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Prensa y canon

"Variedades. Instrucción pública"

Autor del texto editado
"El amante de la juventud estudiosa"
Título de la obra
Diario balear, nº 82, 14/05/1840
Autor de la obra
Guasp y Barbieri, Felipe (dir.)
Edición
1830
Paginación
p. 326-327
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Pedro Ruiz Pérez
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 1 abril 2024

VARIEDADES

Instrucción pública


Cuando leo las gacetas lo primero que hago es reconocer los anuncios de las obras literarias que se publican. ¡Qué inmensidad de folletos! ¡Cuántos discursos sobre todas materias! Es mucho lo que se escribe, y así es preciso bendecir la fecundidad de tantos ingenios. Sudan las prensas que es un prodigio; y, por tanto, observamos que concebir una idea, formar un proyecto y ver la luz pública es todo obra de un momento: todo es casi una misma cosa. Pero crea vmd. que, a pesar de todo esto y de sufrir algunos empujones cuando me detengo a leer los carteles que engrudan las esquinas de las calles, todavía no quedan satisfechos mis deseos hasta que vea la publicación de ciertas obras, cuya falta, demasiado notable y sensible para nuestra juventud, clama por el más oportuno remedio.

Los paternales desvelos de nuestro amado soberano en promover el estudio general de las ciencias y ofrecer a la consideración de los jóvenes aquel siglo de oro de nuestra literatura, cuyo brillo y esplendor se debe a tantos sabios de primer orden, que llenaron de gloria la nación y se atrajeron entonces y se atraen cada día más la veneración de los estranjeros: estos desvelos, digo, son tan patentes y tan claros como la luz meridiana. Sí, nuestra juventud, bien penetrada de tan magnánimas y celosas intenciones, manifiesta su justo y respetuoso reconocimiento con su decidida aplicación a todas las ciencias. Las naturales y las lenguas orientales cuentan ya algunos alumnos en sus cátedras, las que estuvieron hace años sin maestros y sin discípulos y como cerradas a cal y canto. Mas ¡con qué loable consto se dedican tantos jóvenes al estudio de las humanidades, que también sufrieron su entorpecimiento por algún tiempo! Bien conocen que su influencia es absolutamente necesaria para el foro, para el púlpito, para las ciencias todas. Pero los conocimientos indispensables para progresar en estos estudios no se pueden adquirir sin los libros, que son los que inspiran aquellos y los conducen a su total perfección.

Me contraigo ahora a demostrar que faltan los libros necesarios para el estudio de las lenguas orientales en una gran parte, y que las humanidades carecen en el día de los más esenciales para su completa ilustración. Apenas se encuentran los diccionarios correspondientes a las primeras, porque no hay edición de ellos en esta capital. Si se halla alguno por casualidad, se paga a un precio arbitrario y costoso, cuyo valor no pueden sostener muchos padres de familia, que solo cuentan con lo preciso para su subsistencia. Y en cuanto a las humanidades, ¿dónde están esas obras maestras o verdaderos modelos de erudición de nuestros más célebres humanistas? Si no se encuentra una obra moderna como el Teatro de la elocuencia de Capmani, ¿cómo se hallarán aquellas que son de autores más antiguos? Es muy dolorosa semejante falta, la que sin advertirse parece que quiere sepultar en perpetuo olvido la digna memoria de aquellos grandes hombres, que jamás dejará de ser inmortal. O por costosa, o por indiferencia, o por qué sé yo qué, lo cierto es que no vemos la reimpresión de las mencionadas obras, por las que tanto ansían, no solo los jóvenes estudiosos, sino también todas las personas instruidas y de buen gusto.

El joven aplicado que aspira a progresar en las humanidades, como objeto interesante que llama toda mi atención, no ha de ceñirse únicamente a los autores griegos y romanos: debe, asimismo, penetrarle del espíritu de los acreditados escritores de nuestra edad dorada; debe, al fin, consultar estos hombres grandes de su nación, en la que vive y a la que consagra sus tareas literarias. Pero, si faltan sus obras clásicas, si no se encuentran de venta, ¿qué recurso queda al joven aplicado que desea instruirse completamente en su profesión? No tiene otro que el de acudir a las bibliotecas públicas, o mendigar el favor de cualquier particular que conserve algunos ejemplares para su lectura privada. ¿Y en cuantas ocasiones tendrá motivos para no poder asistir a aquellos establecimientos y carecerá a su debido tiempo de unas noticias que, sin este trabajo, pudiera haber adquirido sin salir de su casa, si hubiese tenido proporción de comprar equitativamente los libros necesarios para perfeccionar su instrucción en la profesión que abrazó? ¡Qué fatalidad! Las vicisitudes de los tiempos y la ignorancia fueron causa de esta escasez y de que miles y miles de ejemplares de unas obras tan recomendables se aplicasen al servicio de las droguerías, de las confiterías y lonjas de comercio. Y esto ¿cuándo? Quizá simultáneamente al reimprimirse en reinos estranjeros. ¡Qué terrible contraste! La falta, pues, de estas obras magistrales desalienta mucho a los jóvenes estudiosos, pues, no llenando sus deseos de saber, están espuestos a no continuar un estudio con el que pudieran ser muy útiles a su patria.

Un servicio, el más importante, haría a esta cualquier pudiente o pudientes reunidos (¡ojalá que шi bolsillo pudiera nivelarse por mis deseos, pues en tal caso ninguno me disputaría esta gloria) que se encargasen de la reimpresión de las referidas obras de nuestros célebres autores humanistas. ¡Qué felices resultados no produciría tan sabia como patriótica determinación! La juventud conseguiría el mas dulce aliciente en su aplicación; el estudio de las humanidades recibiría el mayor incremento, y el empresario o empresarios nada perderían en esta especulación tipográfica, por el pronto despacho de los ejemplares, así en la corte como en las capitales de las provincias. En todas partes se buscan y se desea vivamente la reimpresión, y solo falta el generoso esfuerzo de quien la promueva. Cuando yo vea este tan suspirado anuncio sentiré el mayor placer, ya por el bien general como por el particular propio mío, como padre de familia. Diré para conmigo: “Ahora sí que la ilustración llegará a su complemento, porque tendremos perfectos humanistas y otros versados en idiomas; tendremos jóvenes que, fundando aquellas sobre solidos principios, serán unos verdaderos sabios, que formarán hoy o mañana las delicias de su nación”.

Sí este pensamiento, señor editor, mereciere la aprobación de .md., espero se sirva insertarlo en su apreciable periódico; de cualquier modo es más atento y seguro servidor



El amante de la juventud estudiosa

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