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Prensa y canon

“Variedades. Literatura. Romancero de romances doctrinales, amatorios, festivos, jocosos, satíricos y burlescos, sacados de varias colecciones generales y de las obras de diversos poetas de los siglos XV, XVI y XVII, por don Agustín Durán. Se vende en la librería de Cuesta en Madrid”

Autor del texto editado
Sin firma
Título de la obra
Gaceta de Bayona. Periódico político, literario e industrial, nº 190, 26/07/1830
Autor de la obra
Lista, Alberto (dir.)
Edición
1830
Paginación
pp. 2-3
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Pedro Ruiz Pérez
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 15 mayo 2024

VARIEDADES

Literatura

Romancero de romances doctrinales, amatorios, festivos, jocosos, satíricos y burlescos, sacados de varias colecciones generales y de las obras de diversos poetas de los siglos XV, XVI y XVII, por don Agustín Durán. Se vende en la librería de Cuesta en Madrid


En el primer número de nuestro periódico tuvimos el placer de anunciar el Romancero de romances moriscos, que entonces acababa de publicar el señor Durán, entresacado del Romancero general impreso el año de 1614, y recomendamos, como era justo, el intento de este español celoso de nuestra antigua literatura en hacer una edición nueva y clasificada de los romanceros españoles, cuyos ejemplares han desaparecido casi del todo por el empeño de los estranjeros en adquirirlos y por nuestra incuria en no haberlos reimpreso en dos siglos. Con no menos satisfacción damos noticia ahora del que ha publicado posteriormente, sacado no solo de aquella fuente, sino de otras varias colecciones o de las obras de nuestros buenos poetas.

Considerando este libro como una selección o reunión escogida de romances, tiene sin duda más mérito que el primero, por el mayor trabajo de escoger entre muchas compilaciones y obras particulares la multitud de piezas que le componen y por el mayor placer que debe producir su lectura con la variedad, y aun puede decirse con la escelencia de un sinnúmero de versos. Bellísimos son los moriscos por sus galanas descripciones, por la cortesanía y valor caballerescos que retratan, por las acciones, trajes y divisas que pintan, por el vigor de su estilo y, digámoslo así, por la frondosidad de su dicción; sin duda, este es el género más nuevo y original y en que más generalmente han sobresalido nuestros escritores de romances. Pero, limitados por su argumento a batallas y desafíos, a torneos y cabalgatas, a empresas y plumajes y al amor pendenciero de la caballería, habían de cansar al fin, como cansaron a los poetas de aquel tiempo

Tanta Zaida y Adalifa,
tanta Draguta y Daraja...
tanto alquicel y marlota
tanto almáizar y almalafa.


Y mal puede evitarse este inconveniente en una colección numerosa y continuada de romances moriscos, que hace desear en su curso la variación de estilo y de personajes. Mas en el Romancero presente a la severidad de las composiciones morales sucede presto la ternura y delicadeza de las amorosas, la amenidad y gracia nativa de las pastoriles, el chiste y desenfado de las villanescas, el donaire y sal urbana de las festivas, la malicia y agudeza de las satíricas y tantas otras prendas de una poesía tan libre y variada en los ornatos de sus diferentes especies. En este apreciable tomito se hallan entre muchos otros los célebres y sabidos romances “Presta la venda que tienes”, “La niña, imagen de amor”, “Mariana, Francisca y Paula” 1 , “Si tuvieras, aldeana,”, “El tronco de ovas vestido”, “Servía en Orán al rey”, “Entre los sueltos caballos” (ambos moriscos), “Guarda corderos, zagala,”, “En un pastoral albergue”, “Pariome adrede mi madre”, “Una incrédula de años”; y ya se ve por esta ligera reseña que abundan en él los tiernos y cándidos versos de Lope, los ricos y galanos en este género del incomparable Góngora y los chistosos y picantes de Quevedo; y que un libro donde se contienen los mejores romances de estos poetas ha de llevar muchas ventajas a otra cualquiera colección de su clase.

Aun no contento el editor con este cúmulo y variedad de riquezas, ha añadido para más variarlas algunas de distinto género, como las odas “a la barquilla” de Lope, las redondillas de Baltasar del Alcázar y aun las cantilenas propias y traducidas de Villegas, que son enteramente del anacreóntico. Y no sabemos por qué, habiendo interpolado en una colección de romances piezas no solo de diferente carácter y estilo, sino de un metro desacostumbrado en esta clase de composiciones, no incluyó las lindísimas de seis sílabas, que son los llamados “romances cortos” de nuestros antiguos romanceros, si ya no los ha reservado con otros de los no reimpresos para continuar, como debe esperarse, la importante empresa de su nueva publicación.

Tal es el tesoro de bellezas poéticas que se acopian en esta obra y tal su mérito, mirada como una colección de poesías ligeras. Pero es necesario confesar que en ella se ha separado un tanto el colector de su primer propósito, que nos parece más estimable. Su intento era reimprimir por orden y clases nuestros antiguos romanceros, que por su antigüedad y por la estracción que han sufrido van desapareciendo del todo. Esta empresa era grandemente patriótica y literaria, porque en los cancioneros y romanceros antiguos no solo se encuentran mil bellezas, sino los primeros acentos conocidos, los progresos y la perfección de una poesía enteramente original y española, y sería gran mengua que se perdiesen para nosotros esos archivos de nuestra literatura, tan ricos de noticias como de preciosidades poéticas. El gran mérito de esta reimpresión consistiría en la rareza e importancia, ya literaria, ya histórica, de las obras que se publicasen. En ella podían y, con pocas y prudentes escepciones, debían entrar las piezas medianas y aun las más débiles e incorrectas, como antiguos monumentos de nuestra ilustración, útiles todos, aun los más imperfectos, para mostrar los adelantos sucesivos de la poesía, los progresos de la versificación y lenguaje, las frases propias y nativas del habla, las libertades que se tomaron aquellos poetas en la formación y figura de las palabras, en la sintaxis y hasta en la colocación del acento, la tradición, las costumbres, las aficiones y el gusto popular. Una tal colección podría no agradar en todas sus partes a los meros aficionados, que solo buscan la flor de las artes para su recreo, pero sería sobremanera estimada y agradecida de los humanistas, de los filósofos y de los eruditos, que aspiran a conocer la historia de ellas y a estudiarlas fundamentalmente para su instrucción. Las alteraciones más convenientes que pudiera hacerse en su método, respecto a las ediciones anteriores, sería reducirlas al orden cronológico, colocando, cuanto fuese posible, las piezas por los tiempos en que fueron escritas y manifestando además el nombre de sus autores, siempre que se supiese.

El nuevo libro no es ya de esta clase. Se han mezclado en él composiciones de otra época y gusto, que jamás se insertan en los romanceros, composiciones que no son de este género de poesía, que no pertenecen a la literatura esencialmente nacional, como se la llama en la advertencia que precede. (Las eróticas de Villegas son de un estilo muy diferente de los romances, creado por él sobre el modelo de los griegos; muchas de ellas son traducciones de Anacreonte). Composiciones que, lejos de haberse hecho raras, se han reimpreso con repetición, que se encuentran en todas las colecciones de poesías, que todos saben de memoria y que, hallándose a la mano en tantos libros, nadie buscará en un romancero. De esta alteración, hecha sin duda para agradar más generalmente, se sigue una mezcla desagradable. Al paso que se hallan obras lindísimas, muchas de ellas del género clásico a que no corresponde el libro, se tropiezan entre las que son propias de su objeto, “bastantes que no llegan a medianas”, como el mismo editor confiesa; algunas en lenguaje anticuado 2 ; no pocas tan despreciables en poesía como el romance “Libre del fuego de amor” (pág. 194) y el otro “Martes de Carnestolendas” (pág. 291), que peca hasta en la medida y asonancia de los versos. Por manera que los que solo deseen el escogimiento de las piezas habrán de disgustarse frecuentemente con su lectura, y los que quieran tener las apreciables y raras obras de nuestros romanceros antiguos, en cuyo obsequio se hace esta publicación, no se complacerán hallando en abundancia composiciones, aunque muy bellas, que no promete el título ni el objeto del libro y que se encuentran en otros fácilmente. Nosotros eshortamos al señor Durán para que satisfaga nuestros deseos y esperanzas de ver reimpresos los romanceros españoles. ¿Quién mejor puede hacerlo, por su inteligencia y afición a nuestra antigua literatura y por la preciosa colección que posee?

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