“Prosa. El observador nocturno o el Diablo Cojuelo. Compuesto en francés a imitación del que escribió Luis Vélez de Guevara (...)”
- Autor del texto editado
- Olive, Pedro María de]
- Título de la obra
- Minerva o El revisor general, t. V, nº 19, 1807-03-06
- Autor de la obra
- Olive, Pedro María de (dir.)
- Edición
- Madrid:
Imprenta de Vega y Compañía,
1807
- Paginación
- pp. 145-148
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Transcriptor: Elena Cano Turrión
Editor: Pedro Ruiz Pérez
Encoding: Noelia Santiago López
Editor: Pedro Ruiz Pérez
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 1 abril 2024
FICCIONES AGRADABLES
El Observador nocturno o el Diablo Cojuelo. Compuesto en francés a imitación del que escribió Luis Vélez de Guevara, por Mr. le-Sage, traducido al castellano. Dos tomos en octavo. Madrid, por Repullés, frente a la Merced, 1806. Se hallará en la librería de Castillo, frente a San Felipe el Real,
Bien sabido es que la primera idea de esta agradable novela se debe a la España fecunda en agudos y chistosos ingenios, principalmente en sus provincias meridionales.
Luis Vélez de Guevara, uno de los más graciosos andaluces que han honrado la Corte de Madrid, y al que los franceses llaman el Scarron de España, residía en ella en el reinado de Felipe IV, el cual gustaba de la poesía y en especial de la comedia, estimando, por lo tanto, y tratando familiarmente a los ingenios que por este ramo entonces más que nunca sobresalieron entre nosotros. Guevara era uno de ellos, igual a los mejores y aun al mismo Lope, según don Nicolás Antonio, y sin igual en lo urbano, jocundo y gracioso de su trato, pues todo él era un puro chiste y gracejo.
Entre las varias obras que dio a luz pública es tenida por una de las mejores la intitulada El Diablo Cojuelo, novela de la otra vida, en la que se supone un diablo escapado de la redoma de un nigromántico, con la ayuda de un tal Cleofás, al que en agradecimiento le lleva por los aires para que vea basta lo más oculto que a aquellas horas, que eran las de bien entrada la noche, pasaba en la Corte; teniendo con esto el autor motivo y ocasión de formar una muy fina sátira de las costumbres públicas.
Esta obra se imprimió por la primera vez en Madrid el año de 1641, en un tomo en octavo, y fue recibida con el aplauso que era de esperar, y sosteniéndose hasta ahora, según se puede inferir por las muchas ediciones que de ella se han hecho, y aun creo que últimamente se nos anunció otra.
Guevara murió el año de 1646, y treinta y uno después, esto es el de 1677, nació en la Bretaña, provincia también de las más fecundas en ilustres varones de toda Francia, un hombre muy semejante a Guevara en la viveza y gracia de su imaginativa y en su chistosa y amena conversación, por lo que era tan estimado y buscado en todas las tertulias como el autor español; pero, sin duda, era superior a este en cuanto toca al arte, pues que es uno de los más correctos y mejores autores franceses. Llamábase Renato le-Sage, y también se dedicó al teatro y a escribir novelas. Como entonces fuesen más leídos en Francia los autores españoles que lo son en el día, le-Sage se aplicó al estudio de nuestra lengua, de la que sacó grandes tesoros, que supo aprovechar y mejorar mucho. A nosotros tal vez nos debe el Gil Blas, la obra que más le ennoblece, la mejor novela francesa, y la cual los ingleses, tan buenos jueces en esta parte, estiman infinito. También tradujo e imitó del castellano al célebre Guzmán de Alfarache, y a Estebanillo González y Las nuevas aventuras de Don Quijote, que tal vez será el Quijote de Avellanada, y en fin el Diablo Cojuelo, y aun sospecho que el Bachiller de Salamanca. Hablando la Harpe en su Curso de literatura i de estas dos últimas obras dice: "el Bachiller de Salamanca es la más inferior novela de le-Sage; trata solo de un asunto, que es los trabajos que pasa un pobre pedagogo, asunto estéril para obras de imaginativa, que piden más viveza y fecundidad. Más vale El Diablo Cojuelo, aunque no merece el mayor elogio en cuanto a su invención, pues no es necesario mucho arte para suponer que el diablo lleva a uno por encima de los tejados de cada casa, teniendo ocasión con esto de contar un lance que en nada tiene relación con el que le precede, ni con el que se le sigue; y de este modo pudiera uno ir formando mil cuentos, si no se hiciera cargo que en donde hay poca dificultad aún hay menos mérito. Pero el grande número y variedad de sucesos que forja, la ingeniosa y picante crítica que contienen, dieron mucho aplauso a esta novela, que Boileau trató con demasiado rigor”.
En efecto, fue tanta la estimación que de esta obra se hizo y su pronto despacho, que se cuenta que dos caballeros tiraron de las espadas por tener el último ejemplar de la segunda edición.
Siendo tan común el original de Guevara, y dándose ahora traducida la copia de le-Sage, fácilmente podrán comparar los lectores las dos obras y juzgar de su mérito respectivo, pues los franceses sostienen que es muy superior la de le-Sage, en la que dicen que apenas se puede reconocer el original, por las pinturas satíricas y los caracteres nuevos con que se ha enriquecido. Y aun también han podido hacer esta misma comparación los franceses, pues que tienen una traducción bastante exacta del original de Guevara en la miscelánea intitulada Lecturas divertidas. En cuanto a la traducción castellana, diré que me ha parecido regular, mas no la impresión, demasiado cargada de faltas.