“Variedades. Reflexiones generales sobre las antiguas novelas españolas”
- Autor del texto editado
- Sin firma
- Título de la obra
- Mercurio gaditano, n.º 66, 23/07/1814
- Autor de la obra
- [No se indica]
- Edición
- Cádiz:
Imprenta del Mercurio Gaditano,
1814
- Paginación
- p. 1
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar del Catálogo de Prensa Histórica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Carmen Calzada Borrallo
Encoding: Noelia Santiago López
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 23 junio 2025
VARIEDADES.
Reflexiones generales sobre las antiguas novelas españolas.
Sea lícito a un amante de su patria hacer algunas reflexiones sobre un ramo de nuestra literatura hoy abandonado enteramente al ingenio de los extranjeros, sin que haya ni siquiera uno que se dedique a examinarlo entre nosotros. Hablo de nuestras novelas. Hubo un tiempo en que fuimos los maestros de la Europa en ellas; en que nuestro fecundísimo talento aprovechaba los prestigios de la imaginación y formaba según nuestras costumbres y nuestros usos una multitud de semejantes composiciones, en que la crítica o la alabanza, o simplemente la exposición de un hecho bien adornado, encantaba a todos los lectores; siendo digno de notarse que hemos excedido no solo en el género festivo, sino también en el patético; de manera que puede decirse sin temor de equivocación que, si no fuimos los inventores de lo que los extranjeros llaman romances, que realmente es lo que conocimos bajo la denominación de novelas en los buenos tiempos de nuestra literatura, a lo menos se nos haría la mayor injusticia si se nos negase la gloria de haber sido los primeros que perfeccionamos este género, el cual dejamos de cultivar desde que tuvimos la desgracia de corromperlo nosotros mismos, llenándolo de inverosimilitudes y de parvuleces en la época fatal de nuestra decadencia literaria. En verdad, es de extrañar hoy cómo los inteligentes permiten por más tiempo la invasión que tiene hecha a nuestras glorias esta multitud de novelas extranjeras que más han contribuido a prostituir nuestro carácter, a alterar nuestras costumbres, a amancillar nuestra lengua castellana y a hacer inaccesible la virtud, o presentarla bajo formas insulsas y muchas veces desagradables.
¿No fuera una empresa digna de nuestras letras entresacar lo mejor de nuestras novelas antiguas y publicarlas, proponiéndolas, si no como modelos, al menos como puntos de comparación a los progresos nacionales en un ramo que constantemente han sabido cultivar todas las naciones cultas en tiempos de su ilustración? ¿No valdría la pena, entre tantas novelas como tenemos inéditas, elegir las mejores, enmendarlas, y presentarlas a los lectores con aquel aseo y belleza que puedan admitir? ¿De dónde nos parece que los mejores romancistas de Europa han tomado parte del fondo de sus obras en este género? De nosotros, cuyos manuscritos y originales han sabido y saben comprar por el conducto de muchos viajeros curiosos que han apreciado nuestras cosas.
A nuestras novelas españolas, tan sensibles y afectuosas, no les falta más que escenas, actos bien distribuidos, y un diálogo dramático para llegar a ser verdaderas tragedias urbanas, y si la rapidez de su acción y de su estilo mantienen suspenso al lector, sin ser cansadas por su brevedad, ¿por qué habíamos de haber formado tanto empeño en olvidarlas nosotros mismos? ¿No es una lástima que no restauremos un género tan precioso, y que daría honor a nuestros literatos?
Es de creer que hoy, sosegados ya los espíritus, se dediquen algunos a este ramo, por cuya reforma claman el honor nacional y las buenas costumbres.