“Cuestión literaria sobre una novela de Miguel de Cervantes”
- Autor del texto editado
- M.
- Título de la obra
- Cartas españolas. Revista histórica, científica, teatral, artística, crítica y literaria, vol. V, cuaderno 58, 28 de junio de 1832
- Autor de la obra
- Carnerero, José María de (dir.)
- Edición
- Madrid:
Imprenta de J. Sancha,
1832
- Paginación
- pp. 343-345
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Transcriptor: Isabel Román Gutiérrez
Editor: Pedro Ruiz Pérez
Encoding: Noelia Santiago López
Editor: Pedro Ruiz Pérez
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
Este documento sigue los criterios y lenguaje cifrado de TEI http://www.tei-c.org/About/website.xml
Córdoba, 31 julio 2024
CUESTIÓN LITERARIA
sobre una novela de Miguel de Cervantes
En la nueva edición de las Novelas de Cervantes, publicada en Barcelona por D. A. Bergnes y Compañía, componiendo parte de la biblioteca selecta, portátil y económica, se estampa una nota al principio de La tía fingida, en la cual se pretende persuadir que dicha novela no es obra de Cervantes. Y como todo lo que toca a este inmortal autor, gloria de su patria, debe excitar nuestro interés, nos parece oportuno hacer algunas observaciones en contradicción al sentido de dicha nota, y emitir nuestro modo de pensar conforme con el de votos muy respetables, que han afirmado ser indudablemente dicha novela producción del autor del Quijote.
Es la verdad que hasta hace pocos años no fue conocida del público La tía fingida entre las novelas de Cervantes; pero don Agustín García y Arrieta, al publicarla al fin de su libro titulado Espíritu de Miguel de Cervantes, nos hizo un resumen de la historia de este encuentro. Dicho señor Arrieta manifiesta que don Isidoro Bosarte, secretario de la Academia de San Fernando, la halló entre los manuscritos que registró del colegio de San Hermenegildo de Sevilla, en un códice antiguo que, bajo el título de Compilación de curiosidades españolas, contenía esta y otras novelas de Cervantes. Después nos explica la historia de este libro, y se extiende en demostrar su opinión, y la del señor Bosarte, de que indudablemente era Cervantes el autor de dicha novela, apelando al juicio de los lectores versados en su estilo y comparándola con otras de las reconocidas por suyas.
Algunos años después, en 1818, se publicó de nuevo dicha novela, impresa en Berlín; y en ella, además de un prólogo en alemán, hay al final una nota en español, que dice así: “He confrontado esta copia con el original que existe en un códice de misceláneas que formó a principios del siglo XVII, por los años de 1606 a 1610, el licenciado Francisco Porras de la Cámara, prebendado de la santa iglesia de Sevilla, y dirigió al arzobispo de aquella capital, para que con la variedad de lectura que contenía, de cosas propias y ajenas, pasase entretenido las siestas de verano en Umbrete. Es un códice de 241 hojas sin foliar, y perteneció al colegio de jesuitas de San Hermenegildo de Sevilla, de donde, por la extinción de aquella orden, vino a la biblioteca pública de San Isidro de Madrid, de donde me lo franqueó para reconocerlo su bibliotecario don Pedro Estala. En el último tercio del tomo se hallan la novela de La tía fingida, luego la de Rinconete y Cortadillo, ambas de letra del licenciado Porras, y en seguida la del Celoso Extremeño, de distinta letra, y a veces algunos trozos interpolados de mano del mismo licenciado. Estas dos últimas las dio a luz, tal como se hallan en este manuscrito, el autor del Gabinete de lectura española, porque ciertamente hay notables variedades con las que después imprimió Cervantes. Como este residió tantos años en Sevilla, sin duda escribió allí estas novelas, que, andando en copias en manos de los curiosos, las reunió el licenciado Porras en su miscelánea. Cervantes solo publicó las que podían llamarse ‘ejemplares’, y omitió las que por su burla o gracejo o demasiado verdor podían ofender los oídos castos o ser de mal ejemplo a la juventud, en cuyo caso estaba La tía fingida. Pero, aunque en ninguna de las tres novelas se expresa el autor, no dudamos serlo Cervantes de las dos últimas, ni podemos dudar que lo fue también de la primera, si atendemos a su estilo, a sus alusiones, etc. Esta copia se hizo por una del señor Estala, y en la confrontación con el original han resultado las enmiendas y correcciones que van anotadas, siendo de advertir además para mayor exactitud que el original dice siempre muncho, parescer, cobdicia, santenuffio, bajaranos, dubda, puncto, etc., por mucho, parecer, codicia, duda, etc., lo que debe tenerse presente si llega a imprimirse.
Esto lo escribí al sacar la primera copia en Madrid, a 7 de diciembre de 1810. Posteriormente ha publicado don Agustín de Arrieta, al fin del Espíritu de Miguel de Cervantes (un tomo en octavo), esta novela; pero no sacada del original, sino de otra copia poco exacta, y suprimiendo por la decencia pública varios diálogos y pasajes graciosos y oportunos. Como Cervantes no corrigió esta obrita, hay en ella algunos pasajes descuidados o confusos, que se han conservado en prueba de la exactitud con que se sacó la copia del original, y porque son de fácil corrección e inteligencia. Martín Fernández de Navarrete”.
Después de la respetable autoridad que acabamos de citar del señor Navarrete (que acaso los estimables editores de Barcelona ignoraban hubiese dado su opinión en la materia), ¿qué podremos añadir que no sea repetición? Con efecto, además de las circunstancias que acompañaron a su hallazgo, que prueban casi hasta la evidencia la identidad de autor de esta con las otras, aun prescindiendo de la manifestación de sujetos tan respetables, tan inteligentes y tan versados en el habla de Cervantes, ¿cómo es posible que a los editores de Barcelona se les haya ocultado la extraordinaria semejanza de las imágenes, los giros del lenguaje y aquel gracejo inimitable que caracterizaban al escritor alegre? Prolijo sería este artículo si hubiéramos de entablar comparaciones de los períodos en que Cervantes se descubre de en los que se imita a las claras y de los que absolutamente se copia durante el corto límite de la novela.
Esta semejanza se hace más sensible en la edición de Berlín, que, como dice el señor Navarrete, es más original, pues en la del señor Arrieta se suprimieron frases y periodos enteros que forman parte del cuadro. Tal es la mayor parte de la contestación que da la niña Esperanza a los consejos de la tía, la réplica de esta y otros pasos y frases, que, aunque no todos bien escogidos ni decentes, descubren al escritor y la época en que escribía. Los editores de Barcelona han repelido la del señor Arrieta con dichas supresiones, y hubiera sido de desear tuviesen a la vista la de Berlín para no haber condenado más que aquellas frases de que tal vez la decencia pública pudiera resentirse.
Por lo demás, la edición es muy linda, como todas las que salen de las prensas del señor Bergnes, a quien, si continua en sus apreciables empresas, será deudor nuestro país de la reproducción de muchas obras clásicas, y de un refinamiento de gusto tal en el arte tipográfico, que nada tenga que envidiar a los países extranjeros.
M.