“Comunicados”
- Autor del texto editado
- Sin firma
- Título de la obra
- El guardia nacional, nº 262, 17/08/1836
- Autor de la obra
- Ferrer, Luis (dir.)
- Edición
- Barcelona:
Imprenta del Guardia Nacional,
1836
- Paginación
- p. 3
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Victoria Aranda Arribas
Encoding: Noelia Santiago López
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 22 julio 2024
COMUNICADOS
Señor redactor, quisiera merecer de la bondad de usted se sirviese dar lugar en su apreciable periódico a los siguientes renglones.
Parece hemos llegado por fortuna al apogeo de la literatura. Así nos lo manifiesta hoy la juventud barcelonesa. Ya se ha fijado una nueva época de regeneración literaria, según algunas modernas plumas de esta capital, pues nos manifiestan que para poder obtener los científicos dictados de escritor y de autor no se necesitan muchos años de un estudio asiduo, una meditación profunda y conocimiento bastante del carácter humano. En buen hora que tal aconteciese cuando florecieran los Leones, los Argensolas, los Quintanas, los Meléndez y aun los mismos Moratines. Desde la muerte de estos últimos ha trascurrido tiempo suficiente para la formación de nuevos seres que, arrojando de sí tanta hojarasca, despreciando la rutina, ocupándose únicamente de lo útil y agradable, solo van al grano, huyendo la dirección de un hueco pedante. Ahora se aprende al lado de nombres científicos y profundos, que con la mayor maestría hacen beber a sus alumnos sin saber cómo, la literatura en esencia.
Pero la poesía, gozando hoy la preferencia, acaba de abrir un palenque para clásicos y románticos. Yo no me decidiré por una ni otra escuela; tomaré de ellas lo que más me plazca y juzgue por mejor; pero sí diré que es tal el espíritu de partido literario que reina entre los nacientes escritores, que se asemeja al frenesí de aquellos sectarios que en los tenebrosos clubs trabajan con el puñal sobre el bufete, prontos a hundirle en el pecho del que difiera de su opinión.
Leyendo obras escogidas, consultando autores célebres, comparando, meditando, reflexionando, conduciéndose por la censura de críticos inteligentes, raciocinando sobre todo, sacando ilaciones es como se forman conceptos sólidos que se perfeccionan a par que el buen gusto, y los conocimientos se aumentan. ¿Y una gradación semejante puede seguirse en el espacio de una olimpiada o de un lustro? ¡Oh presunción, cómo obcecas esos espíritus! La satisfacción que les cabe ver en letra de molde sus abortos para ser reputados por fenómenos de talento les obliga a consumir horas consecutivas en leer algunos autores y analizar ligeramente cuatro puntos cardinales, dando terminantes pareceres y criticando a su antojo las obras más acreditadas. Con esto, queda satisfecho su amor propio.
Conozco que, por razón de lo adelantada que se observa la naturaleza, un joven puede aprovechar más en menos tiempo. Pero querer contrariar la marcha de aquella es destruirla. Nuestros escritores la hacen producir frutos que, sazonados con el tiempo, podrían ser sabrosos; mas, arrancados en leche, como que les faltó el jugo nutricio, perdieron su existencia al nacer sin haber dado el menor provecho.
Lluevan sobre mi escrito risas sardónicas, expresiones satíricas, acompañadas del desprecio que pueda causarles; nada me importa: jamás conocí el vicio de la adulación y siempre he tenido presente que las verdades son como la quina, que, aunque amargas, aprovechan.
Si pensáis, noveles escritores, que os provoco a una nueva polémica, os equivocáis. Escribo solo por caridad y resuelto a no contestar si hay quien salga a la palestra. Quiero y debemos querer todos que las plumas amaestradas en lides literarias sean las que por medio de los periódicos de esta capital formen la opinión pública, conduciéndonos felizmente al término de nuestra contienda nacional. A más que cada cosa tiene un tiempo, y creo no es este el propio para escribir los muchachos. Acaso se me dirá que soy viejo y menos para dar consejos; pero a esto contestaré que el piadoso fin que me anima suple la edad y que a todo buen cristiano es lícito ejercer obras de misericordia. Valete.