“VARIEDADES. Los amantes de Teruel. Comedias antiguas sobre este asunto”
- Autor del texto editado
- Sin firma
- Título de la obra
- El guardia nacional, nº 556
- Autor de la obra
- Ferré, Luis (dir.)
- Edición
- Barcelona:
Imprenta del Guardia Nacional,
1837
- Paginación
- p. 2
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Transcriptor: Victoria Aranda Arribas
Encoding: Noelia Santiago López
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 20 agosto 2024
VARIEDADES
Concluye el artículo de ayer
[Los amantes de Teruel]
[...]
Comedias antiguas sobre este asunto
Los poetas dramáticos no tardaron en aprovecharse de un argumento tan interesante y ya en el mismo siglo XVII nos ofrecen tres comedias distintas que tienen aquel por objeto. El público español, en lo general, no conoce de ellas más que la de Montalbán, y aun el mismo Antillón no cita otro tampoco; pero, en nuestro entender, el primero que presentó este argumento en el teatro fue el maestro Tirso de Molina, cuyo drama hemos leído, y que fue publicado en 1635, por lo menos tres años antes que el de Montalbán. Ni uno ni otro son dignos de la reputación de ambos autores, y tienen ambos la particularidad de una semejanza tal en el giro del argumento e incidentes que podría pasar por un completo plagio de parte de uno de los autores. No podemos menos de achacárselo en tal caso a Montalbán, tanto por lo posterior de su fecha cuanto porque parece que esta desgracia persiguió a Tirso de Molina, el cual en muchas de sus comedias se vio copiado con más fortuna –aunque no con mayor mérito– por varios autores: Moreto reprodujo la Villana de Vallecas en La ocasión hace al ladrón; Cañizares se apropió de Antona García de Tirso; Matos hizo lo mismo con La elección por la virtud de Tirso bajo el título de El hijo de piedra, y dio a El convidado de piedra una pálida imitación de la comedia de Tirso El burlador de Sevilla.
No es mucho, pues, que Montalbán se llevase también la fama de Los amantes de Teruel, aunque no supo imitar más que los defectos de la comedia de Tirso. Este colocó la escena en la época del emperador Carlos V, haciendo asistir a la conquista de Túnez y la Goleta, y cambió los nombres de los interlocutores, llamando a Azagra don Gonzalo de Aragón, y al padre de Marcilla, Hipólito; describió malamente los caracteres, siguió un plan descabellado y sin gracia y hasta se olvidó de su riquísima vena poética en diálogos pesadísimos y altisonantes. Montalbán lo siguió en todo esto y aun le sobrepujó en necedades, pudiendo asegurarse que su comedia es una de las peor escritas en español. Siquiera la de Tirso tiene unas endechas que hacen recordar su bellísimo estilo, la de Montalbán está en la jerga llamada culta, en aquel tiempo de que puede dar una muestra la celebrada relación de la amante delante del Emperador.
Últimamente, el catálogo de Huerta cita otra comedia de Suárez con este título que no hemos tenido ocasión de ver, pero que no creemos valga más que las de los dos citados autores. Estaba, pues, reservado a la época moderna del teatro español el consagrar a la memoria de los tiernos amantes de Teruel un drama interesante y magnífico en que quedase sublimemente consignado aquel hecho histórico, y este drama es el que acaba de presentarnos en la escena el joven don Juan Eugenio Hartzenbusch.