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Prensa y canon · Textos historiográficos

“Progresos de la literatura española (conclusión)”

Autor del texto editado
J. del C.
Título de la obra
La Esperanza. Periódico semanal literario, n.º 3, 19/01/1845
Autor de la obra
[No se indica]
Edición
Cádiz: Imprenta de B. Núñez, 1845
Paginación
pp. 1-2
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Esther Márquez Martínez
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 11 agosto 2025

Progresos de la literatura española

(conclusión)


Estaba reservado al siglo XIX, este siglo pensador y filosófico en el que, marchitas las grandes pasiones de la juventud de los pueblos, se refugia el alma en lo más íntimo de la conciencia, a pesar de todos los esfuerzos de la razón orgullosa y fría, llevar los adelantos de nuestra literatura al eminente grado de esplendor desde el cual refleja hoy día sus puros rayos de gloria sobre los ingenios esclarecidos, lanzando esas chispas de luz que acaso en los futuros tiempos levanten vivas y resplandeciente llama.

Nosotros, que solamente hemos recogido la herencia de destrucción de años anteriores, hoy vemos con asombro al siglo XIX presentarse animado de las tendencias más halagüeñas, pidiendo cuenta a los llamados filósofos de las instituciones antiguas, que abolieron sin reformarlas, del auge y fomento que le ofrecieron y que no han podido darle, y, por último, de la esperanza en el porvenir que ha visto desvanecida. Del largo periodo de luchas y vaivenes interiores que hemos atravesado, de la pugna continua de las ideas y del movimiento complicatorio de los intereses sociales, una sola certidumbre hemos venido a encontrar hasta el día, a saber: que el espíritu, cansado de sus dudas, necesitaba consuelos y esperanzas, y el alma tenía sed de ilusiones y creencias. Entonces hemos buscado la fuente del saber con el anhelo del sediento y nos hemos acogido a la sombra del árbol del corazón, esperando tal vez que el murmullo de sus hojas nos dé la inspiración que ambicionamos. De aquí dimana ese tinte melancólico y opaco en que está bañada la fantasía de nuestro siglo, prestándole, por decirlo, así su verdadero carácter distintivo.

Cuando llegue la posteridad (porque llegará sin duda), leerá con asombro y pasmo los rápidos progresos del siglo XIX y entonces, idólatra de los genios que han florecido en nuestra época, seguirá las huellas que trazaron con honra y prez de la nación española.



J. del C.

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