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Prensa y canon · Textos historiográficos

“Breve reseña de la Literatura Española (Conclusión)”

Autor del texto editado
García Flores, José
Título de la obra
Álbum Literario. Periódico de Ciencias y Literatura, n.º 12, 28 de febrero de 1858
Autor de la obra
García Flores, Isidoro (dir.)
Edición
Madrid: Imprenta de Manuel Galiano, 1858
Paginación
pp. 97-98
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Mercedes Comellas
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 7 marzo 2025

Breve reseña de la Literatura Española

(Conclusión)


Hemos llegado ya a la época actual y literatura del siglo XIX. Ciertamente que alguno de los escritores antes citados han alcanzado, y aun publicado, parte de sus obras al principio de este siglo; pero los hemos creído deber incluir en la época anterior, porque en ella se dieron a conocer y mostraron sus talentos. No me detendré mucho en hacer el análisis de los autores y escritores de este siglo, ya por lo mucho que sobre ello tienen escrito plumas mejor cortadas que la mía, ya también porque habría de detenerme más de lo que pide la breve reseña que escribo para un periódico; además, que tenía que herir susceptibilidades y chocar con personas cuyos talentos a la vez admiro y con cuya amistad acaso me honro. Con todo, se nos presenta una cuestión interesante, a saber: ¿Ha tenido en este medio siglo algún adelanto la literatura española? Críticos descontentadizos no han dudado en sostener no haber adelanto alguno, y que, a la vez que hemos visto prosperar las ciencias y las artes, que hemos presenciado los milagros del gas, del vapor y de la electricidad, la literatura se halla en un atraso y estado lamentable. Pero, aunque yo confieso no se halla en el estado brillante que era de desear, con todo, creo que nuestros adelantos científicos y nuestras conquistas políticas han traído en pos de sí célebres oradores, escritores de talento, ilustres literatos y célebres ingenios, que, libres de las trabas que antes imponían las preocupaciones y otras causas que contenían el talento y ahuyentaban a los verdaderos genios, han ilustrado con sus escritos nuestra patria. ¿Podrá decirse con razón que no ha adelantado nuestra elocuencia, habiendo tenido oradores como el virtuoso Argüelles, el florido López, Martínez de la Rosa, Olózaga y otros varios? ¿Podrá sostenerse que ha atrasado nuestra locución y literatura, contando con obras como las del filósofo Balmes, del historiador Toreno, y satíricos como Lafuente y Larra? Con poetas y autores dramáticos como el inspirado Zorrilla, el fecundo Rubí, el concienzudo Hartzenbusch, Zárate y Gutiérrez? ¿Con un autor cómico, tan fácil y gracioso, como Bretón de los Herreros? Y, últimamente, ¿no leemos con gusto las obras de Espronceda y otros muchos que no nombro, que serán siempre la gloria de nuestra época literaria? Desgraciadamente muchos apreciables ingenios han abandonado el ameno y florido vergel de la poesía por el árido campo de la política. Nuestras disensiones políticas, el escepticismo que desgraciadamente corroe nuestra sociedad, y otras causas, que no me atrevo a esplanar son las que nos han arreba[ta]do nuestros talentos, dejando el camino de gloria con que su genio les brindaba.

Mucho ha adelantado, repito, nuestra literatura en este medio siglo, pero preciso es confesar que los grandes ingenios y talentos han tenido que sostener una lucha continuada para salvar nuestra literatura patria, amenazada de ser anegada y extinguida por la transpirenaica. Ingenios creadores formaron en Francia una secta particular, y talentos distinguidos la dieron un brillo con que deslumbraron, no solo al vulgo, sino a los talentos medianos. Entonces fue cuando un cúmulo de medianías, descartándose y despreciando las reglas y preceptos del arte eternos, por estar fundados en la naturaleza, inundaron con sus monstruosas producciones la república literaria. Traductores sin ciencia ni conciencia vertieron al castellano todo cuanto se publicaba de la nueva escuela. Algunos ingenios apreciables se dejaron llevar de la moda y arrastrar por la corriente; pero bien pronto, conociendo lo ridículo y monstruoso de la nueva secta, volvieron sobre sí, y anatematizaron la exaltación del romanticismo, dedicándose a combatirle, imitando las bellezas de nuestros clásicos antiguos. Esperemos, por lo tanto, confiadamente en que estos mismos escritores distinguidos por su genio y talento proseguirán la obra comenzada, logrando destruir a tanto traductor inexperto y atrevido que aun encenaga con la versión al castellano de obras la mayor parte inmorales o monstruosas, nuestro idioma, nuestra literatura y nuestros teatros.

Y vosotros, jóvenes estudiosos, que ahora principiáis a dar muestras de vuestro ingenio y talento, leed y estudiad nuestros clásicos antiguos y modernos; meditad la propiedad de su dicción, su lenguaje puro y castizo, sus pensamientos sólidos, sublimes, patrióticos y bellos, y, huyendo de tanto poetastro como infesta nuestro suelo, del escepticismo que seca el corazón, de los goces que enervan el espíritu, y de tantos escritores como corrompen nuestra lengua con sus galicismos y frases transpirenaicas, seguid por el camino, que, imitando a la naturaleza nuestros grandes escritores os han marcado. No os acobarde lo mezquino de la recompensa y lo grandioso de la empresa, ni os rindáis al cansancio y fatiga, ni os desanimen los envenenados tiros de la envidia, porque al fin de vuestra carrera hallaréis una corona de laurel que ciña vuestras sienes y una gloria inmortal e imperecedera. Decidme, si no: ¿admirarán los venideros a tantos autores y traductores de novelas frívolas y depravadas, a tantos malos rimadores, que quieren pasar por inspirados vates, a tantos traductores de dramas incoherentes, monstruosos e inmorales como nosotros admiramos a Cervantes, Herrera, Lope, Calderón, Moreto, Moratín y Quintana? ¡Oh, no! Sus nombres y sus obras perecerán cuando ellos dejen de existir, y su sepulcro permanecerá oculto a las generaciones venideras.



José García Flores

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