oh, el Toboso! Respetemos la patria de la señora de don Quijote». El Toboso se salvó de la calamidad que iba a caer sobre sus habitantes.
La ópera está bien escrita; su música es sencilla, y algunos pasajes se distinguen por su buen gusto; sin embargo, no puede decirse que es una producción notable. De tarde en tarde un ligero tinte de aires españoles nos recuerda que el autor ha pensado en la patria de don Quijote.
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Si hemos de hablar con franqueza, no nos ha sido posible comprender el argumento de la comedia titulada El amor en un membrillo, o El Licenciado Vidriera. No es extraño; la exposición se hace de espaldas, y por otra parte ha de haber forzosamente en su autor, o autores, bastante inexperiencia dramática. De cualquier modo, siempre es un grave defecto en una comedia la falta de argumento, y creemos que el poeta debería corregirse de él.
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