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Prensa y canon

“VARIEDADES. La villana de Vallecas”

Autor del texto editado
Sin firma
Título de la obra
Miscelánea de comercio, artes y literatura, n.º 7, 15-11-1819
Autor de la obra
Burgos, Francisco Javier de (dir.)
Edición
Madrid: Imprenta de Repullés, 1819
Paginación
pp. 3-4
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Juan Montero
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 26 mayo 2025

VARIEDADES

La villana de Vallecas


Casi toda la penúltima semana, y algunos días de la última, se ha estado representando en el teatro de la Cruz esta divertida comedia del maestro Tirso de Molina, refundida últimamente, y dividida en la refundición en cinco actos. He aquí su argumento.

Una dama de Valencia, llamada doña Violante, se había dejado seducir por las falaces promesas de don Gabriel de Herrera, y hecho dueño de su honor bajo palabra de casamiento. Ausentose don Gabriel apenas satisfizo su pasión, dejando burlada a Violante. Esta, precisada a huir de su pueblo y suponiendo que su amante no podía menos de estar en Madrid, en cuya confusión se abrigaban entonces todos los delincuentes, determinó trasladarse a Vallecas, entrar de sirvienta en casa de un panadero, y, a favor de este disfraz, venir diariamente a Madrid, donde entre ella y un criado fiel que la había seguido podrían descubrir el paradero del pérfido amante. Un indiano, llamado don Pedro de Mendoza, es el que les da la primera noticia de él, contándoles que un caballero, a quien había convidado a cenar en Arganda, le había llevado su maleta llena de oro y alhajas, por el aturdimiento del criado mismo de don Pedro, que adormilado tomó una por otra. En tal trance se resuelve abrir la de don Gabriel, y se encuentran cartas que lo descubren, y entre otras cosas el retrato de Violante. Con tan preciosa indicación, sigue esta, disfrazada siempre de villana de Vallecas, los pasos de su seductor, que, aprovechándose de las cartas y dinero que venían en la maleta de don Pedro, se presenta en casa de don Gómez de Peralta, con cuya hija, llamada doña Serafina, venía a casarse el indiano. Don Gabriel es recibido como si fuera el verdadero don Pedro, quien, llegando después, es tratado de impostor y de loco. Por colmo de desgracia, un don Vicente, hermano de doña Violante, deslumbrado por apariencias y falsos informes, hace prender a don Pedro, creyendo que es el don Gabriel, burlador de su hermana. Mientras tanto, el verdadero don Gabriel goza impunemente de las riquezas del indiano, y se prepara a celebrar su boda, que con más ardides y enredos estorba la activa y vigilante villana, hasta que, suponiendo que se va a casar con un tonto llamado Antón, hijo del amo a quien ella sirve, convida para padrinos de su boda a doña Serafina y a su hermano don Juan, consintiendo en que se casaría con él. Concurrieron al sitio donde debía celebrarse el desposorio el hermano y la hermana, llevando esta consigo al afligido don Pedro, sobre cuya fidelidad la sabia villana le había inspirado terribles sospechas. Allí se descubre todo: don Gabriel da la mano a Violante, y el indiano, reconocido ya por el don Pedro verdadero, se casa con su Serafina.

Esta comedia, como todas las del maestro Tirso de Molina, o sea fray Gabriel Téllez, mercenario que se disfrazó con aquel seudónimo, está llena de sales y de agudezas; la acción es siempre rápida, a pesar de la complicación de los acontecimientos; la versificación es por lo común fácil, y las rimas constantemente ricas. Hay, sin embargo, en el original escenas inútiles, trozos hinchados y otros defectos que se podían quitar, como en efecto lo ha hecho el refundidor en la mayor parte.

Por de contado, ha suprimido los papeles de don Luis, primo de don Gabriel, y de otro personaje, llamado Valdivieso, ambos completamente inútiles. En el primer acto se han suprimido, y con mucha razón, la larga escena primera de don Vicente y su criado Luzón, que pasaba en Madrid, y la segunda y tercera que pasaban en la posada de Arganda entre don Pedro y su criado, y entre don Pedro y don Gabriel. La comedia empieza por la cuarta escena del original, en la cual el refundidor mejora mucho el lenguaje, pues a unas octavas hinchadísimas, con que el autor hacía quejarse a don Pedro del trueque de las maletas, el refundidor ha sustituido unas redondillas bastante fáciles y bien cortadas, según lo que pudo juzgarse en la representación. El segundo acto del original se ha dividido muy oportunamente, y en todas las escenas se han quitado las impertinencias y exageraciones de la pieza de Tirso, con habilidad e inteligencia. El tercer acto de la refundición acaba donde el segundo del original, y para ello han sido necesarias algunas adiciones y supresiones que están bien ejecutadas. Las escenas en que doña Violante, disfrazada de señora, tiene conferencias con don Luis y don Juan, han sido también suprimidas, y el objeto de ellas puesto en relación. Sin embargo, no podemos dejar de observar que en la refundición no consta bien claramente el conducto por donde don Juan supo la noticia de la mala conducta del fingido don Pedro, y hubiera convenido aclararlo más, para que los espectadores inteligentes no adivinasen, como adivinaron, la supresión de escenas, que se colegía de la falta de encadenamiento. En fin, se suprimen las escenas en que don Pedro aparece en la cárcel, donde, creyéndole don Gabriel de Herrera, se le anuncia la muerte de su hermano, de cuyas resultas hereda un mayorazgo de 3.000 ducados. En el segundo artículo hablaremos del desenlace y de la representación.

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