“Confraternidad literaria. Dedicado a mi buen amigo Ambrosio Grimaldi”
- Autor del texto editado
- Atienza, R.
- Título de la obra
- El Espósito. Revista semanal de literatura, ciencias, artes, modas y teatros, n.º 7, 8 de octubre de 1846
- Autor de la obra
- [No se indica]
- Edición
- Cádiz:
Imprenta de la Misericordia,
1846
- Paginación
- pp. 49-50
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar del Internet Archive. (texto completo)
Información técnica
Editor: Esther Márquez Martínez
Encoding: Noelia Santiago López
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 4 agosto 2025
Confraternidad literaria
Dedicado a mi buen amigo Ambrosio Grimaldi
La historia nos muestra en diferentes siglos multitud de entendidos literatos que grabaron sus nombres en el libro le la inmortalidad, por el mérito de sus composiciones.
Muchos hombres célebres españoles han hecho época en distintas ocasiones contando a los tiempos más remotos.
En la dominación romana, después de la invasión de las naciones del norte, en todo el dominio árabe, y después de la conquista de los Reyes Católicos florecieron infinidad de poetas del mayor mérito. Sin embargo, en las épocas más brillantes de nuestra literatura ha reinado una gran rivalidad, hija tal vez de la envidia, y los escritores de aquellos tiempos, tuvieron que arrostrar mil dificultades interpuestas en su gloriosa carrera. Basta citar algunos nombres para probar de una manera indubitable la poca unión y armonía que entonces se experimentaba. Entre otros recomendaremos a Vicente Gómez, conocido por Espinel, que fue uno de los más calumniados y perseguidos. Espinel, pobre y sin amigos, no gozó un solo día de felicidad y ventura en la ciudad que lo vio nacer; sus obras fueron maltratadas y zaheridas, y hasta su condiscípulo y amigo Lope de Vega no pudo concluir su elogio 1 sin zaherirlo en los antepenúltimos versos que dicen:
Noventa
años viviste,
nadie te dio favor, poco escribiste
2
También citaremos al conde de Villamediana, el valiente soldado que más de una vez fue vencedor en el campo de batalla. Villamediana, hombre de un genio demasiado vivo y acostumbrado a los azares de la guerra, tenía un corazón de guerrero, y cuando escribía se olvidaba que escribía; y así sus composiciones no respetaban a nadie y echaban por tierra la fama y reputación de sus contemporáneos, por lo que tuvo infinidad de enemigos, que hasta después de su muerte demostraron su encono, como sucedió en las poesías, sonetos y epitafios que publicaron don Luis de Góngora, el marqués de Angüer, don Juan Jauregui, Luis de Vélez y otros muchos, rasgando hasta el honor del desventurado conde.
Un solo poeta, un valiente y noble caballero respetó el santuario donde se guardaban las cenizas del hombre: Juan de Alarcón. Alarcón, al contemplar al conde desnudo de poder, de orgullo y de riqueza, confundido en el polvo de la nada, olvidó todas sus faltas y, generoso cual ninguno, cantó las glorias de su antiguo compañero de armas.
Otros muchos sufrieron la suerte de los referidos; y estos hechos demuestran que en los pasados tiempos no se ha experimentado la unión y confraternidad que existe entre los literatos de nuestros días. Los poetas del siglo XIX se unen en diferentes partes, juntando el mérito de sus talentos en una misma composición. En todas las provincias se crean sociedades literarias; desde los más apartados pueblos vuelan a un punto mismo artículos y poesías que favorecen y dan vida a los nacientes periódicos. La dulce voz de hermano, pronunciada por los sonrosados labios de las señoritas Fenollosa, Coronado, Grassi, Cambronero, Mérida, Armiño, Peña y otras muchas resuenan en el mundo literario sirviendo de bandera de unión y confraternidad, bajo la que todos militamos, dando una prueba del poco egoísmo español, y de la civilización que nos rodea.
R. Atienza