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Prensa y canon

“Del espíritu de la literatura actual y del genio de Lope de Vega, por don Francisco Martínez de la Rosa”

Autor del texto editado
Martínez de la Rosa, Francisco (1787-1862)
Título de la obra
La Estrella. Periódico de literatura, ciencias, artes y modas, nº 24, 18/12/1842
Autor de la obra
[No se indica]
Edición
Cádiz: Imprenta de la Revista Médica, 1842
Paginación
pp. 192-193
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar del Internet Archive. (texto completo)
Información técnica
Editor: Pedro Ruiz Pérez
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 15 mayo 2024

Reseña de algunos asuntos literarios que han sido tratados últimamente por la prensa periódica

Del espíritu de la literatura actual y del genio de Lope de Vega,por don Francisco Martínez de la Rosa


Hemos visto traducido en la Civilización de Barcelona un artículo que con este epígrafe publicó meses pasados el Investigador, periódico del instituto histórico de Francia. Razonado y brillante como todo lo que sale de la pluma del señor Martínez de la Rosa, el artículo de que hablamos viene a ser una continuación del que leyó en el mismo instituto cuando aquel cuerpo científico se ocupaba de discutir el carácter de la literatura en el presente siglo.

E1 artículo está dividido en dos partes. Tiende la primera a demostrar la desemejanza que existe entre la literatura actual y las que le precedieron. El señor Martínez de la Rosa no considera fácil fijar su verdadero carácter. Quizá, dice, carece de él, o, al menos, si tiene una fisonomía, no está bien pronunciada. “Fuerza es, pues -añade haciendo uso de una de esas bellas metáforas que tan comunes son en sus escritos-, fuerza es limitarse a delinear los contornos como los retratos en el daguerreotipo, en los que se reconoce la figura, mas sin espresión, sin vida”.

Prueba después con razones muy oportunas que la literatura de nuestros días no es la literatura de Grecia, ni la de Roma, ni la del siglo XVI, ni la del siglo de Luis XIV, ni la de la revolución, ni tampoco la del imperio. A ninguna de ellas se parece, pero en medio de todo cree el señor Martínez de la Rosa, aunque su opinión en esta parte tenga muchos adversarios, que nuestro siglo ha nacido bajo los auspicios más favorables para crear un buen orden de ideas literarias, porque se inauguró, por decirlo así, deteniendo el curso de una revolución que todo lo habla destruido, y reconstruyendo la sociedad sobre su verdadera base: la religión y la moral.

He aquí un párrafo en que a vuelta de algunas verdades innegables se descubre claramente esa especie de eclecticismo político y literario que ha distinguido siempre las opiniones del ilustre autor del Edipo. Huyendo el señor Martínez de los principios absolutos, lleva algunas veces sus ideas a una región imaginaria, imposible.

“Se han mostrado –dice- en esta asamblea opiniones muy opuestas sobre el mérito de nuestro siglo en lo que concierne a la literatura. A decir verdad, hallo las unas y las otras algún tanto exageradas. Quizás nace semejante opinión de la disposición de mi espíritu, que jamás se lanza a los estremos. Mas sinceramente creo que nuestro siglo no merece ni que se le alabe mucho, ni que se le desprecie en demasía. Ha hecho verdaderos adelantos no solo en las ciencias físicas, lo que está fuera de toda duda, sí que también en algunos ramos de la bella literatura...”. “Ramos hay -continúa más adelante- que se hallan en nuestro tiempo en un estado de prosperidad ostensible; hay otros que se encuentran, preciso es decirlo, en estado de decadencia; algunos con dificultad podrán levantarse. De todos modos, es cosa cierta que la literatura actual hace esfuerzos constantes y coronados algunas veces de un éxito feliz para satisfacer las necesidades de la época, poniéndose en armonía con el espirita del siglo. ¿Logrará su objeto? Lo ignoro. Sin embargo, yo abrigo esta esperanza. Nos hallamos en una vía de mejora, de progreso; tenemos un instinto generoso que nos impele hacía un mejor porvenir, como ese sentimiento que está en el fondo de nuestras almas y que nos anuncia la inmortalidad”.

La segunda parte del artículo de que hablamos tiene por objeto vindicar a Lope de Vega de varias acusaciones que se le han hecho. A los que dicen que nuestro célebre autor dramático no había estudiado filosofía contesta el señor Martínez de la Rosa recordando que Lope, como todos los poetas de España del siglo XVI, era muy instruido, conocía todo lo que se conocía en su tiempo: poseía las lenguas sabias, había estudiado las bellas letras, la historia, la teología, la jurisprudencia, había viajado por Italia y por otros países de Europa. Lope de Vega, a quien ha llamado Cervantes monstruo de la naturaleza, creó el teatro español dándole un carácter original: hizo cabalmente lo que habían practicado los poetas de Roma cuando quisieron tener un teatro propio. Osaron abandonar las huellas de los griegos, presentando en la escena acontecimientos de su país, con las costumbres nacionales, con la simple toga del pueblo o con la pretexta de los patricios. El mismo Horacio había dado este consejo, y siguiéndolo nuestro poeta abandonó las huellas de los griegos y de los romanos, y no porque dejase de conocerlos, sino porque obraba con arreglo a un plan formado de antemano. En el Arte nuevo de hacer comedias (obra publicada por el mismo Lope con la mira de responder a las críticas severas que se le dirigían) se espresa poco más o menos en estos términos: “Bien sé que Grecia y Roma me llamarán un bárbaro, mas cuando debo escribir una comedia comienzo por encerrar con llave a Plauto y Terencio para que no den grandes gritos. Puesto que se trata de agradar al público, y que es un poco bestia, preciso es hablarle bestialmente”. “No hago yo -dice el señor Martínez de la Rosa-, no hago yo otra cosa que presentar el pensamiento de Lope, despojándolo del encanto de la espresión y del rasgo de la poesía; es como si os presentase un bello cuadro de Murillo sin colorido, sin gracia; nada más que los contornos de una mala litografía”. Lope de Vega, preciso es confesarlo, llevó al esceso su sistema, cometiendo deplorables estravíos, mas estaba impresionado de una idea del todo justa: el fondo de su sistema era verdadero.

Tales son, en resumen, las ideas que emite el señor Martínez al juzgar y defender de inculpaciones inmerecidas al padre de nuestro teatro.

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