“Teatro español. Tirso de Molina II”
- Autor del texto editado
- Alcalde Valladares, Antonio (1829-1894)
- Título de la obra
- La Violeta. Revista hispano-americana de literatura, ciencias, teatros y modas, n. 110, 08/01/1865
- Autor de la obra
- Sáez de Melgar, Faustina (1834-1895) (dir.)
- Edición
- Madrid:
Establecimiento tipográfico der R. Vicente,
1865
- Paginación
- pp. 15-17
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Emre Özmen
Encoding: Noelia Santiago López
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Córdoba, 8 enero 2025
TEATRO ESPAÑOL
TIRSO DE MOLINA
II
¿Qué podremos decir de las obras de este insigne escritor que no hayan dicho los que con más talento y más experiencia las han juzgado, después de gastar su vida entera estudiando esas inestimables joyas que, a pesar de sus defectos, reflejan en nuestra literatura como una piocha de diamantes?
Por más que nosotros hayamos gastado también la flor de nuestra vida sin separarnos de nuestras lumbreras dramáticas, por más que hayamos pasado los años robando la mitad del sueño para ellas, por más que las vigilias enteras hayamos dedicado al estudio de sus obras, si bien están más altas que nuestro entendimiento, no han dejado de prestarnos algún rayo de luz, a cuyo resplandor hoy vamos a examinar rápidamente el interesante teatro de Tirso.
Las comedias de Tirso las reducen algunos, y con razón, a tres clases:
1. Las de
intriga
o de costumbres,
2. Las
históricas
o heroicas,
3. Las
religiosas.
Las dos primeras clases casi se confunden. En todas graba un mismo carácter, todas abundan en las mismas bases, y todas se distinguen por la viveza y facilidad del diálogo.
En las religiosas, aunque siempre se ve al maligno y satírico fraile, no deja de vez en cuando de entreverse al poeta heroico y sublime que en robustos y sonoros versos expresa grandes pensamientos e ideas elevadas. Entre estas destaca particularmente la que lleva por título El condenado por desconfiado, que, además de pertenecer al género romántico, encierra escenas donde resalta su nervio y energía.
Martínez de la Rosa dice que Tirso superó a todos nuestros poetas en malicia y sal cómica, por más que no fuera tan ameno y delicado como Moreto y Rojas, tan ingenioso y urbano como Calderón, ni de tanta ternura como Lope. Estamos conformes con este mismo escritor cuando dice que Tirso, con su propia gracia, desarma al crítico, que no se encuentra con fuerzas para condenarle.
¿Quién puede condenar La villana de Vallecas ni La villana de la Sagra, a pesar de sus licencias? Aquellos chistes tan oportunos, aquella soltura, aquellos diálogos que se escapan de entre las manos, aquellas gracias, aquellas frases juguetonas, ¿quién puede condenarlas jamás?
Gil y Zárate se queja de Tirso porque pinta sus damas generalmente livianas y como juguetes de pasiones mezquinas. Verdad es que más adelante dice que es preciso confesar que algunas veces las ha sabido presentar como dechados de virtud.
No sabemos cuánto habría sufrido el alma de aquel poeta; no sabemos cuáles habrían sido sus desengaños, para hacer aquella guerra implacable a la mitad del género humano. ¿Se sabe por qué Gabriel Téllez se encerró en un convento? No. Pues puede que esto tenga relación con las pinturas exageradas que él hace del bello sexo.
Esto no quita para que le tachemos de falta de generosidad, por más que, como hemos dicho, reconozca a veces sus faltas y cambie de ideas, presentándonos a aquel débil ser como un cielo de amor puro y casto. La prudencia en la mujer y Pruebas de amor y amistad son dos comedias conducidas con acierto, que presentan un cuadro tan perfecto como consolador. En este cuadro se destaca la mujer virtuosa y honrada, retratada con un colorido y una verdad admirables.
Tirso, puede decirse, es el creador de ese carácter novelesco y romántico, que aún hoy día brilla en nuestra escena, y puede decirse en todas partes. En El Burlador de Sevilla saca a la escena a ese don Juan Tenorio, especie de loco cuya fama es europea, el cual dice en una de sus conquistas, acaso con razón:
Que amor es rey
que iguala con justa ley
la seda con el sayal.
Algunos críticos, como el eminente Lista, llevan a mal que Téllez cree en algunas comedias esos celos entre hermanas, que podrá ser un recurso pobre; pero que como es una cosa no solo verosímil, sino hasta vista muchas veces, nosotros no podemos hacerle una inculpación. Marta la piadosa, Amar por señas y No hay peor sordo ofrecen tipos de esa clase, que es preciso dejar correr, por más que uno no esté conforme con ellos. La comedia de costumbres es un retrato de alguna de las fases de nuestra sociedad, y los celos entre hermanas no dejan de tener lugar en ella.
Celos con celos se curan es indudablemente una de las mejores fábulas hechas por Tirso. En ella tiene caracteres de primer orden, que son los de César y Carlos; aquí, sin embargo, nos sale al encuentro una de sus faltas: Sirena, la protagonista de esta pieza, es una mujer odiosa y despreciable.
El triste suceso de Los amantes de Teruel ha dado margen a diferentes dramas, que, mejor o peor combinados, han aparecido en nuestro teatro, sin contar con el popular de Hartzenbusch. Tirso ha sido uno de los que con aquel título dio una producción donde campean escenas tiernas y delicadas.
Citan algunos de sus biógrafos como de las mejores comedias suyas las que llevan el título de Por el sótano y el torno y El vergonzoso en palacio, que efectivamente se distinguen por la vis cómica, y más que nada, por la facilidad con que están dialogadas, y por las ideas tan atrevidas que tienen, como cuando dice Tirso en la segunda citada:
¿Sí? Andad. Hecho me ha temer
alguna burla, aunque hablo,
que no tendrá miedo al diablo
quien no teme a una mujer.
En las comedias de costumbres hay cuadros animadísimos, por más que resalte la poca escrupulosidad del autor. Léanse, si no, Don Gil de las calzas verdes y El Amén médico.
En otras, separándose de su acostumbrada licencia, emprende un buen camino, que a veces concluye en una lección moral. A este género pertenecen La celosa de sí misma, Marta la piadosa, Por el sótano y el torno, Ventura te dé Dios, hijo, Privar contra su gusto y otras varias.
Tirso puede asegurarse que ha tocado el amor en todos sus tonos, y que, como Zorrilla en su Tenorio, puede decir:
Ha recorrido mi amor
toda la escala social,
desde una princesa real
a la hija de un pescador.
Para probar esto, no hay más que leer El castigo en el pensequé, El vergonzoso en palacio, El Burlador de Sevilla, Amor y celos, Amar por razón de estado y otras que fuera prolijo enumerar.
En algunas comedias se descuidó Tirso demasiado, imitando, y a veces sobrepasando, la regularidad de Lope de Vega , como puede verse en El pretendiente atrevido, La república al revés, Del mal el menos y algunas otras, pocas verdaderamente, porque el público empezaba ya a saborear otros tiempos y exigir otras cualidades; en una palabra: empezaba a brillar la aurora de Calderón y Moreto.
Estravagante algunas veces, llegó a producir obras que parece mentira que saliesen de aquella pluma privilegiada. ¿Quién ha de creer que pertenezcan a Tirso exabruptos como Escarmientos para el cuerdo, La condesa bandolera, Los lagos de San Vicente, El mayor desengaño y algunas más?
¿Quién ha de creer que quien trazó esos planos tan disparatados, era el creador de Amar por señas, Amor y celos hacen discretos y, sobre todo, Pruebas de amor y amistad?
Esta comedia, ideada como la mejor, está concluida hasta su desenlace magistralmente. Aquella Estela, resistiéndose a un príncipe y a las injusticias de un amante celoso, es el tipo ideal de la ternura y la virtud .
Habiéndonos extendido demasiado en este artículo, en otro concluiremos de dar una idea rápida y sencilla de las obras del ilustre mercenario [sic].
A. Alcalde Valladares