Prensa y canon · Textos historiográficos
“De la necesidad de establecer en nuestras universidades cátedras especiales be literatura española”
- Autor del texto editado
- M.
- Título de la obra
- Revista ibérica de ciencias, política, literatura, artes e instrucción pública, tomo II, 1862-01-01
- Autor de la obra
- Canalejas, Francisco de Paula (1834-1883) (dir.)
- Edición
- Madrid:
Imprenta de Manuel Galiano,
1862
- Paginación
- pp. 218-220
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Carmen Calzada Borrallo
Encoding: Noelia Santiago López
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 11 julio 2025
BOLETÍN DE INSTRUCCIÓN PÚBLICASECCIÓN DOCTRINAL
De la necesidad de establecer en nuestras Universidades cátedras especiales de literatura española
Puesto que el señor marqués de la Vega de Armijo va desplegando una actividad inusitada en cuanto a instrucción pública se refiere, preciso es que vayamos notando una a una todas aquellas reformas que la situación presente exige y que con facilidad suma pueden llevarse a cabo, sin que por eso se contraríe el espíritu y tendencias de la vigente ley de estudios, y sin que produzcan considerables gravámenes a la nación.
Entre todas estas, quizá no haya una más precisa y que más fácil sea que la de establecer en nuestras facultades de Filosofía y Letras, una cátedra dedicada única y exclusivamente al estudio de la literatura española. Imposible creerán los que desconocen la organización de nuestras universidades que en España y en la Facultad de Letras no se explique literatura española; imposible, que los que entre nosotros alcanzan un título facultativo de literatos apenas hayan escuchado en nuestras universidades unas cuantas lecciones de literatura española; imposible, por último, que España no tenga enseñanza oficial de literatura española. Y esto, cuando son muchas las universidades extranjeras que la cuentan y, es más, cuando hay universidad alemana que tiene una cátedra para explicar exclusivamente el Quijote, y cuando tantas veces se han explicado y explican por extranjeros cursos especiales sobre puntos o épocas de nuestras letras. Se comprende, por tanto, que fuera de España sean conocidos y apreciados nuestros escritores tanto y muchas veces más que entre nosotros; y además de esto se alcanza que cuantos entre nosotros a su estudio se dedican no pueden menos de sentir honda amargura al considerar el incalificable abandono en que se tiene un ramo del saber que a nadie debe interesar más que a nosotros mismos.
Fuera lo que quisiera nuestra historia literaria, debía ser estudiada hasta en sus menores detalles, porque sin conocerlos es imposible apreciar el carácter de nuestra nacionalidad, el sentido de nuestra civilización, el espíritu de nuestro desenvolvimiento artístico y científico. Y como sucede que nuestra historia literaria tiene en sí una importancia que nadie puede desconocer, porque nuestros prosistas y poetas en más de una ocasión sostienen la competencia con todos o cualquiera de los de otros países, esta utilidad sube de punto, puesto que la literatura española imprime en más de una ocasión distinto carácter y nueva vida a otras literaturas y, por tanto, al movimiento científico del mundo. Por esta consideración, repetimos, es inconcebible el abandono en que por parte del gobierno se tiene un estudio que debiera hacerse con todo detenimiento, y que indudablemente produciría dentro de poco sazonados frutos.
Y este hecho es tanto más notable cuanto que se manda se dediquen en nuestras universidades cursos enteros al estudio de las literaturas árabes y hebreas, habiendo establecidos en Madrid tres enteros y especiales para literatura griega. Estudiase esta en la asignatura de literatura clásica y en las de poetas griegos y prosistas griegos y, en cambio, la literatura española aparece tan sólo como una parte secundaria de un estudio que apenas cabe en un año académico. ¿Quién puede explicar el por qué se dedican tres cursos a la literatura griega, que, entre paréntesis, se explica a los que no saben la lengua griega, y se destina una pequeña parte de uno a la literatura española? Nadie; a menos de que para hacerlo no acudamos a mezquinos motivos, que de ser ciertos, sólo producirían lástima y menosprecio.
Y no se diga que estas palabras son exageración de nuestro deseo, no; la asignatura de principios generales de literatura y literatura española abraza, además de la preceptiva, extensas nociones de la estética y de literatura general y algunas doctrinas de crítica, y esto, o mejor dicho, cualquiera de estas partes, es suficiente para llenar un curso: ¿qué resta, por tanto, después de este estudio, por muy superficial que este sea, para la literatura española? Veinte o treinta lecciones cuando más; y esto es lo que únicamente puede hacerse y se hace en todas nuestras universidades, y por todos nuestros entendidos profesores. ¿Y es esto racional? ¿Y es posible que semejante lastimoso estado continúe? Nosotros esperamos que no, por honra de nuestras letras y por el buen nombre de nuestra ilustración literaria.
¿Pero es fácil el remedio? Que contamos quien pudiera encargarse de esta asignatura, y en su explicación satisfacer las exigencias de los más difíciles de contestar, lo saben cuantos conocen los frutos que dio la cátedra de estudios superiores de literatura española, que en mal hora para nuestras letras desapareció hace mucho del cuadro de nuestras enseñanzas; y que el establecimiento de cátedras de literatura española puede hacerse legalmente lo saben cuantos conocen el texto de la ley vigente, que dio lugar a más de una duda, de mal modo en nuestro concepto, resuelta por la Dirección. La ley no establece el número de cátedras de la facultad de Filosofía y Letras; dice solamente, principios de literatura general y literatura española, pero no añade si formará sólo una cátedra o constituirá dos, como, si la memoria no nos es infiel, creyó a la publicación de la ley el rector de la Central. Si la ley no está clara, si la razón reclama distinta interpretación de la que hasta ahora ha merecido, ¿por qué no darla?, ¿por qué no corregir lo que todos estamos interesados en corregir?, ¿por qué no hacer desaparezca el despropósito de no explicarse en España, sino incidentalmente y a manera de aditamento, la literatura de nuestro país?
Para hacerlo así, no es por tanto necesario faltar a la ley; y, vencida esta dificultad, y aún dado caso de que una combinación para no aumentar el número de catedráticos no fuera posible, ¿deben escatimarse mil o dos mil duros anuales, cuando la honra de la nación lo exige? No; y así, aunque no se pudiera quitar la asignatura de estética, que forma parte de los principios de literatura general, y que no necesita constituir asignatura exclusiva, mientras los demás estudios literarios y filosóficos no reciban mayor extensión en el cuadro de nuestras enseñanzas, y aunque cualquiera otra combinación no fuera posible, necesario es se establezca un estudio que no debe ser puesto en olvido por los pueblos que en algo tengan su pasado y que aprecien como deben su porvenir. Mientras no haya cuando menos una cátedra para el estudio de la literatura española las facultades de Filosofía y Letras de España ni tendrán la importancia que tener deben, ni prestarán la utilidad que están llamadas a producir.
¿Serán tenidas en cuenta nuestras observaciones? Lo repetimos, nuestro buen nombre, nuestra ilustración lo reclaman, y en cuestiones de esta naturaleza todos estamos del mismo modo interesados.
M.