“Sobre el mérito literario de La Araucana, de don Alonso de Ercilla”
- Autor del texto editado
- Sin firma
- Título de la obra
- Efemérides de la Ilustración de España, nº 31, 31/01/1804
- Autor de la obra
- Real Sociedad Económica de Amigos del País de Valencia (dir.)
- Edición
- Valencia:
Imprenta de Caballero,
1804
- Paginación
- pp. 121-123
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Biblioteca Nacional de España. (texto completo)
Información técnica
Editor: Pedro Ruiz Pérez
Encoding: Noelia Santiago López
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 27 mayo 2024
SOBRE EL MÉRITO LITERARIO DE LA ARAUCANA, DE DON ALONSO DE ERCILLA
Algunos críticos han querido defraudar a La Araucana del mérito que el tiempo y quasi el general consentimiento de los amantes de la buena literatura la han concedido por espacio de más de dos siglos.
La envidia y una falsa crítica suele a veces perseguir las obras de los héroes aun más allá de la época en que vivieron, no porque ya reine en ellos aquel odio activo que suele mover a los contemporáneos de los varones eminentes, sino porque el amor propio, unido muchas veces a cierta petulancia literaria y a cierto rigorismo de preceptos, ha hecho incurrir en extravagancias, en delirios y aun en calumnias a muchos hombres de todos los tiempos y en todos los pueblos. Aquella tolerancia literaria que, bien aplicada a las obras de mérito, las hace mirar bajo el verdadero aspecto en que deben considerarse no se encuentra. El supuesto literato, incapaz de tomar las cosas como son, y queriendo que sean como deben ser, supone, y de sus hipótesis deduce después consecuencias inexactas y arbitrarias.
Así ha sucedido con nuestra Araucana. No es un poema épico se dice; la epopeya supone la invención de un plan vasto; el poeta que haya de hacer un poema épico ha de ajustar los hechos y hazañas portentosas a esta ficción y ha de prestarle todas las bellezas y prestigios de que es susceptible una imaginación creadora y fecunda; los episodios, aunque en el orden de los sucesos humanos sean de mayor o menor interés, es menester sacarlos de su verdad para acomodarlos a la acción principal o al argumento del poema, al cual deben ir siempre subordinados. La Araucana de Ercilla carece de este plan, luego no es un poema épico ni tiene el mérito que debía suponérsele. ¡Raro modo de raciocinar!
¿Acaso don Alonso de Ercilla dijo en su modesto prólogo, ni en otra parte alguna de sus obras, que iba a presentar una obra de esta clase? ¿No dice que, “considerando ser la historia verdadera... se había resuelto a imprimirla, ayudando a ello las importunaciones de muchos testigos... y el agravio que muchos españoles recibirían quedando sus hazañas en perpetuo silencio, faltando quien las escribiese”? ¿Y poco después no dice que “por que fuese más cierto y verdadero se hizo esta obra en la misma guerra y en los mismos pasos y sitios, escribiendo muchas veces en cuero por falta de papel y en pedazos de cartas, algunos tan pequeños, que apenas cabían seis versos, que no le costó poco trabajo para juntarlos”? Finalmente, ¿merece la lógica de sus detractores el candor con que añade que “por esto y por la humildad con que va la obra, como criada en tan pobres pañales, acompañándola el celo y la intención con que se hizo, esperaba que sería parte para poder sufrir quien la leyere las faltas que llevaba”? Pues ¿a qué es suponer que debió Ercilla haber hecho de su obra una Iliada o una Eneida, cuando su ánimo no fue ese, sino el de escribir en verso la historia verdadera de la conquista de Arauco por los españoles. ¡Qué injustos somos a veces con nosotros mismos y con nuestras cosas! Los literatos de otra nación cualquiera se juntarían a porfía a coger laureles para tejer guirnaldas que coronasen el loable intento de un Ercilla que trató de inmortalizar las hazañas de una conquista tanto más gloriosa cuanto se hizo contra un pueblo de hombres belicosos, de un valor irresistible, de un carácter decidido, en fin, de un pueblo de héroes que, sin las ventajas de guerrear de los españoles, que habían ya dado un presto yugo a otros vecinos, tuvieron el valor para disputarles todavía con heroísmo palmo a palmo su terreno.
Si nuestros críticos hubieran dicho [que] Ercilla escribió su Araucana con la pluma que copiaba la verdad de los hechos; sus imágenes son quasi las que resultan de los sucesos mismos; sus pinturas no pertenecen a la ficción de la fábula, sino a la historia misma; su estilo es el que corresponde a nuestra buena literatura; y la riqueza de sus máximas morales, filosóficas y políticas ha hecho dudar a muchos si debe colocarse en el cortísimo catalogo de los poemas épicos, hubieran dicho una verdad, hubieran hecho a Ercilla la justicia que correspondía a su trabajo y no hubieran incurrido en una petición de principio para intentar deprimir su mérito; en fin, hubieran asignado a este poeta su verdadero lugar en el parnaso y hubieran explicado sin dificultad el motivo por que se han hecho tantas ediciones; por qué se halla traducida por quasi todas las naciones cultas; y por qué después de dos siglos tanto sirve de recreo y de instrucción a sus lectores i .