Volver a los resultados

Prensa y canon · Textos historiográficos

“Estado de la literatura europea. Artículo III”

Autor del texto editado
Daza y Malato, Juan
Título de la obra
Revista literaria de El Granadino, nº 14, 10 de agosto de 1848
Autor de la obra
Giménez-Serrano, José (dir.)
Edición
Granada: Imprenta de Juan María Puchol, 1848
Paginación
pp. 105-107
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Transcriptor: Isabel Román Gutiérrez
Editor: Pedro Ruiz Pérez
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
Este documento sigue los criterios y lenguaje cifrado de TEI http://www.tei-c.org/About/website.xml
Córdoba, 25 noviembre 2024

ESTADO DE LA LITERATURA EUROPEA

Articulo III


Presentadas en los anteriores artículos las causas que en nuestro juicio influyen en la decadencia de la literatura, y teniendo ya una base de donde partir en nuestros ulteriores raciocinios, vamos a entrar de lleno en el examen que nos hemos propuesto.

Por medio del sentimiento poético, innato en el corazón, el hombre recibe impresiones que le exaltan de una manera agradable, sin que sea capaz de explicarse a sí mismo las sensaciones que experimenta. Cuando este sentimiento se sujeta al análisis se convierte en una idea, y el carácter de vehemencia que produce se cambia en otro de dignidad que eleva su alma sobre la altura de las nubes. Sus pensamientos van entonces más allá de los astros, y el agitado mar no aparece ante su razón más que como un elemento de que dispone a su albedrío.

Esta teoría del sentimiento poético en el hombre es aplicable a la literatura de los pueblos, y esto es tanto más exacto cuanto que la primitiva literatura de todas las naciones está llena de poesía, porque este es el idioma de la imaginación y de las pasiones. Cuanto más cerca se halla el hombre de su estado primitivo, ama y aborrece con más vehemencia; todo para él es objeto de admiración. Cuando la civilización de los pueblos no ha hecho aún grandes progresos, cuando los ánimos no han sido vencidos todavía por los placeres de la sociedad, sus sentimientos son elevados y grandes, sus pensamientos son naturalmente poéticos. La literatura de esos pueblos está llena de sencillez y valentía; sus imágenes, sus comparaciones y sus hipérboles llevan ese carácter de rudeza, pero sublime, que se nota en la naturaleza misma. La Ilíada de Homero nos justifica esta idea: sus héroes, sus descripciones, en armonía con los objetos que describe, son la señal más marcada de que su obra es la primitiva de un pueblo, de donde debía partir la civilización del mundo.

Pero cuando las naciones adquieren el suficiente grado de civilización para conocer, analizar y juzgar, varía el carácter de su literatura lo mismo que el de sus costumbres: el estilo cortado y dramático, la osadía del pensamiento y la libertad de expresarlo, se cambia en ese tono urbano y elegante de los buenos tiempos de la literatura europea, pero sin movimiento y sin la libertad que se nota en las composiciones hebraicas, por ejemplo. Ya que hemos nombrado la poesía oriental, justo será, aunque abandonemos por un instante nuestro pensamiento de examen, que digamos algo de la poesía, tal por excelencia, llena de fluidez y de giros; de esa poesía sencilla pero grande que en vano se ha querido imitar por todos los poetas de la antigua y moderna Europa.

El examen de la literatura hebraica es necesario para el mayor acierto en el plan que nos hemos trazado. La literatura griega, por donde pensamos comenzar nuestra, hasta ahora, anunciada tarea, tiene su origen o, para hablar con más exactitud, debe la mayor parte de su grandeza a las obras de los hebreos, lo que no deja de contrastar notablemente con la diversidad de religión, de costumbres y de usos en uno y otro pueblo. Fuera de esta razón, creemos un deber en todos los aficionados a la literatura el tributar una muestra de respeto a la primera del mundo.


Literatura oriental


Los pueblos del Oriente han conservado por más tiempo que los de Occidente el espíritu y las tradiciones de su política, de su moral y de su literatura. Su civilización se ha estacionado después de ver pasar, como un meteoro que deja en pos de sí un pálido rayo de su luciente luz, los bellos tiempos de la corte de Bagdad, cuyos esfuerzos científicos produjeron un efecto momentáneo porque la invasión de los Turcos y los Mogoles no dejó florecer la semilla derramada en el espacioso campo de la inteligencia.

Los pueblos de Occidente, que cuentan las revoluciones por los años de su existencia, renuevan de un siglo para otro el espíritu de su política, su moral y su literatura. La Europa, idólatra e ilustrada bajo el reinado de Augusto, cristiana bajo los de Constantino y Teodosio, presa de la invasión bárbara en el siglo V, teatro de guerras y disensiones, en épocas posteriores ha visto desaparecer sus usos y sus costumbres, variar sus leyes y tomar diverso rumbo a su filosofía y su literatura. Su inteligencia ha tenido que luchar con los cataclismos que la han amenazado, y su desarrollo ha sido rápido, constante.

La literatura del pueblo hebreo es esencialmente poética, como sucede a la primitiva de lodos los pueblos; la poesía es el idioma de la imaginación y de las pasiones; el ignorante ama y aborrece sin freno, todo lo que le rodea escita su admiración y conmueve su fantasía; estas causas, que por sí solas bastan a producirla, unidas a las que por doquiera ofrece rica naturaleza, son el fundamento de la poesía oriental, de esa poesía llena de imágenes y de hipérboles brillantes que arrebatan el corazón.

Por otra parte, los habitantes del Éufrates y el Tigris, del Ganges y del Indo, encuentran en sus fértiles orillas sin mucho trabajo lo necesario para su subsistencia; su afición al reposo, a la meditación vaga y poética que les convida al placer, cl clima, la clase misma de alimentos, contribuyen poderosamente a escítar su creadora imaginación.

La espresión de la poesía hebraica es la más rica, la más tierna, la más vehemente y sublime de todo el mundo; está llena de imágenes atrevidas y de hipérboles brillantes; sus giros y sus pensamientos están espresados con una valentía que contrasta notablemente con su sencillez; su estilo es cortado y dramático; la ternura de ideas en los pasajes patéticos, estremada; los libros del viejo testamento, antes de los que no conocemos otra роеsía oriental, están cuajados de concepciones sublimes, de ideas tiernas y de imágenes floridas y elegantes.

Los tiernos y melancólicos cantos de Jeremías, los osados de Escequíel, los patéticos salmos del Rey Santo, los magníficos de Asaf, los cánticos de Job cuando describe la lucha del justo con la adversidad recibiéndola del cielo como un benéfico don, espresan la admiración, la gratitud, la esperanza, el amor y la fe sin la que no puede existir la convicción del pensamiento. El Cantar de los Cantares es la concepción más brillante y más sublime del entendimiento humano. Nada hay comparable en poesía a los libros de la Biblia,

Los Griegos, los Latinos, todos los poetas de Europa en todos los siglos, han querido imitar este género de poesía, tan rico y tan fecundo; ninguno ha podido esplotarlo. Solo Milton, el sol de Inglaterra, inspirado por el ángel de Sion, comunicó a su poema las dos cualidades que principalmente distinguen a aquel género de poesía de todos los del mundo, la sencillez y atrevimiento.

Nuestro divino Herrera en sus composiciones sagradas o en las que tienen un carácter religioso se remonta como el águila y sus pensamientos y sus giros están llenos de orientalismo y de poesía.

En el siguiente artículo nos ocuparemos de la literatura griega.



Juan Daza y Malato

Volver a los resultados