“VARIEDADES. La villana de Vallecas. 2º artículo”
- Autor del texto editado
- Sin firma
- Título de la obra
- Miscelánea de comercio, artes y literatura, n.º 8, 17-11-1819
- Autor de la obra
- Burgos, Francisco Javier de (dir.)
- Edición
- Madrid:
Imprenta de Repullés,
1819
- Paginación
- pp. 3-4
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Juan Montero
Encoding: Noelia Santiago López
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Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 27 mayo 2025
VARIEDADES.
La villana de Vallecas
2º artículo
El desenlace hubiera debido y podido mejorarse, pero, desgraciadamente, si el del original no es bueno, el de la refundición no vale mucho más. En el original, como en la refundición, doña Violante invita a don Juan y a doña Serafina a su boda, y esto con el objeto de que don Gabriel asista, contando con que en esta reunión, a la que también debían concurrir don Vicente y don Pedro, no podía menos de reconocer y reparar su crimen el traidor amante. Esta idea es excelente, pero no lo es el modo con que la ejecuta el maestro Tirso, que cuando están todos reunidos hace salir a doña Violante, y, como si esta estuviera ya de acuerdo con don Gabriel, o contara infaliblemente con el buen éxito de su tentativa, la hace decir saliendo:
Primero que los vecinos
de Vallecas a ver salgan
el fin de tantos enredos,
es razón que se deshagan.
Don Gabriel, vos sois mi esposo; [5]
y yo, puesto que injuriada,
doña Violante, que trueca
en amores sus venganzas.
En prueba de esta verdad
firmas alego y palabras [10]
delante de don Vicente,
que es el juez de nuestra causa.
Esta confianza de doña Violante en su justicia, este tono resuelto y decisivo, es tal vez fuera de propósito, y sorprendería sin duda a los espectadores; pero la larga jeremiada que el refundidor pone en boca de doña Violante hace un efecto mucho peor. No hay un hombre de razón que no se incomode viendo terminar una pieza alegre y divertida por unas pesadísimas preces que dirige una víctima a su verdugo, que se supone ceder por generosidad, mientras que debía hacerlo por remordimientos. La cosa hubiera debido prepararse de forma que, al aparecer doña Violante y don Vicente, se mostrase don Gabriel agobiado del peso de su bajeza; que doña Violante le dirigiese pocas, pero muy enérgicas palabras, que completasen la confusión y el abatimiento de su seductor; que, sacando todo el partido posible de esta situación, se hiciese a don Gabriel, como reo, pedir perdón a la ofendida; que, concedido este, se anunciase para celebrarlo que don Gabriel había heredado el mayorazgo de su hermano, con lo cual no parecería tan dislocada la largueza de doña Violante, que ofrece 500 ducados para pagar las calzas de Antón, cuando su marido tenía tan poco sobre qué recaer, que no había reparado en robar indignamente a un caballero, que le honraba con su amistad y su mesa. En fin, después de cumplir con doña Violante, ofreciese don Gabriel a don Pedro una satisfacción equivalente a los agravios, calumnias y daños de toda especie que le había hecho, con lo cual se terminaría convenientemente esta graciosísima pieza, que ha divertido al público madrileño por espacio de siete u ocho días.
Rara vez sucede que a piezas antiguas refundidas concurra la gente con tanto apresuramiento como ha concurrido a esta; pero el nombre del autor, el rumor que había cundido de que estaba llena de chistes, rumor que se encontró completamente justificado a la primera representación, hizo que no hubiese quien no desease verla. Estos chistes en la pieza original están repartidos entre varios personajes; pero en la refundición han quedado, por efecto de las supresiones y adiciones, reducidos casi todos al papel de la supuesta villana. Este papel lo ha desempeñado la señora Antera Baus de una manera infinitamente graciosa y original; y dudamos mucho que quepa en el teatro más verdad, más sencillez, más prestigio que el que esta actriz ha empleado en la representación de esta pieza. Sobre todo, su primer diálogo con don Juan ha arrancado los más justos y sinceros aplausos.
No debemos terminar este artículo sin referir una anécdota, que se nos ha dado como positiva, y que parece tener cierta verosimilitud. Cuentan que el padre presentado Téllez (Tirso de Molina) tuvo una persecución, de resultas de haber compuesto esta pieza, y que por entonces no se permitió que se representase; y se añade que el padre Téllez se la dio a su amigo don Agustín Moreto, con encargo de refundirla y de mudarle el título, lo que ejecutó puntualmente don Agustín en su comedia de La ocasión hace al ladrón. Sea lo que fuere de este hecho, que nos proponemos examinar cuando publiquemos las noticias históricas de nuestros poetas dramáticos, lo cierto es que tenemos actualmente a la vista la referida comedia, y que en el frontis se asegura ser de don Agustín Moreto. El argumento es el mismo que el de La villana, igualmente que los personajes, y la mitad de los versos, y aun de las escenas: pero Moreto presenta a doña Violante y a su criada con el disfraz de estudiantes, que es más decente, y sobre todo más oportuno para averiguar el paradero de don Gabriel, que no el de villana de Vallecas, puesto que los estudiantes podían reconocer los paseos, calles y demás sitios frecuentados de la corte, y esto no podía hacerlo una panadera, que, debiendo venir diariamente del lugar, vender su pan y volverse al mediodía o a la tarde, no tenía tiempo de practicar diligencias en busca de su mentido amante. Esta diferencia de disfraces hace desde el segundo acto diversos los incidentes; pero, si bien son más verosímiles en la comedia de Moreto, no tienen tanta gracia ni tanta novedad como en la de Tirso.
Si el nuevo refundidor de La villana de Vallecas hubiera podido consultar esta antigua refundición, habría encontrado en ella ideas muy útiles para la suya, como, por ejemplo, la declaración de don Manuel de Herrera (que es como Moreto llama a don Gabriel, en orden al robo hecho a don Pedro de Mendoza). En La ocasión hace al ladrón se supone que, viniendo de Arganda el burlador de Violante con la maleta trocada de don Pedro, encontró cerca de la puerta de Atocha un coche, cuyas mulas iban desbocadas, que Herrera sacó del peligro en sus brazos a Serafina, de la cual se enamoró entonces, y que este amor le sugirió la idea de usurpar el nombre del indiano, como lo hizo, pero sin usar de un maravedí suyo, y mostrándose, al contrario, tan delicado, que aun a riesgo de descomponer su boda, ya muy adelantada, con Serafina, resolvió él mismo ir a llevarle su maleta a la cárcel, donde supo que se hallaba. De esta manera se manifiesta caballero el don Manuel, o don Gabriel, y al fin no se presenta con otro delito que con el de haber burlado a una joven decente, el cual, aunque punible, puede repararse casándose; mientras que este delito, agregado al de usurpar un nombre ajeno, y a los de robar a un hombre de bien, valerse de sus fondos para sobornar criadas y conquistar corazones a los que no debiera aspirar, sostener su superchería vil delante del robado, hacer que sufra por su causa en una cárcel, etc., son indignidades que juntas hacen de don Gabriel un monstruo de que convendría purgar la tierra.
El deseo de que la graciosa comedia La villana de Vallecas se represente en lo sucesivo con el mayor interés posible nos ha sugerido estas reflexiones. Sea quien sea, el que ha refundido la pieza conoce el oficio y sabe hacer buenos versos; nada, pues, le será más fácil que enmendar estos defectos que indicamos, empresa a la cual basta dedicar un par de ratos.