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Prensa y canon · Textos historiográficos

“Breve reseña de la Literatura Española (continuación)”

Autor del texto editado
García Flores, José
Título de la obra
Álbum Literario. Periódico de Ciencias y Literatura, nº. 9, 28 de enero 1858
Autor de la obra
García Flores, Isidoro (dir.)
Edición
Madrid: Imprenta y librería de la viuda de Vázquez e hijos, 1858
Paginación
pp. 65-66
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Ana Mejías Cruz
Editor: Mercedes Comellas
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 13 enero 2025

Breve reseña de la literatura española

(Continuación)


En cuanto a poetas, son célebres: en la bucólica Juan Boscán, no tanto por el mérito de sus escritos, aunque no le faltan, cuanto por ser el primero que mejoró la poesía y versificación. El malogrado Garcilaso de la Vega, que fue con razón llamado por sus contemporáneos el Cisne Español, pues ciertamente tenía el talento de versificar, como lo demuestra lo acabado de la canción de Nemoroso en la égloga primera y en algunos trozos de la segunda y tercera, y muchas de sus canciones y sonetos; el doctor Balbuena en su Siglo de Oro, aunque se le nota el defecto de hacer a sus pastores demasiado retóricos; el bachiller Francisco de la Torre en la Bucólica del Tajo, cuyas poesías pastoriles, únicas que publicó escribió con sencillez y novedad y a veces con bastante fuego; con todo, su dicción y sus versos suelen ser descuidados por la falta de corregirlos, que, dicho sea de paso, se hallan en casi todos nuestros antiguos poetas, porque son pocos los que publicaron por sí sus composiciones, verificándolo después de su muerte algunos amigos que las recogieron. Figueroa en el Tirsi y Jorge Montemayor y su continuador Gil Polo en su Diana enamorada. En la lírica fue célebre fray Luis de León, principalmente en la Profecía del Tajo y en sus Noches serenas, donde dejó ver lo apacible de su alma bella y candorosa. La canción de Bartolomé de Argensola a la muerte del rey don Sebastián; la de Fernando de Herrera al mismo asunto y a don Juan de Austria; este celebre poeta es sin disputa el mejor lírico de su tiempo y ennobleció nuestra poesía lírica dándola un tono lleno y robusto y a veces sentido y patético. Francisco de Rioja en sus Ruinas de Itálica, donde deja ver el autor su imaginación pintoresca, la amenidad y fluidez de su estilo, y sus sentimientos virtuosos y morales.

En la anacreóntica y epigramática son modelo los sonetos y liras de Garcilaso, las traducciones de Marcial por Salinas, que compiten con el original, y las muchas composiciones del fecundísimo Lope de Vega, el cual fue sin duda el mejor versificador de su época, pues parece nacido para hablar en verso, porque entre tantos millares como compuso apenas se encuentra uno que no sea corriente, y se hallan infinitos sumamente felices; su versificación es fácil, igual, llena, armoniosa y correctiva. ¡Lástima que en vez de dedicarse solo a escribir, no dejase algún tiempo para revisar, corregir y castigar sus innumerables composiciones!

En la épica serán célebres la Araucana de Ercilla, por más que críticos indigestos la juzguen sin piedad, pues aunque tiene en su plan algunos defectos, se hallan trozos modelos de sublimidad, y su lectura nunca desagradará por lo bien acabado del verso, lo nervioso y a veces florido del estilo y castizo del lenguaje; y el Monserrat de Virués, en el cual se hallan trozos dignos de ser imitados y que no desdicen de los más célebres autores épicos. El Bernardo del obispo Balbuena tiene también algunas bellezas, pero peca en difuso y pertenece más bien a los libros de caballería. La Jerusalén conquistada de Lope de Vega es un poema desproporcionado, sin regularidad, ni unidad de acción y solo brilla en él lo bello de la versificación y demuestra la imaginación fecunda del autor.

En la poesía dramática tenemos las formas de Lope de Rueda, celebres por ser el principio por donde nuestro teatro adquirió su desarrollo y celebridad; las tragedias de Lupercio de Argensola y de Bermúdez; El Agamenón vengado del maestro Oliva; varios dramas de Guillén de Castro y Morales; las mil y tantas comedias y dramas del fecundísimo y nunca bastante admirado Lope de Vega, cuya variedad, lances e inspirados desenlaces, junto a la amenidad del estilo y versificación hermosa, nos admira y encanta; y los muchos también del maestro Tirso de Molina, cuyo mayor defecto fue solo el retratarnos fielmente las costumbres licenciosas de su tiempo. Además hay otros varios autores, como Juan de la Cueva, Virués y otros, que quedaron oscurecidos ante el genio de Lope de Vega.

(Se continuará)



José García Flores

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